José Esteban Martínez: Libro-testimonio de su retrospectiva

Más de 60 cuadros realizados en su mayoría entre los setenta y noventa por José Esteban Martínez, nacido en Cuernavaca, Morelos, pero arraigado en Zacatecas, y que por vez primera ocuparon una exposición temporal en el Museo Rafael Coronel de la capital de ese estado, tendrán un registro gráfico en el libro de arte Me muero de ganas de vivir. Es también un catálogo total de la muestra, con textos de especialistas y reflexiones del pintor, próximamente al alcance en las librerías Educal del país.

Dice en tono pícaro el artista José Esteban Martínez sobre el paro cardiaco sufrido hace un año y que lo llevó a reflexionar sobre su trabajo:

“No me quisieron ni arriba ni abajo”.

Y entonces entendió, “en serio”, que cada día de vida era “como el último”.

De ahí nació la exposición-retrospectiva Me muero de ganas de vivir, cuyo libro-catálogo está por llegar a las librerías Educal del país.

Por primera vez una muestra temporal cubrió la nave central del Museo Rafael Coronel en Zacatecas. Tras dos meses, las más de sesenta obras han sido un recorrido por los vibrantes colores y personajes que hicieron al pintor reencontrarse con una producción que tenía décadas sin ver, pues la realizó entre los años setenta y noventa.

“Fue un verdadero reencuentro ver mi color de hace treinta y cinco  años, mi técnica, mis personajes, mis figuras, me dio un escenario más completo de mi pasado con mi presente, me situó en un momento importante en mi vida, comprendí que no puedo entender el arte sin color, y el hecho de que tenga tanto en mi obra y la dicha de vivir, es una regalo.”

Vía telefónica, José Esteban Martínez, zacatecano de corazón (nacido en Cuernavaca, Morelos, 1951), quien egresó de Ciencias y Artes Visuales de la UNAM, iniciador e ilustrador de la enciclopedia infantil “Colibrí”, y con exposiciones individuales y colectivas en Argentina, Estados Unidos, España, Italia y diversas ciudades de nuestro país, además de exsecretario del Instituto Zacatecano de Cultura, hace referencia al infarto de hace un año que lo tuvo seis minutos fuera de este mundo y del cual regresó para trabajar:

“Tuve una segunda oportunidad y la estoy aprovechando.”

La muestra, ¡Me muero de ganas de vivir!, “difícilmente se podrá volver a reunir”, pues cerca de un 70% pertenece a coleccionistas privados y al desmontarse las obras regresaron a diversos estados del país.

A decir de Miguel Ángel Díaz Castorena, director del Museo Rafael Coronel, la exhibición representó un “gusto excepcional” para el recinto que alberga la colección de máscaras del artista que lleva su nombre:

“El arte popular de la colección Rafael Coronel y el arte popular de Martínez se llevan de maravilla. Esta última dio un respiro inigualable a la nave del exconvento de San Francisco.”

La obra impresa

El testimonio posterior a la muestra es el libro-catálogo Me muero de ganas de vivir, que saldrá en estos días de la imprenta con un tiraje de mil ejemplares.

Editado por el Instituto Zacatecano de Cultura y diseñado por Juan Ricardo Robles de Haro (Zacatecas, 1982), quien a su vez forma parte del equipo de Diseño de este semanario y a quien el artista dedicó el “anti-libro deseado”, el volumen da cuenta de cada uno de los cuadros expuestos, y otros más a manera de adelanto, a través de 250 páginas y nueve textos de escritores, artistas y periodistas recogidos de encuentros, charlas y convivencias a lo largo de la trayectoria de Martínez.

Ellos son:

“Magia pura” de Felipe Garrido, “El incansable” de Marcos Ibarra, “Para un intenso y apasionado artista plástico” de Amalia García Medina, “Los hilos de José Esteban” de Luis Zárate, “Pequeño bosquejo de José Esteban  Martínez” de Rubén Leyva, “Con ganas de vivir” de Nicolás Castañeda Tejeda, “Momentos compartidos” de Adalberto Ríos Szalay, “Sueños de inspiración” de Francisco Esparza y “La muerte, una socia y una musa”, de Columba Vértiz de la Fuente (reportera de este semanario), donde se lee:

“No es una novedad abordar en las artes plásticas a la muerte, pero el aporte de Martínez es que no necesariamente la plantea en directo, la instala como tema, aunque no la ha evadido. Tampoco la proclama como un monstruo o un ser aterrador, más bien la deja que se muestre cuando ella quiere, y como ella quiere. Incluso sólo la ve quien quiera.

“Mucho menos es un tópico religioso del creador, quien no trata de explicar qué es. Para él, no es cuestión de asimilación o un rechazo. La muerte es simplemente su cómplice en el quehacer creativo cotidiano. Ni una ofuscación, mucho menos un miedo del artista…”

El volumen también tiene varios apartados-galería: óleos, dibujos, bosquejos, sketches, apuntes de trabajo y fotografías que se distribuyen “salpicados”, junto a pensamientos del artista, como éste:

“Creo que pocas veces he estado en la tierra. Por lo regular, al igual que mis ideas, siempre andan brincando.”

El libro también ofrece un breve apunte de sus últimos trabajos, que a raíz del año pasado ha virado en la temática de la muerte, pero sin abandonar el color. Confiesa en la entrevista:

“Hay calaveras de formato grande, personajes y una especie de rompecabezas que estoy haciendo. Es casi un homenaje a la muerte como una socia perfecta.

“Yo creo que la vida es tan generosa que nos comparte y nos hace cómplices de los cambios, tenemos un México que nos hace cómplices de una transformación y nos obliga a seguirla. No porque una persona vaya a cambiarlo todo, sino porque cada uno de nosotros tenemos que hacer algo para cambiar a México. Lo importante es vivir, pero vivir produciendo.

“Más allá de los problemas políticos y sociales, México es un país maravilloso que nos permite muchas cosas. Tenemos el privilegio de la libertad y la decisión. Siempre he sido gente de izquierda, siempre he entendido el pensamiento mágico de la izquierda de manera diferente, y eso me obliga a seguir esa línea.

“Ahora mismo estoy concentrado, jugando y trabajando como nunca lo había hecho antes.”