Geles Cabrera en el Museo Experimental El Eco

En su interés por comprender las propuestas estéticas de la escultura moderna mexicana realizada en piedra, el internacionalmente reconocido artista tridimensional y conceptual, Pedro Reyes, se encontró con una creadora que, desde hace mucho tiempo, debió haber sido rescatada del olvido institucional.

Extrovertida, dinámica y con una experiencia profesional de 70 años en los que ha convivido, observado y tolerado las relaciones de poder machistas del sistema artístico mexicano, la escultora de 92 años inició una amistad con Pedro Reyes que derivó en la atractiva y sintética exposición que, bajo el título de Geles Cabrera. Primera escultora de México, presenta el Museo Experimental El Eco en nuestra ciudad capital.

Interesante por el rescate de una creadora que por su género fue obstaculizada por sus colegas escultores –Geles Cabrera cuenta que algunos artistas se oponían a que una mujer realizara escultura en piedra, entre ellos Juan Fernando Olaguíbel, creador de la popular escultura pública conocida como La Diana cazadora, e Ignacio Asúnsolo, quien diseñó la figura del Ariel que se entrega como premio cinematográfico–, la muestra destaca también por su contenido, concepto curatorial y resolución museográfica.

Reyes hizo la propuesta al Museo Experimental El Eco con base en un concepto curatorial que contextualiza la relación que tuvo la artista tanto con el patrocinador como con el creador de El Eco; y es que su primera exposición la presentó en la galería Mont-Orendain del empresario patrocinador del Museo Daniel Mont, mientras que con el creador del recinto, el escultor Mathias Goeritz, formó en 1975 el grupo Gucadigo. La muestra curada compacta en los fascinantes y restringidos espacios de El Eco –una sala interior y un patio– una trayectoria creativa que se inició aproximadamente en 1948.

Nacida en 1926 en la Ciudad de México, Geles Cabrera se formó de 1943 a 1946 en la Academia de San Carlos y, después de estudiar un año en la Academia de San Alejandro de Cuba y obtener un premio en el XXX Salón de Bellas Artes, regresó en 1948 a nuestro país para continuar su formación en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. 

Interesada desde entonces en las posibilidades que ofrecen las rocas como material escultórico y narrativo, Cabrera inició una exploración formal y poética que osciló entre las estéticas prehispánicas y su reinterpretación en creadores vanguardistas como el británico Henry Moore.  

Excelente como dibujante de lenguajes realistas, la escultora desarrolló una propuesta personal en la que los volúmenes y vacíos característicos de Moore se transmutaron en formas primitivistas que recuerdan ligeramente la sexualidad femenina de las estéticas prehistóricas. Oscilante entre una figuración sugerida y una abstracción de referencias realistas, su obra destaca por representaciones femeninas que, sin ser evidentes, refieren a circunstancias vinculadas con la maternidad, la relación de pareja y un mustio erotismo que se devela en actitudes tan descaradas como abstractas. 

 Integrada con piezas realizadas entre 1949 –un charro y una china poblana en relieve sobre piedra de estéticas nacionalistas-Art Nouveau– y 2018 –reinterpretaciones de abstracciones geométricas en plexiglás creadas en la pasada década de los años setenta–, la muestra sugiere cuestionamientos sobre el devenir de la escultura en el siglo XXI.

La participación de Geles Cabrera en grupos previos y sin embargo similares a los que produjeron el Espacio Escultórico en 1977-79, evidencian que la historia de la escultura contemporánea mexicana todavía tiene muchas dudas que responder.