Pasar de plataforma personal a partido, el reto de Morena

Yeidckol Polevnsky, dirigente de Morena, lo reconoce: luego de las derrotas de López Obrador en 2006 y 2012, esa organización nació como una estructura para defender el voto y ser plataforma personal del tres veces candidato. Ahora, la cabeza de la coalición que arrasó en las elecciones del 1 de julio tiene la tarea de convertirse en un auténtico partido político que llene las aspiraciones de una izquierda que se sintió defraudada, según análisis de Martí Batres, por el PRD.

El 9 de julio de 2014 el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) irrumpió en el escenario electoral. No había llegado a su cuarto aniversario cuando los comicios del 1 de julio lo convirtieron en una fuerza política sin precedente: ganó 52% de los votos en la elección presidencial, 55 de 128 senadores, 188 de los 500 diputados federales y mayoría en 18 de 26 congresos locales.

“Nuestra tarea es institucionalizar al partido, porque los partidos son como los niños, como una empresa que acaba de empezar o como una organización que inicia, que todavía está en construcción”, resume Yeidckol Polevnsky, secretaria general en funciones de presidente de Morena, en entrevista con Proceso.

Los resultados electorales hicieron a ­Morena un ente complejo: su estructura quedó rebasada por las de otras fuerzas políticas que llegaron a cargos de elección ­popular, carece de homogeneidad ideológica e identitaria y, por si fuera poco, tiene perfiles ciudadanos poco experimentados en el ­quehacer público, admite Polevnsky. 

Luego explica el desarrollo: por las derrotas de López Obrador en 2006 y 2012 sabían que necesitaban una estructura para defender el voto. Afirma que si bien López Obrador concibió la fundación de Morena como partido y no sólo como plataforma personal, la mayoría de sus miembros se dedicaron a construir dicha estructura, única forma de evitar el fraude.

“Ser un movimiento nos hacía testimoniales. Podíamos hablar, quejarnos, denunciar, protestar y hasta ser escuchados; pero hacer los cambios que queremos no era una realidad y la única forma era convertirnos en partido y gobernar”, expone.

La prioridad partidista, afirma, es la profesionalización de su clase dirigente y de su base, así como dotar de una identidad homogénea al partido. Además debe hacer crecer su militancia, que considera escasa pues en sus datos, los partidos de Juntos Haremos Historia cuando mucho suman 4 millones de militantes, de los cuales alrededor de 3 millones corresponden a Morena.

“Esto quiere decir que nuestra militancia representa menos de 10% de la votación… 90% de la votación no es militante. Así que tenemos la gran experiencia de ganar la elección con un porcentaje alto y muy poca militancia, lo que nos lleva a estar claros en que hubo una enorme simpatía pero que ésta no es corporativa y depende de nuestros resultados.”

Comparación con el PRI

La palabra se repite: institucionalizar mediante capacitación y formación de dirigentes; institucionalizar la visión ideológica; institucionalizar principios y códigos éticos, una doctrina que implique rendición de cuentas…

–Institucionalizar, institucionalidad, son vocablos que se asocian al PRI y su jerga, un partido con el que, por cierto, sus críticos los comparan –se le comenta.

–Creo que nuestros críticos van a decir eso y más. Los oigo, los leo. Pero cuando hablamos de institucionalizar estamos hablando de la aplicación concreta de la palabra. Se trata de tener una columna vertebral que haga homogéneos nuestros actos.

–¿No la tienen en este momento?

–Todavía no. Porque tenemos Morenas muy fuertes, como en la Ciudad de México, y otras muy incipientes. Nos dimos a la tarea de ir a una elección y a otra elección, y necesitábamos estructura y no pudimos desarrollarla.

Obligada, la vieja disyuntiva que enfrentaron el PRI y el PAN cuando llevaron al poder a un presidente, se le plantea hoy: ¿mantener una sana distancia o una sana cercanía?

No duda: apoyarán a López Obrador en todos sus proyectos. Lo admite como su líder pero ataja: no habrá una relación corrupta entre partido y gobierno, porque entre los planteamientos centrales del propio López Obrador está el de erradicar el fraude electoral.

“Vamos a tener una buena relación, lo vamos a respaldar y complementar el trabajo del gobierno federal. Pero tenemos funciones distintas y son claras. Nuestras funciones son electorales y de coordinación de nuestros grupos parlamentarios, en esto último apoyaremos, pero en lo electoral nuestra razón de ser es muy distinta.”

–Solía ocurrir en el PRI y el PAN: el presidente era jefe político del partido, en cuyo gobierno se desviaban recursos, arropaba al partido… –se le comenta.

–Eso no va a suceder. Andrés Manuel no funciona de esa manera.

–¿No aspiran a la hegemonía política?

–No. Creo que Andrés Manuel va a sorprender a propios y extraños por su forma de actuar y de ser.

“Aquí no se trata de decir que ya ganamos, quedarnos con la numeralia y bancadas muy grandes. Se trata de que esas bancadas respalden el cambio. Y ahí puedo decir que el gobierno federal seguirá por una línea, pero los legisladores tienen que trabajar conforme a los lineamientos del partido y hacer vida partidista, en un partido que tiene una función, por principio, diferente a la del gobierno. Eso es lo que venimos diciendo, pero a veces no se entiende o se toma a la ligera: no se trata de cambiar un presidente, sino de construir un país diferente”, añade.

Insiste en afirmar que la agenda de cambios debe ser inmediata y, por ejemplo, en esta ocasión en que tienen mayoría y, por lo tanto, más recursos que ninguna otra fuerza política, proponen que el presupuesto de los partidos se reduzca a la mitad.

También acepta que por su origen –“un movimiento que no pretendía ser partido” pero que debió convertirse en partido y ahora es “un movimiento partido”–, Morena es multisectorial, adoptó personas de otros partidos, y sin embargo, defiende con insistencia, que lleva por eje cohesionador un principio: la honestidad.

Ejemplifica con el caso de la senadora electa Alejandra Gastélum León, de Baja California, que al celebrar el triunfo y en estado de ebriedad tuvo una conducta inapropiada, por lo que se le abrió un proceso de expulsión, pues “es preferible perder un senador o un diputado, que los principios del movimiento. Esos ejemplos muestran que nosotros, desde el partido, no el gobierno que todavía no inicia, estamos haciendo lo que nos corresponde para un nuevo país”.

Identidad de izquierda

En su segunda postulación presidencial Andrés Manuel López Obrador fue derrotado. 

Los señalamientos de fraude electoral y las protestas callejeras se habían iniciado el 10 de septiembre, cinco días después de que Enrique Peña Nieto recibiera la constancia de mayoría y la calidad de presidente electo, cuando López Obrador llegó al Zócalo de la Ciudad de México.

La estampa era una calca de 2006 y muchos de sus simpatizantes esperaban un llamado a la resistencia civil, como en aquella ocasión. Sin embargo López Obrador anunció ahí su salida del PRD, y aunque dijo que se retiraba sin ruptura y pensando en que fortalecería al “movimiento progresista”, reflexionaría sobre la posibilidad de convertir a Morena en partido político.

Creado como extensión de la plataforma de apoyo para López Obrador, formada después de 2006 con modestos comités de voluntarios, aquel 2012 planteaba ya la creación de un nuevo partido, dejando atrás los escarceos que para entonces la dirigencia del PRD –encabezada por “Los Chuchos”– sostenía con el equipo peñanietista en la planificación secreta de lo que sería el Pacto por México.

–¿Cómo concebían a Morena como partido? –se le pregunta a Martí Batres, primer dirigente nacional de ese partido y actual líder del mismo en la Ciudad de México.

–Ante el desvanecimiento de la capacidad transformadora y de lucha del PRD, la preparación del Pacto por México obligaba al surgimiento de otra fuerza política, una izquierda opositora ante un programa de reformas muy agresivo, de corte neoliberal. Eso fue lo que vi.

Político de larga trayectoria en los partidos definidos como de izquierda, Batres recuerda que en el origen de la formación se discutía desde los congresos distritales un equilibrio entre la eficacia política y la democracia interna.

A él le tocó coordinar la organización de la estructura en municipios y estados y lograr el registro de Morena. Lejos de aquello, para su participación en el actual proceso electoral Morena importó del PRI, del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano a la mitad de sus candidatos al Senado, la tercera parte de los que buscaron una diputación federal y a tres aspirantes a gobernador.

–¿Eso no implica romper su identidad?

–Depende de lo que hagamos. La ­llegada de referentes y liderazgos amplió la fuerza con la que nos presentamos en la elección. Teníamos que hacer alianzas para poder ganar.

“Una parte de las alianza las hicimos formalmente con el PT y el PES, a nivel de partidos. Y las demás fueron alianzas con personalidades, organismos de la sociedad, que se proyectaron más en el terreno simbólico. Eso nos permitió atraer el voto de panistas, priistas, perredistas o de otros sectores de la sociedad que configuraron el conjunto necesario para ganar.

“Ahora bien. El reto de Morena es mantener un abanico de alianzas sin perder su identidad.”

–¿Qué debemos entender por identidad?

–Sus señales ideológicas, el anclaje social, su acento programático, la perspectiva de largo plazo. Es decir, nuestros puntos de vista no los comparten todos, pero desde mi punto de vista es muy importante que Morena no pierda la identidad de una izquierda democrática, patriótica y social.

Batres no ve en lo personal que haya problemas para el partido con la llegada de personalidades que atraían sectores que no estuvieron con López Obrador en 2006 ni 2012, que facilitó crecer en el norte, las clases medias y los empresarios, dice, pues está convencido de que las alianzas sí reportaron votos a la elección presidencial.

–¿Será Morena un partido que se pueda mantener o se agota tras el fenómeno López Obrador?

–La transformación del país va a tener un punto de inflexión, un punto climático muy fuerte en estos seis años. Pero debemos aspirar a que continúe la transformación de México. Hay periodos históricos, pero las transformaciones siguen de manera permanente.

“Desde mi punto de vista debes mantener a Morena como una fuerza que jale al país en las mejores causas: igualdad, libertades, soberanía… esto va a tener una gran profundidad en estos años y después hay que cuidar las transformaciones.”

–¿Sana distancia o sana cercanía?

–Hay que estar claros de la posición que vamos a tener. No es lo mismo ser oposición que ser gobierno. Ahora, las responsabilidades que vamos a tener en el Estado no sólo son de gobierno, sino también legislativas. Vamos a luchar por el mismo proyecto, pero cada quien con las funciones que les tocan dentro de la división de poderes. 

“Morena será un partido en el gobierno pero no del gobierno. Naturalmente no vamos a ser oposición. Nuestro principal dirigente, ahora como jefe de Estado, no puede reducirse a ser portavoz de Morena.”

Batres admite que siempre existe el riesgo de perder el rumbo. La pregunta es sobre la tentación de convertirse en un régimen hegemónico y en su respuesta habla del reto que está en que la lucha por las libertades, la democracia y las condiciones de bienestar social tienen que mantenerse, y para eso deben saber cuáles son las experiencias en otras partes.

“No podemos sectarizarnos pero tampoco disolvernos en la indefinición. El partido necesita cuidar sus cuadros, que sean gente de principio, formada política e ideológicamente, honesta y probada en la lucha política, porque si no, va a perder su naturaleza.”