Denuncia maltrato en el ISSSTE y postergaciones de una cirugía

Señor director: 

Por medio de Palabra de Lector me dirijo al director general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Florentino Castro, con todo respeto, para expresarle ciertas anomalías que he observado en los servicios médicos de esa institución.

Por principio de cuentas, le hago saber que soy de los que menos ocupan este servicio, y cuando lo he hecho ha sido por emergencia, ya que, por suerte, no soy enfermizo y menos hipocondriaco.

Referiré mi caso: el sábado 30 de diciembre pasado acudí al Hospital Regional 1 de Octubre, que no me corresponde pero es el más cercano a mi domicilio. Fui a raíz de un intenso dolor en la región hepática, del cual más tarde se me informó que mi afección era por cálculos en la vesícula. 

Entiendo que se me hicieron todos los estudios correspondientes, con vías a prepararme para una intervención quirúrgica. Sin embargo, el martes 2 de enero, como el personal médico seguía de fiesta, me dieron de alta, turnándome al Hospital General Tacuba, donde reiniciaron el protocolo con el argumento de que los estudios que llevaba ya no eran válidos. 

También usted ha de saber que, como diabético, no puedo estar sin alimentos por mucho tiempo. Durante esta reclusión en el Hospital 1 de Octubre se me prohibió toda ingesta; también se me negó tomar agua, lo que me causó una descompensación orgánica por casi 20 días.

En el segundo nosocomio me citaron varias veces entre febrero y junio para estos nuevos estudios; se programó mi operación para el 20 de junio, pero ocurre que el día anterior, unas horas antes de mi internamiento, me llamaron por teléfono para informarme que el doctor Silverio de la Peña, encargado del caso clínico, tuvo un percance y mi intervención se programaría para fecha posterior.

Seguí recibiendo fechas de citas y finalmente se me indicó que mi operación sería el 11 de julio, pero dos días antes, después de la cita del día 9, llegando a la casa recibí una llamada de la trabajadora social, quien me expresó que, nuevamente, se posponía mi operación.

Bien comprendo que la demanda del servicio de salud es muy alta y que a veces no se alcanza a cubrir por falta de recursos o por el deterioro de los equipos, la carencia de los medicamentos del cuadro básico o la fatiga del personal. 

Sin embargo, lo que no puedo aceptar son la indiferencia y los malos tratos, pues a cualquier protesta mínima siempre hay una respuesta agresiva, pese al “código de ética” que nos repiten hasta la saciedad mientras esperamos turno en las clínicas. (Carta resumida.)

Atentamente:

Cruz Mejía Arámbulo