El castillo de Barbazul

Los pasados días 1 y 2 de septiembre se presentó en la sala Miguel Covarrubias de la UNAM esta brillantísima ópera del compositor húngaro Bela Bartok (1881-1945), cuyo título original es A kékszakállú herceg vára (“El castillo del duque Barbazul”).

Compuesta en 1911 pero estrenada en 1918, se está festejando el centenario de la premiére. Obra en un acto, dura aproximadamente setenta minutos, por lo que a veces se presenta junto con otra ópera corta.

El libreto es del amigo de Bartok: Béla Balázs, poeta y cineasta judío-alemán cuyo verdadero nombre era Herbert Bauer.

El cuento original en que se basa la ópera pertenece a la colección Cuentos de mamá la oca del francés Charles Perrault (1628-1703), donde están relatos como “Pulgarcito”, “Barba Azul”, “La Cenicienta”, “La Bella Durmiente”, “Caperucita Roja” y “El gato con botas”, entre otros, y que ha dado lugar a muchas óperas, ballets, obras de teatro y cine. 

Esta maravillosa ópera de Bartok se compuso 13 años antes que Turandot de Puccini, y sin embrago parece que fuera cincuenta años posterior. 

Sólo dos personajes cantan en esta obra: Barbazul (bajo-barítono) y su joven esposa Judith (soprano). Brillantemente interpretados por Enrique Ángeles y Dhyana Arom, respectivamente. Esta obra se la habíamos escuchado el año pasado en la Capilla del Instituto Helénico en versión para piano y percusiones; ahora el banquete musical fue completo, pues disfrutamos la brillante y densa orquestación de Bartok con la Orquesta Juvenil Eduardo Mata, dirigida de maravilla por el joven maestro ruso Vladimir Sagaydo.

Dhyana Arom, de sólo 24 años, se ha convertido por mérito propio en la más importante soprano mexicana de su generación; ha interpretado ocho protagónicos, de los cuales el más destacado es el que nos ocupa hoy, pues lo hace con una verdad escénica absoluta y una solvencia vocal de primer orden. Su dicción en húngaro le valió los elogios del embajador magyar.

“Me interesó mucho esta obra por la música de Bartok a quien conocí por su libro didáctico para piano El Mikrokosmos, y la elegí para titularme en la Facultad de Música de la UNAM,” nos comenta Dhyana Arom.

Afortunadamente en este proyecto lo apoyó Enrique Ángeles, dice:

“No fue nada fácil, primero por la música poco convencional de Bartok, y segundo por el idioma. Quisimos aprenderla en húngaro, la lengua original y no hacer la versión en inglés ni en alemán, que hubiera sido más fácil, y se volvió la obra más importante y demandante hasta el momento en mi repertorio. Haberla hecho ahora con orquesta fue emocionantísimo.” 

A Enrique Ángeles lo hemos visto en varias óperas contemporáneas: Un tranvía llamado deseo de André Previn, El principito, Antonieta y El juego de los insectos de Federico Ibarra. Ahora en la de Bartok, su actuación y canto por todo lo alto, y su personaje queda como anillo al dedo a este barítono en plenitud.

A Vladimir Sagaydo lo conocíamos como violoncelista y pianista, pero no como director orquestal; es la primera vez que lo vemos dirigir ópera y lo hizo excelente, por tratarse de una obra muy difícil, llena de cambios de compás, de modulaciones, con una muy densa y complicada orquestación. Apoyó eficazmente a los cantantes y supo moderar el caudal sonoro de la orquesta.

El vestuario y escenografía de Juliana Vanscoit, de lo más adecuado: moderna, propositiva, pero sin violentar la obra, que tuvo una muy correcta, audaz y sorprendente puesta en escena de Jesús Delgado, coordinados todos por Torre de Viento producciones.