Vigencia del Novo dramaturgo en “A ocho columnas”

Los escándalos de chayotes gubernamentales a la prensa nacional son llevados al Teatro Orientación del INBA, durante la corta temporada de A ocho columnas, por el joven actor y director Fernando Bonilla Álvarez con un elenco de primera. Curioso que se trate de una comedia satírica escrita por el poeta y actor Salvador Novo en 1956, cuya temática resulta de una actualidad sorprendente (si bien Bonilla y la producción de Jerónimo Best y Blanca Loaria respetaron ambientación de la época del Cine de Oro mexicano). Última función, el domingo 23 de septiembre.

Fernando Bonilla Álvarez y un equipo histriónico transportan al público del Teatro Orientación hacia un viaje en la máquina del tiempo, con la reposición de A ocho columnas, comedia satírica que muestra la maraña de complicidad entre políticos y periodistas tal como la captó Salvador Novo durante el México priista de mediados de los cincuenta.

Pese al triunfo de Morena el pasado mes de julio, aquel histórico romance entre los poderosos y la prensa nacional aún es un mal persistente. 

Quizá de ahí el éxito logrado entre las nuevas generaciones por esta adaptación visualmente fiel y cinematográfica de Fer Bonilla Álvarez (Ciudad de México, 1985), producida por el Instituto Nacional de Bellas Artes, Clavo Torcido y Próspero Mx, cuya corta temporada en el Orientación del Centro Cultural del Bosque cierra el 23 de septiembre.

Forma parte del ciclo “El país y su memoria”, con las actuaciones de Luis Miguel Lombana, Sophie Alexander-Katz, Alondra Hidalgo, Pedro de Tavira Egurrola, José Carriedo, Jerónimo Best, y Arnaldo Picazzo. 

Luis Miguel Lombana, quien encarna al maquiavélico Torritos en la obra, equipara la cooptación actual al “Cuarto Poder” del añejo PRI: 

“El chayote, la corrupción a la prensa mexicana son algo que vivimos cotidianamente con la fuerte manipulación de la información, es una tendencia no sólo en diarios y medios impresos de nuestro país, sino también a través de la radio e incluso, en las redes sociales”.

El estreno de A ocho columnas se efectuó el 2 de febrero de 1956 en el Teatro de La Capilla (que Novo fundó dos años atrás), inspirándose el poeta por el Excélsior de aquel entonces y su periodista estrella de política, el tristemente célebre Carlos Denegri (1910-1970), que interpreta Lombana:

“Hoy verdaderamente hay que tomar con mucho cuidado lo que se ventila y lo que se establece como verdad periodística, porque sabemos perfectamente quiénes integran las largas listas publicadas con nombres de periodistas acusados de recibir dinero del gobierno de Enrique Peña Nieto, este es el tema que exactamente plantea Salvador Novo en A ocho columnas”, apunta Lombana en referencia “a esos que han cobrado millonarias sumas en este sexenio”.

Por su parte, el actor José Carriedo abunda:

“A ocho columnas invoca un México de nostalgia, uno que pareciera maravilloso hasta que Salvador Novo se hace presente, desnudando la corrupción endémica que es y ha sido el cáncer principal del periodismo: venderse al poder. Y no sólo en términos económicos. Existe hoy en día una nefasta prensa que se enmarca como de espectáculos, nota rosa o del entretenimiento, escudada en no ser seria; esta prensa puede destilar cuanta vaguedad mentirosa y difamatoria o chisme que conforman el chicle y pega del escándalo y la inmediatez. Aunada al doble filo de las redes sociales, se convierte en opción para la libertad de expresión, o en un vehículo de linchamiento y de ‘muerte social’, que el personaje de Torres (Torritos) lo sugiere en la obra exaltando el poder omnipotente de su medio informativo.”

Platos de lentejas

El 16 de julio de 2016, Canal Once del Instituto Politécnico Nacional transmitió la lectura teatralizada de A ocho columnas, producida por Jorge Prior, con Blanca Loaria en la asistencia de producción y casting. Ella funge ahora como productora ejecutiva en la puesta del Teatro Orientación, y el papel del reportero Carlos Moreno, que correspondió a Jerónimo Best, hoy es retomado por éste.

Señala Fer Bonilla:

“A partir de aquel Teatro Estudio en el Once (con Enrique Arreola como Torres, Mónica Best como Martha Crespo, y dirección de Mafer Suárez, ver https://youtu.be/N0oZSvrcOrI) me llamaron para dirigir a Novo y me pareció muy interesante, es un autor bastante divertido y que no se monta a menudo.”

(En aquella teatralización de Best y Loaria en el programa del Canal Once sale una imagen con la publicidad, en forma de diario, anunciando el estreno de una temporada de A ocho columnas en el Foro Artescénico de Tijuana, Baja California, dirigida por Luis Torner en 2007.)  

“Tuve que meterle un poco de mano a la obra, básicamente me pareció extensa y la compacté. Novo y el grupo de Los Contemporáneos tienen mucho qué decir en estos tiempos de cambio político.”

Y elogia para Proceso a su tropa en esta triunfal aventura de época: Vestuario de Estela Fagoaga, escenografía de Elizabeth Álvarez, iluminación de Tenzing Ortega, maquillaje y peinados de Maricela Estrada, prensa de Sandra Narváez, asistencia de Pablo G. Rodríguez y Miguel Alejandro León en producción y dirección, producción de Jerónimo Best y música de Leonardo Soqui (que despide al público tras 90 minutos con “La Paloma”). La piedra de toque resuena desde la primera escena ambientada en la sala de espera de la oficina principal del tabloide El Mundo (“El mejor periódico de México”), donde sucederá la trama en sólo dos actos. 

Gómez, diputado avezado (el actor Arnoldo Picazzo), llega allí para sobornar al director del diario (cuya puerta está cerrada y flanqueada por una bandera tricolor y el retrato oficial del expresidente Miguel Alemán, si bien el mandatario en funciones de aquel 1956 era Adolfo Ruiz Cortines). Bronco norteño, el diputado Gómez promete el cohecho a cambio de que El Mundo ponga en jaque mortal a cierto ginecólogo honesto, quien acaba de tomar las riendas de la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Ni “el doctorcito” a quien busca Gómez difamar (de apellido Fernández, “hijo espurio del Jefe Máximo”), ni el director de El Mundo (sólo evocado como Alfonso) aparecen físicamente en el escenario. Justo será Torres o Torritos (Lombana), “el segundo a bordo”, quien se encargue de tejer los hilos para denostar al médico.

Por fortuna, a la historia del cochupo Novo intercaló otra de amor, y en ambas la sexteta del elenco interactúa lúdicamente. A Picazzo y Lombana se suman: el galán ambicioso, Enrique (Pedro de Tavira Egurrola), con su amigo bienintencionado y aspirante a reportero Carlos Moreno (José Carriedo, quien alterna el personaje con Jerónimo Best, productor de la obra). Los más lisonjean a las dos finas actrices de A ocho columnas: Sophie Alexander-Katz (en el rol de la superficial cronista de sociales, Martha Crespo) y Alondra Hidalgo (en el papel de Celia, secretaria dizque sumisa del director, pero noble y rebelde). Describe Alexander-Katz su caracterización:

“Mi personaje Martha Crespo dice en su parlamento que ‘en la vida moderna, la mujer ha dejado de ser un objeto pasivo, de lujo, para convertirse en la colaboradora del hombre’. Creo que las mujeres ya no somos objetos y podemos ser colaboradoras suyas, ¡si así lo queremos! Lo somos de la mujer y tenemos hombres que nos asisten. Fue un cambio en setenta y dos años, desde la década de los cincuenta y esta pieza de Novo; ya nos posicionamos en todos los ámbitos antes dirigidos sólo por hombres, pero vamos avanzando muy a cuentagotas, son escasas las directoras de diarios importantes. Eso en cuanto al contexto.

“Y con respecto al Novo dramaturgo, él no le hace ningún favor a la mujer en su obra. Celia recibe órdenes y todos la ven como un objeto útil para ciertos fines que quieren lograr los hombres, como objeto sexual se la pelean algunos en la obra cual si fuera un corte de buena carne. Pero a Martha –aunque astuta y de estratos sociales más respetados que los de la clase obrera– le tiran línea periodística y obedece, no tiene todo el poder ni siquiera en la revista de élite que dirige su esposo (Emilio, a quien tampoco se le ve), donde se tratan asuntos del corazón, muy de la socialité. Nos dan el hueso roído… Y aparte, Martha Crespo también es sexualizada; yo no sé si Salvador Novo fuera misógino; pero en la obra y de acuerdo a los cánones de su tiempo, él no nos brinda la independencia entre comillas que se supone debemos tener hoy.”

Los tiranos de Bucareli

Externa Sophie un dato curioso: años antes de que se escribiera A ocho columnas, el gobierno del presidente Miguel Alemán apenas había otorgado el derecho al sufragio femenino, un 17 de octubre de 1953.

Para Carlos Monsiváis (1938-2010), A ocho columnas “es muy posiblemente el hecho político más comprometido en la historia de Novo”; pero cuando en junio de 1960 Novo mismo la repuso en el Teatro Milán, el cronista de toros y espectáculos Armando de Maria y Campos (1897-1967) plasmó en Novedades que el debut de 1956 no causó escándalos:

“A ocho columnas era una pieza de teatro con aire de autor primerizo, bien pensada y construida con esmero, habilidad e inteligencia. Se le opusieron algunos reparos por la técnica de estar resuelta a base de diálogos y su falta de acción, que no lograba salvar la anécdota apasionante de un suceso de intimidades de un gran periódico, que se enfocó deliberadamente a cierto dueño, el público que concurrió a La Capilla comprendió de cuál se trataba.”

En 2013, Ana Rosa Sánchez Aguilar reveló en su tesis por la Universidad Autónoma del Estado de México, Periodismo y discurso literario. Construcción de “Los periodistas” de Vicente Leñero en relación con el sabotaje a “Excélsior” y la prensa de la época en 1976:  

“Gilberto Figueroa y Rodrigo de Llano eran ‘los pontífices’ de Excélsior, quienes habían visto nacer el periódico hasta convertirse en una cooperativa y lo conocían como ‘la palma de su mano’… pero la realidad fue que el periódico por esa época pasó por tres conflictos internos. Uno lo tuvo con el escritor Salvador Novo en 1956, quien había comprado espacios en el diario para dar a conocer notas acerca de lo que al mundo del teatro se refería. Novo se quejó de la poca importancia que Excélsior daba a sus anuncios. Sus problemas crecieron cuando Novo estrenó A ocho columnas, donde criticaba la corrupción en el mundo periodístico y pintaba a dos personajes que se asemejaban a Figueroa y De Llano, mostrándolos como unos tiranos. Así, Excélsior decretó un boicot contra Salvador Novo…” 

El lunes 6 de junio de 1966, el  autor teatral Wilberto Cantón (1925-1979) invitó a Novo (nombrado por Gustavo Díaz Ordaz “Cronista de la Ciudad” en 1965) para abrir el ciclo de conferencias en el Instituto de Cultura México Israelí, A. C. acerca de la situación del teatro en México. Asistirían asimismo los directores escénicos y dramaturgos Celestino Gorostiza, Seki Sano, Carlos Solórzano, Héctor Azar y Alejandro Jodorowsky. En su texto “Los ocho contra el teatro: Yo, el primero”, calificó de muy humilde aportación haber fundado el Teatro de La Capilla en Coyoacán, con un recuento de su dramaturgia (“el teatro para mí simplemente sería otra forma de hacer poesía”) y avisó que pronto representaría El espejo encantado:

“…En mi breve biografía teatral sigue A ocho columnas. Y en esta obra encuadro mi masoquística identificación –mi transmutación poética– en el Torritos que es capaz de brindar a los jóvenes periodistas este consejo y esta mea culpa…”

A continuación, Novo leyó el diálogo final entre Torritos y la secretaria de El Mundo, Celia (mea culpa que la adaptación del actor y director Fernando Bonilla decidió suprimir): El hombre, el joven limpio dormía en mí, muy dentro de la cáscara dura del periodista viejo… Volví a verme en los principios lejanos de mi carrera, crédulo, fogoso, rectilíneo… Y después… Esto. Lo que usted ve. Lo que queda de mí… El ejercicio lucrativo de la prostitución de la palabra; del don más alto y elocuente otorgado, a la expresión del hombre degradado a llenar cuartillas, columnas, planas; a ser efímera, vacua, escandalosa y comercial…

Una de las teatralizaciones más recientes de A ocho columnas fue grabada en radionovela corta por Lázaro Palma Salaya y Juan Manuel Pérez Guzmán para la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, en 2012 (oír en https://www.ivoox.com/a-8-columnas-audios-mp3). Al preguntarle a Fernando Bonilla Álvarez qué opinión le habían merecido a sus primogénitos esta puesta suya en escena, declara que a su padre, el actor Héctor Bonilla, “A ocho columnas no le gustó, porque considera a Novo un mal dramaturgo”. Tal vez en un futuro cercano Fer Bonilla adapte su obra favorita del poeta: la mencionada pieza El espejo encantado.

Mientras, A ocho columnas entra en la recta final, con funciones los jueves y viernes, a las 20:00 horas; los sábados a las 19:00 y el domingo a las 18:00 horas, hasta el 23 de septiembre. El 14 y 15 de este mes descansa por las fiestas patrias.