“Reinas”

Canal 22 nos endilga una más de las pésimas series históricas que ha dado en comprar en los mercados internacionales, en demasía a los españoles, aunque no han faltado producciones rusas de pésima factura como Catalina la grande o la vida de Dostoievski. La obra que nos ocupa ha sido perpetrada por la televisión pública española RTVE; se titula Reinas.

En este caso, la BBC colabora en la producción de la costosísima serie, casi dos millones de euros por episodio. 

Originalmente hablada en inglés y doblada al español, los diálogos suenan a falso en dos mujeres que vivieron a mediados del siglo XVI en Inglaterra y se comportan como personajes de telenovela. La rivalidad es personal, por la belleza, el porte, la vestimenta, la capacidad de manipular a los hombres a su alrededor. Las razones políticas resultan secundarias, bien camufladas en la supuesta disputa por las creencias religiosas. La una protestante, la otra católica.

Mucho espacio ocupan los amoríos de Isabel I y de María Estuardo con escenas explícitas de sexo, totalmente inverosímiles para las costumbres de la época, menos aún en dos miembros destacados de la realeza. No se diga en las frases, que pueden sonar creíbles en las mujeres liberadas de la segunda mitad del siglo XX, no en dos reinas que vivieron hace casi quinientos años.

Las fiestas, la banalidad, el aburrimiento de la corte, se repiten tanto que también causan fastidio al televidente.

Entre tanto oropel se pierde el contexto: Eran años en los cuales los imperios se estaban consolidando. España expoliaba a sus colonias, Inglaterra y Holanda daban patente de corso a los piratas para que robaran el oro y la plata de los navíos españoles (Isabel I de Inglaterra se hizo famosa por esta práctica que en la novela apenas se esboza). Entretanto, María quiso apoyarse en su catolicismo para obtener la ayuda del Papa, aunque tal estrategia mostró su debilidad. Motivos económicos, cálculos sobre el poder y no simple envidia movían a la reina Estuardo.

La historia tiene un desenlace inesperado, aunque paradójico. El hijo de María, que ella vio como su salvador, se volvió en su contra. Al reconocerlo Isabel I como heredero al trono, a su muerte fueron los escoceses quienes se hicieron con la corona.

La presencia de la BBC, experta en producir series de época, no se nota. Las escenas y los parlamentos son propios de un melodrama a cargo de Televisa o Azteca, sólo con mayor presupuesto. Los histriones tampoco han sido cuidados: Se extralimitan, hablan de sus emociones, no las actúan.  Falta contención.

Y es que la televisión británica se ha comercializado. Ahora divide sus realizaciones entre aquellas pocas de alta calidad para mantener su prestigio y otras medianas para un mercado global.

A Canal 22 hace mucho que le falta un buen curador para hacerse de series foráneas dignas de una emisora pública y cultural.