El INAH se pregunta: “¿Qué merece este país?”

Lo que importa, al interior del INAH, no es el relevo, sino la oportunidad de una definición que ofrece el cambio de gobierno, dado el desgarramiento en el que se encuentra el país, dicen algunos de sus investigadores, quienes en reunión con su director, el antropólogo Diego Prieto, y Proceso van más allá de los conflictos al interior de una institución fundamental “para la Patria”. La identidad debe estar en el centro, y no es posible seguir viendo al patrimonio cultural divorciado de la gente. 

 

Fustigado por diversos problemas que pasan por lo laboral, presupuestal, administrativo y conflictos internos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se halla ante una oportunidad única: Redefinirse.

Y así, fortalecerse para reorientar su función de servicio público en la defensa de las comunidades y su patrimonio biocultural, frente a los megaproyectos frente a la llegada del próximo gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Son algunas de las ideas expresadas por los investigadores Carlos San Juan Victoria, Paul Hersch Martínez, Pedro Quintino Méndez y Rosa María Garza Marcué, durante un encuentro con Proceso, convocado por el propio Hersch y el director del INAH, Diego Prieto, en las oficinas de Córdoba 45, en la colonia Roma.

En él coincidieron en la necesidad de defender y robustecer a la institución, que en febrero próximo cumplirá 80 años de vida.

Con más de 80 colegas, los académicos suscribieron el pasado 20 de agosto un documento dirigido a Prieto en el cual –tras señalar que nunca son consultados para el diseño de las políticas culturales de la nación y del propio INAH– demandan, entre otros puntos:

Democratización del instituto mediante la creación de un cuerpo colegiado para optimizar su desempeño.

Garantizar un presupuesto para la suficiencia de la planta de investigadores y la apertura de nuevas plazas.

Corrección radical del burocratismo y la inoperancia administrativa.

Detener la destrucción del patrimonio por intereses mercantiles.

Y el cese a los funcionarios que han instrumentado la política neoliberal y lucrativa del patrimonio arqueológico e histórico, violentando la legislación vigente.

La reunión con este semanario se dio luego de la publicación, el pasado 28 de agosto en proceso.com, de la columna Patrimonio/Más que piedras, titulada “Tormentas en el INAH” (https://www.proceso.com.mx/548762/tormentas-en-el-inah), donde se difunde información sobre los millonarios gastos por arrendamiento de equipo, vehículos e inmuebles del instituto. Fue proporcionada días antes en una conferencia de prensa en el Museo Nacional de Antropología por representantes del Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia, encabezado por el arqueólogo Joel Santos; éste a su vez asistió también al encuentro con este semanario junto con Efraín Flores, secretario de Organización.

Los presentes en el encuentro con Proceso se deslindaron de la información entregada en un CD a la prensa, porque “no es la voz de todos los investigadores” ni fue consensuada en asamblea general. Más aún, autoridades y representantes sindicales dijeron desconocer quién la elaboró y por qué está en el disco. Desconocen su origen.

Así, al desestimar los documentos por ser “opúsculos anónimos”, Prieto admitió que el INAH hace gastos millonarios por arrendamientos, pero distan de ser los montos señalados ahí, e incluso –destacó– ha habido ahorros en ese rubro en 2018.

Acompañado por Luis Téllez, coordinador de Recursos Materiales y Servicios, quien dio algunas cifras (ofrecieron enviar en un documento los datos completos, pero llegó poco después del cierre de esta edición), Prieto añadió que él, como director general, no determina los contratos de arrendamiento, que son multianuales, y cuando llegó al cargo ya estaban y concluyen en diciembre próximo. En tanto, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no permite adquisiciones. Expresó:

“El INAH está a revisión, por supuesto, nadie está pensando que se debe quedar como está, pero me parece que hay una dosis de mala leche y más cuando al final terminan diciendo ‘los responsables de esto’ y ponen toda la lista de funcionarios… ¡por favor!”

Reconoció que puede haber corrupción en funcionarios, trabajadores o académicos, pero sólo “marginal”, y la institución se ha sobrepuesto a ello. Mencionó cuando en 2016 ésta pasó por varios problemas y al interior le preguntaban si seguirían existiendo o serían absorbidos por la Dirección General de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Cultura (en una versión del proyecto de reglamento de ésta, se atribuían a esa dependencia funciones del INAH, que no se incluyeron en el documento final).

Superado ese momento, lo siguiente es reflexionar sobre el cambio inminente “sin desatender la crítica, el diálogo plural, el análisis cuidadoso, por supuesto el diagnóstico de los problemas, tendremos que hacernos cargo de la defensa de una institución tan importante para la Patria”, enfatizó.

Se reconoció –como un problema urgente de resolver– la situación de los trabajadores contratados por el llamado capítulo 3000. Y se informó que tanto autoridades como sindicato están buscando la manera de obtener servicio médico por parte del ISSSTE.

No nos dejamos 

Investigador de la Dirección de Estudios Históricos, San Juan Victoria recordó también el 2016 como el de mayor amenaza para la institución, pues como a Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, trataron de quebrarlo. Y se habló de privatización de espacios:

“Pero somos el tipo de institución y de trabajadores que no nos dejamos. Y tanto el saber especializado del INAH, con sus consejos y coordinaciones, sumados a su organización sindical, fueron fundamentales para sostenernos. Pero también Proceso, eso sí quisiera hacérselos muy explícito: Sin prensa como Proceso, nos cargan desde hace un buen rato.”

En su opinión, el problema no está al interior del instituto, afirmarlo sería una “mirada gremial”; el problema “es el país”. Explicó:

“El problema del INAH es el desgarramiento cultural terrible, la desigualdad, la migración y lo biocultural que está en quiebra. Es muy serio porque no podemos, ni como investigadores ni como miembros de un sindicato, ni como funcionarios, estar pensando sólo en términos de los conflictos internos. ¡Claro, son fundamentales y les estamos entrando y vamos a tratar de resolverlos!, pero el problema, que es del país, es cómo el patrimonio cultural se moviliza en función de la mayoría de la población y esto de veras que son dificultades fuertes.”

Convino con que el gobierno próximo tendrá que hacer cambios y la institución también debe transformarse: Tiene frente a sí los megaproyectos y debe ser fuerte para frenar las rupturas que provocan en espacios, culturas y arraigos. Invita a este semanario a converger con ellos para impulsar una mirada a las grandes necesidades del país. Ya los migrantes mexicanos en Estados Unidos, cita de ejemplo, están mostrando que, sin INAH, sin la Secretaría de Educación Pública y sin el Estado, “le están partiendo el queso a los gringos, allá son una cultura con sus propios recursos, fundamentales. 

“En ese sentido, para nosotros es una extraordinaria y maravillosa oportunidad para reorientarnos en términos de servicio público, y responder a esos criterios en nuestras diversas y múltiples disciplinas, instancias, sindicatos, colegios, etcétera, preocupados por un país desgarrado.”

Defensa de la identidad

Doctor en Ciencias Sociales y Salud por la Universidad de Barcelona, Paul Hersch quiso dejar en claro que el relevo en la dirección general del instituto no es lo esencial en este momento. Pensarlo así es “una mentalidad de feligreses”, es como esperar “cambios mágicos”. La reflexión debe hacerse en términos del presente y futuro del instituto, de esa definición dependerá el quién y otras medidas. Se trata de “pensar qué instituto merece este país y a partir de ahí establecer una agenda”. 

En ésta deberán incluirse temas como el de los contratados por el capítulo 3000, que viene desde hace más de cinco años y refleja la insuficiencia de plazas de investigación, la dignificación del trabajo docente, la formación de cuadros, que cuando egresan no tienen espacios para desempeñarse.

En el campo propio de la cultura, la historia, el patrimonio biocultural, hay que considerar los retos derivados del crecimiento demográfico, la evolución tecnológica y la urbanización, pues implican riesgos para ese patrimonio, a lo cual se suma el hecho de que la planta de investigadores resulta ya insuficiente para atender esos rubros sustantivos.

En ese marco debe redefinirse la responsabilidad del INAH, pues no puede pensarse que una institución del Estado va a proteger, investigar y conservar ese patrimonio sin involucrar a la población. El punto es que falta una visión integral, por lo general se separa al patrimonio cultural de las condiciones de vida de la población, que mayoritariamente son precarias.

Ponderó la relevancia del INAH en términos de reforzar la identidad, “tema fundamental en momentos de globalización complejísimos, porque son referentes que no pueden perderse, sobre todo ante las políticas públicas de los últimos años” que han barrido con esos referentes. Por ello hay que defenderlos y asegurar su futuro como un medio para mejorar las condiciones del país en general:

“Ése es el punto que nos preocupa, no si sacamos a Juanito para poner a Pedrito, hay que pasar a otro nivel, levantar las miras… Y es un reflejo de una necesidad nacional en este momento. Esperar que una figura va a resolver la situación, es de una ingenuidad devastadora.”

Experiencia en la lucha

A decir de Pedro Quintino Méndez, profesor investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la coyuntura por el cambio de gobierno abre una oportunidad para que el INAH colabore con su experiencia, por ejemplo en temas laborales: Sus trabajadores han vivido luchas con las cuales lograron condiciones de trabajo que no tienen otros sectores, y vienen de elaborar su reglamento interno, que permitirá su fortalecimiento para marcar el rumbo en el ámbito del patrimonio cultural, no sólo monumental. 

Al respecto, se puede retomar la experiencia de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en la cual se han construido modelos para que los estudiantes de antropología, historia y arqueología se incorporen al trabajo de campo desde el quinto semestre. Con base en ello, podrán contribuir en tres grandes necesidades del país:

La pacificación.

La migración, no entendida como quienes ya están en Estados Unidos, sino las dificultades que enfrentan los centroamericanos desde Tapachula hasta que llegan a la frontera norte.

Y, finalmente, el trabajo con las comunidades.

Las tareas más visibles del instituto, subrayó, son las del patrimonio 

arqueológico, los museos y las zonas, pero la relación con la población es fundamental.

Y conminó a superar la idea de que el instituto está viviendo “una tremenda crisis en la investigación, por la burocratización y el mal uso del dinero; por lo menos no es el sentir de muchos investigadores, al contrario, pienso que las relaciones tensas que tenemos con las autoridades (por la autorización del presupuesto para proyectos), permite resolver los problemas”.

Esperanza subversiva

Con más de 45 años de trabajo en el instituto, la antropóloga social Rosa María Garza Marcué, quien como Quintino ha formado parte del comité sindical, expresó su preocupación porque desde la desaparición del Instituto Nacional Indigenista (INI), que se transformó en Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), la antropología social ha enfrentado momentos difíciles:

“El INI y después la CDI tenían un departamento de peritajes, ese cúmulo de trabajo nos está llegando a nosotros en un momento terrible de despojo de territorios y del patrimonio biocultural, un despojo epistémico que tiene que ver con los saberes tradicionales, los textiles, la artesanía, la herbolaria, que son fundamentales, son parte de la identidad, y somos una institución que cuida la identidad, la investigamos, la difundimos, es una parte fundamental de nuestro trabajo. Propusimos a Diego Prieto reforzar esa área de peritajes y defensa de los territorios.”

Anunció que el 18 de septiembre organizarán un encuentro en el Museo Nacional de las Culturas con académicos de la Universidad de Chapingo. Y a finales de mes el taller La defensa de los territorios y del patrimonio biocultural: Desafíos a la antropología:

“Porque consideramos que nuestro papel como antropólogos debe responder a las comunidades, acompañarlas en esta defensa que tiene que ver con hidroeléctricas, presas, el propio aeropuerto de la Ciudad de México: Todo mundo habla de las afectaciones, que si se va a hundir… pero se les olvidan los pueblos.”

Tras señalar que no se caracterizan por el “apoyo incondicional a las autoridades”, indicó que son académicos de izquierda que buscan resolver los conflictos por la vía de la negociación, y por eso entregaron a Prieto un documento con varios puntos. Y recordó que, así como en el INAH ha tenido directores tan “horribles” como Alfonso de Maria y Campos, “que casi nos destruye”, ha tenido algunos “esplendidos” y “muy sensibles” como Guillermo Bonfil Batalla y Gastón García Cantú.

En estos momentos hay una insurgencia, se ve en la “romería” que se reúne en la casa de López Obrador, y hay una razón de ser:

“Hay una esperanza muy grande, y todas las insurgencias son subversivas, hay que presionar, nada va a llegar gratis, aquí lo vemos en la institución.”

Décadas de incertidumbre

Efraín Flores tomó la palabra para reiterar, como se dijo en la rueda de prensa en el Museo Nacional de Antropología, que muchos de los trabajadores contratados por el capítulo 3000 hacen trabajo de investigación “muy importante, están a cargo de proyectos, siempre con el aval de un investigador de base, porque así lo determina la reglamentación”. 

Su situación laboral es un problema que lleva décadas, y así se lo expresaron a Prieto en una reciente reunión, pues coincidentemente es en su gestión cuando se da esta figura, a la vez “desconocida y escandalosa”, y se determina cuál es el compromiso que se tiene con las personas que están bajo este régimen. Dijo que no es una situación privativa del INAH, sino de varias instituciones del gobierno federal, pero debe haber una solución sobre todo para quienes están iniciando una vida profesional y no ven ningún futuro.

Joel Santos recordó a su vez que la rueda de prensa en el MNA fue resultado de una reunión del Comité Central, que desde hace tiempo ha reclamado la no mercantilización de los monumentos históricos y arqueológicos, resultado de una política neoliberal. Reiteró además que no suscriben el documento presentado ahí sobre el tema del arrendamiento, y menos aún avalan una denuncia sobre la institución, pues tienen la convicción, más bien, de que deben participar de manera conjunta en un proyecto institucional.