Los indígenas y el Ejército Zapatista, en busca de su propia transformación

Testigo de la problemática indígena en el estado de Chiapas durante cuatro décadas, a lo largo de las cuales poco ha cambiado la situación precaria de los pueblos originarios,  el vicario de Justicia y Paz de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Gonzalo Ituarte, considera que los zapatistas han evolucionado según las condiciones de su contexto, y se dice confiado en que cada vez serán más incluyentes y abiertos al diálogo con sectores no indígenas. Afirma: “Creo que han hecho un gran aporte a México y que debemos agradecerles el enorme esfuerzo y el riesgo que tomaron”.

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIS.- En el nuevo escenario político nacional y a 25 años del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), los pueblos indígenas de Chiapas y de todo el país que convergen en torno al Congreso Nacional Indígena (CNI) y su Concejo Indígena de Gobierno (CIG) buscan una nueva transformación. 

El aserto es de fray Gonzalo Bernabé Ituarte Verduzco, quien advierte que, sin embargo, Chiapas sigue marcado por la represión, la persecución y las detenciones arbitrarias, así como por las torturas, asesinatos y otros agravios a los pueblos indígenas que durante décadas se han organizado para hacer valer sus derechos.

Ituarte, quien fue el más cercano colaborador del obispo Samuel Ruiz García hasta su muerte en enero de 2011 y hoy se desempeña como vicario de Justicia y Paz de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, llegó a Chiapas hace cuatro décadas, periodo en el que, dice, le ha tocado ver muchas transformaciones en los movimientos políticos y sociales en la entidad, sobre todo la agitación social que se vivió después del Congreso Nacional Indígena de 1974.

Comenta que entre esa fecha y 1994 se dio la primera, y añade que si bien los pueblos lucharon por la vía pacífica, los resultados casi siempre fueron frustrantes: represión, persecución, asesinatos, secuestros y acoso por parte de las guardias blancas y policías al servicio de caciques y latifundistas. Refiere que la segunda se inició con la irrupción armada del zapatismo. “Fue una respuesta diferente a los agravios ancestrales”, dice Ituarte. 

“El 94 cambia la historia de Chiapas y cambia la historia de México. Creo que lo que pasó fue el efecto de una revolución de baja intensidad que a lo largo de los años ha ido impactando y transformando lentamente, y con mucha resistencia, el sistema dominante. Vemos en el 94 un salto del proceso; éste se dinamizó con 11 días de guerra y muchos esfuerzos de diálogo y negociación. Sabemos también que el gobierno no honró los primeros Acuerdos de San Andrés.”

El trabajo pastoral de don Samuel

El también párroco de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de San Cristóbal de Las Casas defiende al obispo Samuel Ruiz de los ataques de los caciques y autoridades que lo acusaron de ser uno de los gestores del movimiento armado. 

Y expone: “Lo que hizo don Samuel fue ayudar a construir un pueblo más consciente, más organizado, más claro, más conocedor de las condiciones que se le habían impuesto”. 

Su labor pastoral por los pobres, insiste, incomodó a las familias dominantes en Chiapas, por lo que empezaron a acusarlo de ser promotor de la rebeldía. Pese a todo, dice, el obispo vivió muy dignamente hasta su muerte; nunca le importó lo que dijeran de él, pues su anhelo era la liberación de los indígenas en un profundo sentido evangélico.

La visita del Papa Francisco en febrero de 2016 a la tumba de don Samuel en el interior de la Catedral de San Cristóbal de Las Casas fue un gesto muy digno y plausible. “Su presencia fue una reivindicación de su valor, un reconocimiento de su obra”, comenta.

Habla también del hostigamiento al trabajo pastoral de don Samuel dentro de la misma Diócesis de San Cristóbal y en el Vaticano, donde el llamado Club de Roma lo denostó, igual que lo hizo el entonces nuncio apostólico, Girolamo Prigione. Por fortuna, indica, todo eso se disolvió. 

Por lo que atañe al EZLN, Ituarte señala que durante los primeros meses tuvo la sabiduría de transformarse acorde con las normas de trabajo que planteaba. Explica: Si bien sus integrantes estaban armados, al final optaron por construir una sociedad desde abajo y desde la izquierda, con el CNI y el CIG, para hacer efectivas las autonomías de las comunidades indígenas. 

“Yo creo que ellos saben que el capitalismo neoliberal que domina casi todo el mundo no va a ser cambiado por un presidente por muy bien intencionado que esté y aun con todas sus propuestas; no se desmonta un sistema trasnacional y globalizado con el esfuerzo único de un país”, reflexiona Ituarte.

Añade: En un contexto en el que han sido frenados los intentos de transformación, como en Brasil y Argentina, en México los zapatistas no pueden salir aplaudiendo el cambio que significa Andrés Manuel López Obrador y su proyecto nacional de cuarta transformación. Eso no implica la desaparición de este sistema opresor. 

“Es lógica la postura del Subcomandante Galeano; es natural. No se puede dar un cheque en blanco a nadie. Lo que puede suceder es una etapa de transformación de reformas y no una reestructuración profunda y total del sistema, que requiere de esfuerzos internacionales.”

Por lo que respecta al gobierno federal, el entrevistado considera que éste “no quiere confrontarse con los zapatistas”. Puntualiza: “Declaraciones como las de Fox en el año 2000 –de que en 15 minutos resolvería el problema– no sirven. Vamos a ver qué pasa con la nueva legislación que genera el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (que encabeza Adelfo Regino Montes) y con los planes de presencia e incidencia con su modelo de promoción de la población indígena desde la plataforma económico-educativa y laboral”.

Para Ituarte, el gobierno federal le está apostando al impacto que puedan tener las políticas de orientación social que está planteando: “Hay que ver qué sucede con el tiempo; imagino que de ahí viene la prudencia que están teniendo de no salir a hacer declaraciones inoportunas”. 

Coincide con López Obrador en el sentido de que los de San Andrés son “acuerdos ya desubicados históricamente”, pues México se ha transformado; de manera que, sostiene, ya no es válido lo que se pensó en 1996. 

“Luego de 23 años –aclara– es necesario un nuevo enfoque. No hay que descontar lo aprendido ni olvidar la enorme convergencia de actores que generaron los acuerdos desde la primera Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), una experiencia fecunda para universitarios, sindicalistas y otras organizaciones.”

La nueva convocatoria 

Lo que hoy se requiere, enfatiza el vicario Ituarte, es convocar en la práctica, no en el discurso, a construir juntos el país. Es necesario “tener en cuenta este antecedente para repensar la situación actual de los pueblos indígenas con la misma lucidez de entonces. Los pueblos han transformado su vida económica y política, una dinámica de dispersión muchas veces inducida desde afuera. Son estos los elementos que hay que retomar”.

También, advierte, hay cosas que inquietan, como los megaproyectos –incluido el Tren Maya– y su impacto ecológico, toda vez que hay intereses de grupos sumamente poderosos que se resisten a los cambios y buscan mantener sus privilegios. 

Ituarte reitera que también a lo largo de los años el EZLN ha mostrado una enorme capacidad de transformación y ha impulsado iniciativas culturales, como su reciente Festival de Cine, en las que muestra una inteligencia colectiva, analítica y autocrítica.

“Mis tareas como vicario de Justicia y Paz de la Diócesis y como miembro del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas hacen que esté atendiendo las problemáticas más inmediatas en Chiapas. Esta etapa ha sido sumamente intensa y compleja, por lo que no he podido detenerme a hacer una lectura profunda de las últimas actividades del EZLN”, resume. 

–¿Hacia dónde va el EZLN? –se le pregunta a Ituarte. 

–Reconozco que desde el 94 muchas de las proclamas de los zapatistas venían de antes, apoyadas por organizaciones y alentadas por la Iglesia. Confío en que el EZLN siga manteniendo su identidad, su calidad de interlocutor de alto nivel, animador de la organización de las comunidades indígenas en el país y de las no indígenas. 

En el marco de su transformación, dice, el EZLN está incursionando en un diálogo más allá de los pueblos indígenas, lo que seguramente va a producir una transformación de su propio proceso hacia delante. 

“Esto permite repensar la nación… que el diálogo no se haga en una mesa en un pequeño lugar de Chiapas. Lo deseable es que los elementos que aporta el EZLN sean un estímulo para la transformación de México”, precisa. 

Según Ituarte, la presencia casi absoluta de indígenas en las filas del zapatismo fue un potenciador de su iniciativa indigenista, y si ellos hubieran tenido un discurso general para la transformación de la sociedad mexicana, dice, hubieran perdido el impacto. 

Reafirma: Fue precisamente su identidad indígena lo que realmente les permitió crecer, y es lo que los ha hecho reacios a mezclarse con otras luchas sociales, a pesar de que las entienden y las consideran en su proyecto de un diálogo completo. 

“Ellos, los zapatistas, han evolucionado según las condiciones de su contexto. Creo que cada vez serán más incluyentes y abiertos al diálogo con sectores no indígenas y que su planteamiento irá enriqueciéndose de esta manera. Creo que han hecho un gran aporte a México y que debemos agradecerles el enorme esfuerzo y el riesgo que tomaron.”