La doble Casa de las Flores

Comienza como telenovela, y conforme pasan los capítulos se va convirtiendo en comedia para finalmente adquirir el tono de serie. El último de los 13 episodios deja cabos sueltos, lo cual hace suponer que tendremos una segunda temporada. Hay un narrador a la manera de la exitosísima obra para televisión estadunidense Desperate Housewifes (Amas de casa desesperadas). Y se agregan pasajes musicales, canciones en voz de la propia actriz principal.

Verónica Castro, la estrella de tantos melodramas de Televisa, aclamada por sus interpretaciones también en el extranjero, reaparece en el protagónico de la serie La casa de las flores producida bajo el sello de Netflix. Su actuación es correcta y pero no es ella quien destaca, sino Cecilia Suárez en el papel de su hija mayor. Con su forma de hablar, de mirar, de moverse, da vida a un personaje entrañable, eje de la mayoría de los capítulos e hilo conductor de la trama: Paulina de la Mora. La publicidad desplegada en espectaculares, carteles y autobuses toma su imagen.

El argumento conserva mucho del culebrón televisivo: Infidelidades matrimoniales, doble vida del esposo, amantes despechadas, la búsqueda del verdadero padre, las mujeres intrigantes, chismosas, soberbias. Si no fuera porque se tocan temas vedados a la telenovela o porque la habilidad del guionista permite eludir los excesos del esquema melodramático, se habría convertido en otro drama televisivo más de viejo cuño.

La mansión y el cabaret se llaman igual: La casa de las flores. Una está en las Lomas de Chapultepec, es una florería adosada a la residencia.  La otra se encuentra en un barrio indistinguible de la ciudad, zona de “rompe y rasga”. Ambas resultan escenario de la vida de una familia, aunque la dueña de la florería ignore al comienzo la existencia del otro negocio, la amante del señor y su hija pequeña. Una vez develado el secreto, las acciones corren paralelas en ambos espacios.

La homo, bi, inter, transexualidad o LGTB, se ha convertido en el tema de moda, ingrediente principal de programas, telenovelas, series. En La casa de las flores tiene amplio espacio. Uno de los hijos es bisexual, su pareja es gay, el exmarido de otra de las hijas es transexual. En el cabaret veremos travestidos, imitadores de artistas de la farándula. Los nombres de varios famosos de ese ambiente salen a relucir. Abordan la doble moral, la homofobia, el racismo, diferencias de clase social, la hipocresía. Cada personaje encarna alguno de estos vicios o todos juntos.

Para que un actor se pueda reconvertir de intérprete de telenovela a intérprete de serie, es necesario que abandone los tics adquiridos en imagen y parlamento, que se muestre más suelto, con menos ataduras. La producción debe ayudarle a dejar atrás maquillaje, peinados y vestimenta televisivos para adquirir un look distinto. Ello se logra con mucha dificultad porque los años de actuación en dicho medio dejan una huella casi imborrable, también una imagen perene en la mente de los receptores.  Verónica Castro deberá hacer mayor esfuerzo para saltar ese obstáculo, presente todavía en La casa de las flores.