A Marcos, de Vicente Leñero*

Marcos:

Lo saludo desde aquí, que también es la selva, aunque sólo de asfalto. Por supuesto que estoy interesado en la entrevista y por supuesto que lamento que no sea exclusiva: el periodismo es así, competitivo y díscolo. Entiendo sus razones, entiendo todo. Entiendo personal y periodísticamente que debo estar ahí. Acudir a la cita.

Me la pone difícil, Marcos. O mejor dicho: las circunstancias me la ponen difícil. Ya no soy joven y en mi vida he montado en mula o a caballo o recorrido montañas. Soy un molusco de la ciudad y aunque me siento un hombre más o menos sano, desconfío de mi fuerza física. Es de lo único que desconfío en estas circunstancias. Pero en fin, ahí voy, esperanzado, bien dispuesto, ansioso.

Las condiciones me parecen aceptables. Espero que mis colegas de La Jornada y El Financiero lo acepten también y nuestros respectivos reportajes salgan simultáneamente en domingo o lunes. Ojalá se pudiera calcular que la fecha del regreso sea en domingo o lunes para tener tiempo suficiente a preparar, para la edición correspondiente de Proceso, el reportaje. Por desgracia (yo también puedo resultar odioso o quisquilloso) no soy un reportero veloz. Necesito tiempo, aire, para escribir. En nuestra pasada entrevista tuve que trabajar a marchas forzadas y apenitas pude alcanzar el cierre de Proceso.

En fin, estas son minucias. Lo importante será al fin de cuentas la conversación.

Me cuesta trabajo pensar como usted: en “temas de tratar”. Dicho así, en forma muy estricta. Por supuesto que hay temas, pero los temas están sujetos al flujo de una conversación, de una plática, de un discurrir que va generando preguntas y respuestas. Siempre he odiado el sistema de las “ruedas de prensa” que acartonan y uniforman el trabajo. Mis deformaciones literarias apuntan más bien al concepto plática, que en este caso se dificulta por la “multitud” de reporteros que le caeremos encima, como plaga selvática.

Es fácil imaginar qué queremos preguntarle. Se puede enlistar a vuelapluma la cantidad terrible de asuntos.

–La actualidad. La situación presente del EZLN.

–Los diálogos.

–El gobierno ante el EZLN: el tránsito de Salinas a Zedillo.

–El balance del EZLN desde enero de 1994 al día de hoy.

–Los diálogos con Camacho y los diálogos en San Andrés. La imposibilidad o dificultad extrema de entendimiento.

–Marcos y el EZLN ante Moctezuma. ¿Qué pasó exactamente? ¿Qué fue? 

–El cerco del Ejército. Las guardias blancas.

–El futuro, ¿el desarme?

–Del manifiesto de la Selva Lacandona al manifiesto que podría suscribir, hoy, el EZLN…

Esos son algunos de los temas generales (hay muchos más), y la minucia de asuntos que derivarían de ellos, suscitados por sus respuestas…

Se me ocurren más: siempre a vuelapluma (o vuelatecla): Aguascalientes, la mentada “sociedad civil” y las interrogantes de siempre que llenan conversaciones y páginas y páginas de artículos y que el reportero debe abordar: financiamiento… quiénes están detrás… cuántos son… cómo son… etc. etc.

Desde luego no se librará de un cuestionamiento múltiple sobre su persona, imposible de soslayar: El Marcos sin pasamontañas, el Guillén que descubrió Lozano… No se puede hablar off the record sobre esto. El encuentro necesita enfrentar esta problemática y darle una respuesta. Quizá recuerde, Marcos, lo que le dijo Tim Golden al terminar aquella entrevista. Los contactos nos habían dicho que no precisáramos “el paisaje del sitio”, que dijéramos, simplemente, que lo habíamos visto “en un lugar de la selva”. Tim Golden replicó lo mismo que yo pensaba: “Podemos no precisar dónde estuvimos, pero no podemos decir que estuvimos en la selva, si no estamos en la selva”. ¿Se acuerda?

Bien. El tema de Marcos es, para mi alma de novelista, el que me interesa particularmente (además de todo lo demás; lo importante, diría usted). No sólo para este reportaje, sino para algo más amplio. (Si leyó Los periodistas, ya sabe cómo me las gasto). Quisiera ir un poco más a lo profundo. No sólo el chisme de la identidad, que eso se enfrenta con un pasamontañas o con una cédula de identidad. Ese no es el asunto.

Me interesa la persona. El fenómeno Marcos. El caso Marcos. El hombre que de pronto se vuelve lo que se vuelve a pesar de él mismo. No para mitificarlo más (que un escritor no trabaja sobre eso), sino para desentrañar algo así como el itinerario de una conciencia, o una mente, o una voluntad que se ve siempre rebasada por lo que hace.

Creo que usted lo entiende bien porque es escritor como yo, y porque luego de hacerme cruzar esas veredas imposibles sabrá que voy a buscar (porque acepto el reto, porque me chingo en la aventura), algo más que una nota. Voy a buscar una vida. No una cédula de identidad, Marcos: una vida. Para confrontarla, para cuestionarla, para descubrirla. Usted, a pesar de usted mismo y por mérito o locura de usted mismo, es un personaje de novela sin ficción…

Desde luego una vida no se abarca en una plática, ni en mil, pero sí puede intuirse en un rato de charla, si usted colabora y me permite que trabajemos juntos ese misterio que representa una vocación: sea de escritor, de revolucionario o de un alucinado. Que no lo vuelvan personaje de película, Marcos, no se deje: ni símbolo ni Satanás de nada. Que lo dejen ser el hombre que usted es y del que yo quisiera averiguar un poquito más de lo que está en la superficie o en la imaginación de la gente de esa “sociedad civil” que dizque existe.

No lo friego más. Acabo. Eso es lo que quiero, en exclusiva. Así como trato de darme a entender si es que puedo darme a entender.

Por Proceso iremos: Salvador Corro (a quien ya conoce), el fotógrafo Juan Miranda (que también conoce) y yo.

Un saludo hasta entonces, si llego.

  Vicente Leñero

PD.- Confío en que sea estricto con el pacto entre los que vamos. Que todos salgamos el mismo día.

PD 2.- Lo saludan Julio Scherer, Froylán, Naranjo… todos.

*Carta enviada el 2 de junio de 1995 por el entonces subdirector de Proceso, Vicente Leñero, al subcomandante Marcos.