“Campeones”

Luego de un pleito en pleno partido, Marco (Javier Gutiérrez), entrenador profesional de basquetbol, sale a manejar y choca con unos patrulleros; para evitar una temporada en prisión, la jueza lo sentencia a realizar trabajo comunitario. Y tendrá que entrenar a un equipo de jóvenes adultos con discapacidad intelectual y física.

Una de las fórmulas predilectas de Hollywood respecto al tema de superación personal es la del género de deportes, que combina fuerza de voluntad, recuperación de la fe perdida en sí mismo, y el apoyo de un férreo entrenador apoyado en grandes ideales americanos. El español Javier Fesser, en Campeones (España, 2018), recurre al mismo esquema, pero de manera inédita emplea actores no profesionales con discapacidad intelectual que se entregan por completo a la tarea de representarse a sí mismos.

La participación de personas así otorga veracidad a la historia, que de otra manera habría parecido un disparate; cuando un actor profesional se hace pasar por paciente de algún síndrome, siempre corre el riesgo de ofender o de caer en el cinismo. En vez de reírse de los estrafalarios personajes, Campeones invita al público a reír con ellos. En el choque de códigos en el que se apoya esta comedia, la lógica del deporte, el espíritu de competencia, el apoyo total en la mejor coordinación con la pelota y las marcas, se estampa contra el sentido común, la literalidad, de basquetbolistas tan peculiares; si hay algún ridículo, éste proviene de los supuestamente normales, desarmados con la candidez y la pureza de los miembros del equipo.

Inmediatez del momento y disfrute por el juego mismo, más que por el éxito, son la recompensa; todo sin el sufrimiento que normalmente impone el género cuando el espectador, suficientemente incauto, se involucra en la superación del héroe contra la adversidad; en cintas como Forest Gump o Charly, el reto principal del actor es ganar la simpatía y enternecer al espectador, pero los actores de Campeones sólo requieren ser ellos mismos para que el público se los compre y los acepte en sus mejores y peores momentos. La normalidad a la que se accede es la del ser humano, cualquiera que sea la manera de presentarse en la vida.

Además de mostrarse con su historia personal, cada jugador tiene sus momentos estelares, desde el que padece de fobia al agua y le hacen montón para ducharlo, hasta la chica del grupo, La Mosca, que cuando un tipo le dice que le perdona el agravio porque es mongólica, ésta le enseña que sabe defenderse (por algo la apodan así). La historia termina por hacerse más espesa, las risas menos frecuentes, y el público cada vez más involucrado en la suerte del equipo, todo esto sin gran artificio.

Javier Fesser es un director experimentado y versátil que lo mismo pasa del thriller a la comedia, donde integra diversión con crítica social y derecho a la inclusión; por eso el discurso y la moraleja que impone para asegurarse que pasa su mensaje de tolerancia en los últimos 10 minutos de Campeones, cae como plomo; no hay necesidad de justificar esta comedia de situaciones, que al igual que sus personajes, se gana el derecho de piso a los primeros pases de la pelota.