Nuevo libro sobre Trump Palabras, furia, miedo

El pasado martes 11 –fecha emblemática para Estados Unidos– la editorial Simon & Schuster puso en circulación un nuevo libro del célebre periodista de The Washington Post Bob Woodward titulado Fear: Trump in The White House, en el que recoge innumerables impresiones del círculo interno de la Casa Blanca y de excolaboradores del presidente, así como los letales –e irresponsables– tuits del hombre más peligroso de Estados Unidos.

Ante la bravuconería del presidente norcoreano Kim Jong-un, quien aseguró que en su escritorio tenía un botón nuclear, Donald Trump se apresuró a responder el reto. Bajo la premisa de que un perro con miedo ladra el doble, le envió un mensaje burlón, cual adolescente: “El mío es más grande que el tuyo”. Y agregó: “¿Alguien de ese país disminuido y muerto de hambre le puede informar que yo también tengo un botón nuclear que es más grande, poderoso y que sí funciona?”.

En su nuevo libro Fear: Trump in the White House, que comenzó a circular en Estados Unidos el martes 11 bajo el sello Simon & Schuster, Bob Woodward sostiene que ese tuit pudo haber iniciado una guerra entre Estados Unidos y Corea del Norte. La última frase es la de mayor escarnio, según el autor, quien la explica para ahondar en la personalidad de Jong-un, cuyo padre, Kim Jong-il, también hizo pruebas nucleares.

A sabiendas de que todo experimento implica prueba y error, Jong-il castigaba con la muerte el fracaso de los investigadores. Su hijo aprendió a aceptar las fallas, aceptando incluso las burlas, pero en vez de acabar con toda una generación de científicos, continuó los experimentos. 

Según los especialistas militares, el joven Jong-un intuía que tarde o temprano tendría sus misiles nucleares, aunque era poco inteligente comenzar una pelea con Trump, así fuera verbal, no hay manera de hacerlo entender. En esa anécdota –acaso la única con un poco de humor– Woodward, el célebre reportero de The Washington Post, prueba el punto que le da título a su libro.

Para Trump, dice, el miedo es poder; infundir miedo es una manera poderosa de dominio. Pero el miedo lo circunda todo, incluida la persona de la que mana. De eso trata el nuevo libro de Woodward, de 448 páginas.

Fear –miedo, aunque hay quienes lo traducen como terror– es el decimonoveno libro de Woodward, quien cobró fama con Todos los hombres del presidente, un volumen sobre el caso Watergate que terminó con la presidencia de Richard Nixon, escrito en 1974 en coautoría con su colega Carl Bernstein. 

Woodward, quien hoy es editor asociado para The Washington Post, no ha dejado de escribir. En 2002 publicó el libro Bush at War que aborda los ataques del 11-S de 2001 a las torres gemelas de Nueva York. Es significativo que los editores hayan elegido precisamente el martes 11 para el lanzamiento del Fear, un libro notoriamente encadenado a los hechos, basado en una extensísima bibliografía que incluye una buena colección de los tuits de Trump, quien se considera el Hemingway de esa red social.

¿Dónde está mi Peter?

Uno de principales referentes en la historia recontada por Woodward es la de Steve Bannon, quien encontró a Trump muy “rudimentario en cuestiones de política”. Y aprovechó la situación para llevarlo a la Casa Blanca. Bannon fue quien durante la campaña le habló a Trump del populismo como una corriente en contra del capitalismo entre amigos, cuyos acuerdos internos sangran a los trabajadores. 

“Populismo era para el hombre común que sabe que el sistema lo defrauda”, le explicó. 

–Eso es lo que soy –dijo Trump–. Un popularista.

–No, no. Populista –se lee en la página cuatro de Fear.

Bannon también fue quien le infundió al entonces candidato presidencial la idea de que los trabajadores de Estados Unidos quieren que su país sea grande otra vez.

Vamos a simplificar la campaña. Ella (Hillary Clinton, la candidata demócrata) es la tribuna de un statu quo corrupto e incompetente de las élites que confortablemente manejan el declive. Tú eres el tribuno del hombre olvidado que quiere que Estados Unidos sea grande otra vez. Y tenemos que trabajar un par de temas: Número uno –Bannon continuó– vamos a detener la inmigración ilegal masiva y a comenzar por limitar la inmigración legal para recuperar nuestra soberanía. Número dos, vas a traer de vuelta los trabajos de la industria manufacturera. Y número tres, nos vamos a salir de esas guerras sinsentido en el extranjero, escribe Woodward en la página 15.

En una mente simple como la de Trump quedaron fijas una vez obtenida la presidencia. En su nuevo libro Woodward incluye abundantes ejemplos sobre el temor de que esas ideas se pusieran en práctica sin medir las consecuencias; peor aún, sin poder convencer al mandatario de sus equivocados puntos de vista.

Trump tenía muy claro que debería cumplir sus promesas de campaña. No alcanzaba a entender –por lo visto no lo ha logrado– que un déficit comercial no necesariamente implica una deficiencia económica. De ahí que tampoco le encuentre sentido a tener un acuerdo comercial y de ayuda con Corea del Sur –con la que Washington tenía un déficit de 18 mil millones de dólares–, que adicionalmente le proveía a Estados Unidos servicios de inteligencia y seguridad militares. 

Un mentiroso de miedo

A principios de septiembre de 2017, Trump tenía sobre su escritorio el borrador de una carta dirigida al presidente de Corea del Norte donde le expresaba su deseo de terminar con KORUS, como se conoce a ese tratado entre los dos países.   

A pesar de los reportes casi a diario sobre el caos y la discordia dentro de la Casa Blanca, el público no llegó a saber qué tan mal estaba la situación interna. Trump siempre estaba errático, raramente se concentraba; enfurecía con cualquier insignificancia. Y en cuanto al tratado KORUS, llegó a decir “Nos salimos hoy mismo”.

El borrador estaba sobre su escritorio, con fecha del 5 de septiembre, listo para ser firmado. Gary Cohn, el asistente de Trump en la Casa Blanca, entró al salón, vio la hoja, la cogió y la colocó en un fólder. No se volvió a saber de la carta. Mientras el presidente no volviera a verla ni se la mencionara, había dejado de existir. 

“Cohn y Porter trabajaron juntos para descarrilar lo que creyeran que eran las instrucciones más impulsivas y peligrosas de Trump”. Con cierta ufanía, Cohn le declaró a Woodward: “No es lo que hicimos por el país, sino lo que evitamos que él hiciera”. No menos que Rob Porter, el jefe del staff, cuando afirma que “la tercera parte de mi trabajo en reaccionar a algunas de las más peligrosas ideas que él tuviera y tratar de darle razones para que creyera que quizás no eran tan buenas”.

En ese mismo (sin)sentido, Trump estaba convencido de realizar una cruzada contra la globalización a favor de lo realmente estadunidense: “Nuestros políticos le arrebataron a la gente sus medios de vida y de sustento para sus familias… llevándose nuestros trabajos, nuestra riqueza y nuestras fábricas a México y a otros países”. 

Por el contrario, Cohn “estaba convencido de que los déficit comerciales eran irrelevantes y que incluso podrían ser favorables al permitir a los estadunidenses comprar bienes más baratos”. Los argumentos del asistente de Trump se apoyaban en documentos, estadísticas y otras opiniones de economistas (el 99.99% de los economistas del mundo, según Cohn), que el presidente desde luego no leyó. 

En vez de hacerlo, atrajo a su grupo cercano a Peter Navarro, un furioso enemigo de la globalización tanto como el mismísimo Trump. Ante los contundentes argumentos de Cohn, Navarro se limitó a llamarlo “idiota de Wall Street”, para complacencia absoluta de Trump.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) había chupado la sangre de la manufactura fuera de Estados Unidos, justo como Trump lo había predicho –dijo Navarro–, convirtiendo a México en un portento manufacturero, al tiempo que llevó a los trabajadores estadunidenses a la pobreza. 

Para Trump, la mejor forma de negociar el TLCAN era destruir completamente el anterior: “Cuando lo haga, en seis meses vendrán corriendo a la mesa de negociaciones”. Entonces Cohn intervino: “Puede acabarse. Esa es una de las estrategias más riesgosas: o funciona o terminas en bancarrota”.

Woodward acota en la página 274 de Fear: “Cohn se dio cuenta de que Trump se había declarado en bancarrota seis veces y no parecía importarle. La bancarrota era otra estrategia de negocios. Retírate, amenaza con acabar con el trato. El poder real es el miedo”.

Cohn y Porter tenían sus medios por lo menos para alejar a Navarro del presidente. Lo consiguieron a través de John Kelly, secretario de Seguridad Nacional, quien se deshizo de él mandándolo como miembro del Consejo Nacional de Economía.

Woodward termina su libro con la renuncia de John Dowd, el abogado principal de Trump, en marzo de este año. Dowd había sido contratado por Trump para preparar su defensa contra la investigación de Robert Mueller, y que a la fecha sigue en curso. Empezó bajo la sospecha de obstaculización de justicia y pronto se complicaron las cosas con la posible interferencia rusa.