Favola in Musica

Favolare: Fabular, diríamos ahora, contar una fábula, una historia, un cuento, el darle vuelo a mitos y leyendas o, de plano, inventar toda una fantasía poblada de seres y hechos puramente imaginarios y trasmitirla a través de la narración oral. Si la narración va acompañada de música, mucho mejor.

Pero no de cualquier música, sino de una especialmente para tal efecto y que, sin ningún demérito para esas expresiones, nada tiene que ver con el rap, rock o cosa por el estilo. Vaya, en el imaginario colectivo ni siquiera se asocia a las producciones sinfónicas o cualquier otro gran formato, sino que la ligamos siempre a la música íntima, a la que nos ofrece un pequeño conjunto.

Cuando imaginamos un escenario donde se dará la acción de favolare, de inmediato nos retrotraemos unos cuantos siglos y nos situamos ante el pequeño grupo que, al ritmo de laudes, violas da gamba y otros instrumentos de época habrá de fabularnos, en compañía de la voz humana muchas veces, las historias que quieran comunicarnos.

Este cuadro imaginativo que se convierte en real en la sala de conciertos, nos hace oír lo que, en general y sin que tenga límites precisos, se conoce como “Música Antigua”.

¿Y qué es esto de música antigua? La verdad es que no hay una definición que nos precise. Se entiende, sí, que no es antigua la música del siglo XIX en adelante, pero, en consecuencia, ¿toda la anterior sí es antigua? No, la respuesta es no. Sin embargo, ¿cómo definir cuál sí y cuál no?

En la encrucijada hemos llegado a convenir (que no a concluir) que música antigua es la del Medioevo y del Renacimiento, pero hasta allí llega la concordia porque algunos estudiosos prolongan su definición hasta el barroco, lo que incluiría el siglo XVIII, aunque muchos otros igualmente estudiosos niegan rotundamente esa inclusión. En lo que todos están de acuerdo es en que la música antigua se interpreta con instrumentos antiguos, con réplicas de los mismos y, ya en último caso, cuando se toca con instrumentos modernos tratando de semejar los sonidos que, se supone, producían los instrumentos de la época. Otro acuerdo es que, sin duda, resulta infinitamente más íntima que cualquiera producida hoy.

Un tercer acuerdo podría ser quien le gusta, esta música es verdaderamente hermosa, conducente a la introspección y al recogimiento, no de gratis era promovida por la Iglesia.

Todo lo anterior porque Bellas Artes tiene un programa de Música Antigua no suficientemente publicitado que, gratuitamente o a precios realmente bajos, se presenta semanalmente en recintos como el Museo Nacional de Arte, la Sala Ponce y el Centro Cultural Helénico, en los que actúan los diferentes conjuntos que a la recreación de esta música se dedican y algunos de cuyos programas son verdaderamente interesantes.

Fue así como asistimos al concierto que da título y motivo de esta nota, que interpretara justamente el sexteto Favola in Musica, integrado por el barítono Rami Ramírez (su director), la soprano Aura González, Amadeus Arteaga al violín, Ulises Miramontes en el violonchelo, Alejandro Cardozo en la flauta de pico, y Josefina Hernández al clavecín, quienes abordaron, entre otras piezas provenientes de los archivos de las catedrales de Durango, México, y Guatemala, un repertorio nada común que justificó la asistencia.

Así, más allá de si es anterior al siglo XIV o si llega o no al XVIII, la música antigua es bella y allí hay un programa que permite disfrutarla, por lo cual vale la pena investigar la cartelera.