Justificaciones “ex post facto”

Un alud de mensajes televisivos en todos los canales abiertos, públicos y privados, a cargo del presidente Enrique Peña Nieto, tratan de revertir la imagen de un país “en ruinas” presentado por la nueva legislatura. La campaña en cadena nacional va más allá de los spots de todo el sexenio en duración y énfasis. Sus costos deberán añadirse a lo ya gastado (37 mil 733 millones de pesos en publicidad oficial entre 2012 y 2017, como consignó Proceso). Asimismo el efecto bumerang.

Existen ya víctimas de este cometido. Canal 22 despidió al director de programación supuestamente debido a que un continuista no había transmitido en Cadena Nacional el Mensaje del presidente Enrique Peña Nieto el día 27 de agosto por la señal secundaria 22.2. Canal 22, que no ha logrado tener la calidad requerida en la etapa digital y que entre otros problemas pone al aire programas y series sin la sincronía debida entre el movimiento de labios y el sonido. Canal 22 que cumple 25 años con una programación de calidad mediana, sin nuevas propuestas, a la zaga de otras emisoras culturales.

Al sexto informe de gobierno en audiovisual se han unido los comentaristas en radio y televisión. Por ejemplo el programa de Joaquín López Dóriga en Foro TV. Si bien hay invitados de Morena, en la parte inferior de la pantalla no dejan de aparecer los tuits contrarios al partido y al presidente electo, algunos insultantes.

También los impresos se han visto favorecidos económicamente con este despliegue de publicidad política que parece inútil. La anterior a las campañas no bastó para que la gente votara por el PRI. Surge la pregunta: ¿Para qué hoy?

¿O será que quieren dejar las arcas vacías en todos los rubros? ¿O bien afirmar que seguirá la ofensiva desde las pantallas comerciales?

A la campaña se une un sector de articulistas para afirmar que nada es posible: ni parar la construcción del nuevo aeropuerto, ni reactivar el campo y el mercado local, ni recuperar la seguridad, hacer justicia en el caso de los desaparecidos, cancelar la reforma educativa, modificar la política energética, descentralizar la administración pública. Es decir, apoyándose en los datos que ofrece el gobierno saliente, indican que todo está de tal manera amarrado que será imposible hacer cambios en una dirección diferente.

La propaganda, por reiterada que sea, es incapaz de revertir por completo la apreciación de los efectos negativos de una política claramente contraria al bienestar de los grupos mayoritarios. De ahí el voto del 1 de julio. Sin embargo, el gobierno entrante deberá diseñar una política informativa que sea clara para responder a las confusiones que se intenta instalar en la conciencia social. Adelantarse es la mejor manera de responder a las críticas. Pero hacerlo desde una plataforma propia, pues con 30 millones de votos y un congreso de mayoría, acudir a la televisión privada a defenderse parece ridículo, sólo inercia del pasado.