Sobre el cadáver del Panal podría erigirse un nuevo partido

Luis Castro Obregón, dirigente del Partido Nueva Alianza, se rehúsa a hablar de Elba Esther Gordillo, quien mediante sus familiares apoyó a Andrés Manuel López Obrador en la reciente elección. En cambio, afirma que la derrota de ese partido no se debió a la falta de apoyo de los maestros, sino a errores estratégicos de la coalición que postuló para presidente a José Antonio Meade. De todas formas, confía en que su organización conservó la fuerza suficiente para reconstituirse o dar paso a otro partido, también con bases magisteriales. 

Fundado en 2005 por Elba Esther Gordillo con una base de más de 1 millón 400 mil integrantes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el Partido Nueva Alianza (Panal) está en proceso de desaparición justo cuando la maestra recobra su libertad tras cinco años de cárcel.

Expulsada del partido junto con su familia desde 2013, cuando su hija Mónica Arriola renunció a dirigirlo, Gordillo también fue desconocida como dirigente del SNTE después de su detención por los cargos de delincuencia organizada y lavado de dinero por mil 978 millones de pesos.

A pesar de que estuvo recluida y pasó los últimos meses en prisión domiciliaria, Gordillo movió sus influencias a través de su familia para apoyar la campaña de Andrés Manuel López Obrador y fue absuelta y liberada el día que éste recibió la constancia de mayoría, con lo que se formalizó su carácter de presidente electo.

Luis Castro Obregón, actual presidente del Panal, guarda silencio y se pone nervioso cuando el reportero pregunta sobre el peso de Gordillo en el proceso electoral en el cual fue derrotada la coalición del PRI, PVEM y Panal, y en el cual este último no alcanzó el 3% mínimo de votos para mantener su registro: “Lo digo de manera expresa: no voy a opinar hasta que no termine el proceso de revisión; por lo pronto no voy a emitir ninguna opinión”.

–Tengo la impresión que tiene miedo. 

Como Castro mira fijamente, mantiene el silencio y se ríe nerviosamente, se le insiste:

–Usted trabajó con ella y la conoce bien.

–La decisión de comunicar más importante para nosotros en este momento es clarificar que estamos luchando por el acceso a la justicia. Ahorita no está en la agenda abordar otros temas. Si nos dedicamos a hablar de los otros temas que están en la agenda pública vamos a desviar nuestra atención de lo que para nosotros es vital y por eso estamos trabajando para que el tribunal nos escuche. 

De pronto arenga en solitario: “¡Alianza vive y la lucha sigue!”, y aduce que ya vendrá el tiempo adecuado para emitir su opinión de otros temas. 

“Una cosa es la cuestión emocional –explica– y otra la racional. Ahorita nos importa el balance de la situación electoral, trabajar ante el tribunal y prepararnos para la fase siguiente. Después hablaremos de estos temas y de éste, que tiene particular interés. Sólo es una decisión racional, hay que esperar tantito.”

Se le vuelve a plantear que Gordillo, su nieto René Fujiwara, su yerno Fernando González y el exlíder del SNTE Rafael Ochoa apoyaron la campaña presidencial de López Obrador a través de las Redes Progresistas en todo el país y que pudieron haber mermado el apoyo magisterial al Panal, y por consiguiente a su candidato José Antonio Meade.

Contesta: “Tenemos estimado que el voto del magisterio por Nueva Alianza fue de 918 mil 376. Tuvimos 239 candidatos maestros y estimamos que 473 mil votos fueron ciudadanos. Desde nuestro punto de vista, no influyó, lo otro que señalas fue periodístico, fue mediático. Si se ve con números reales, nunca se salieron los maestros de Nueva Alianza y los que se fueron no eran de nuestras filas”. 

Muestra fotos de mujeres de babero y ropa ajada, de gente que organizó protestas en contra del partido, y señala que les pagaron para realizar esos mítines: “Fue una estrategia eficaz con una buena cobertura de medios”.

–¿Pero no les afectó en nada porque la base de Nueva Alianza es el magisterio?

–No, ahí están los números. Lo que tuvimos enfrente fue la exigencia ciudadana de cambio, el castigo social a los privilegios. 

–Pero a Nueva Alianza lo identifican con Elba Esther Gordillo.

–Es una pregunta que… no voy a hablar.

–Pero es un tema inevitable.

–De eso no voy a hablar.

–Usted dijo que después de la elección iba a hablar del tema.

–Todavía no lo haremos. En marzo dijimos que cuando concluyera el proceso judicial, pero todavía no termina y estoy muy ocupado en él. Cuando acabe emitiremos una opinión.

 –Aunque no se quiera, hay una identificación de Elba Esther Gordillo y Nueva Alianza. Ella lo fundó y fue líder del SNTE. Y se decía que parte del voto de castigo fue por los privilegios, como los tiene la maestra; no sé qué tanto les afectó a ustedes.

–Lo que te puedo decir es que en el balance, reconociendo que nos estamos jugando el registro en los tribunales, disminuimos nuestra votación con una enorme diferencia respecto de las otras fuerzas políticas. Pero los maestros votaron por los candidatos maestros.

–¿Seguirán siendo los maestros la base del partido?

–Sin lugar a dudas la alianza estratégica con el magisterio, la participación voluntaria e individual de las maestras y maestros ha sido fundamental para Nueva Alianza, pero siempre he sostenido que miente quien diga que puede manipular el voto de los maestros. 

Castro sostiene que la dirigencia del Panal nunca ha pretendido manipular ninguna votación, sino representar mejor los intereses de los profesores y defender la agenda de la reforma educativa.

–Pero la nueva administración va a impactar en el magisterio y, si la base de Nueva Alianza son los maestros, ¿qué va a pasar con el partido?

–Nueva Alianza tiene el interés y está en nuestra agenda la defensa de la educación pública, laica y de calidad, con inclusión. Creemos que es vigente esta agenda.

¿Un nuevo partido?

Mientras apoya sus palabras con diagramas y números en hojas de papel, Castro Obregón admite que la coalición Todos por México cayó en errores de estrategia y que se desdibujó el perfil ciudadano y de funcionario preparado de José Antonio Meade.

Deja para después el análisis crítico del trabajo del equipo de campaña encabezado por Aurelio Nuño, pero advierte que el PVEM aflojó mucho en toda la elección y se dedicó a la guerra sucia junto con el PRI, no a destacar las propuestas de cambio.

–¿No fue un error hacer esta coalición con el PRI, el partido con más negativos por la imagen de corrupción y el mal gobierno de Peña Nieto?

–Con la información que teníamos fue que tomamos la decisión. Nos planteamos si era mejor ir con un candidato propio porque teníamos aspirantes, pero vimos que había hasta cuatro candidatos independientes con quienes íbamos a competir por un 5% de la votación y no con los candidatos de las otras coaliciones. 

“Además, de acuerdo a la información disponible en el momento, había ya dos coaliciones bien definidas y si íbamos solos no únicamente íbamos a competir por un espacio electoral disputado y sin perspectiva de triunfo. Entonces, si cometimos un error no fue en las decisiones fundamentales, sino en el transcurso de la campaña. Pero no fue un error estratégico.”

Castro afirma, en cambio, que el voto de castigo ya se venía perfilando desde la elección de 2015, cuando el PRI, PAN y PRD bajaron al 60% de la votación y el 40% restante se los llevaron los partidos pequeños, pero sobre todo Morena.

No obstante, reconoce que en la reciente elección la ciudadanía castigó al sistema de partidos, por lo que PRI, PAN y PRD perdieron 6.9 millones de votos, por 600 mil del Panal: “Tampoco estuvimos al margen de la crítica de la sociedad, pero por cada 100 votos que perdieron los partidos grandes, nosotros sólo perdimos ocho. Nueva Alianza tuvo 1 millón 300 mil sufragios; la votación más baja había sido de 1 millón 400 mil y la más alta de 1 millón 900 mil”. 

Basado en esos datos, considera que el Panal puede aprovechar los 501 triunfos que obtuvo en presidencias municipales, de regidores, síndicos y juntas municipales, además de dos diputaciones federales (en Yucatán y Coahuila), así como dos senadurías con sus suplencias.

Subraya que consiguieron más de 3% de la votación en 20 estados, lo cual les da la esperanza de mantener el registro a pesar de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha rechazado todas sus impugnaciones alegando “determinancia”: que si la impugnación no altera los resultados del primero y segundo lugar, no se toma en cuenta.

“Lo que nosotros pedimos es que la determinancia debe ser por abajo también, esto es, que se tome en cuenta que el voto no es sólo para ocupar un puesto, sino para participar en otras elecciones, tener espacios en radio y televisión y tener prerrogativas. Eso es lo que alegamos, que el tribunal nos está cancelando esto. Entendemos que las salas regionales no tienen capacidad para emitir criterios, pero la Sala Superior sí lo puede hacer y confiamos que podrían revisar nuestras demandas desde esta perspectiva”.

El dirigente del Panal confía en que el TEPJF le dé acceso a sus alegatos, que asegura son causas de anulación, o también que se presente la anulación de algún distrito federal, lo cual llevaría a elecciones extraordinarias. Esta fue la ruta que siguió el Partido del Trabajo en el anterior proceso electoral.

Adelanta que, si logran mantener el registro, lo primero que harán es un reajuste estratégico, un relanzamiento. En caso contrario buscarían el registro con un nuevo partido, basado en el registro local que mantienen en 18 estados donde tienen más de 3% de la votación. 

Si este fuera el escenario, en enero de 2019 podrían solicitar el registro del nuevo partido para que un año después le entreguen el acta y pueda participar en la elección intermedia de 2021.

Comenta que de hecho es más fácil registrar un nuevo partido que realizar una convención nacional estatutaria de Nueva Alianza, ya que esto implica realizar convenciones en cada estado, mientras que lo primero requiere sólo 20 asambleas estatales o 200 distritales, con las cuales ya cuentan.

Sin embargo, no adelanta el posible nombre del nuevo partido porque, insiste, aún está en el proceso de mantener el registro del Panal “y no nos hemos planteado la segunda fase”. Sin embargo, asegura que esa organización mantendrá como base el magisterio porque, argumenta, defiende los derechos de los maestros y el proyecto de educación pública.