Para leer “Blackkklansman”

Es la década de los setenta, del urticante poliéster, del hard rock y de la moda afro: Ron Stallworth (John David Washington), primer policía negro de la historia en Colorado Springs, se convierte también en el primer infiltrado negro de Ku klux klan, y para sostener la lógica imposible de esta especie de oxímoron social, el estrenado detective se apoya en un compañero blanco, Flip Zimmerman (Adam Driver), quien le hace el paro en los encuentros cara a cara con los encapuchados.

El expolicía tuvo que esperar décadas para revelar el secreto y finalmente publicar sus memorias (2014), y nadie mejor que Spike Lee (Malcolm X), director comprometido en rescatar y reformular la epopeya de los movimientos sociales de los negros americanos. Como en otras de sus cintas, El infiltrado del KKKlan (Blackkklansman; E.U. 2018) Lee repasa posturas y actitudes institucionales que denigran la imagen de sus hermanos de raza; en especial ahora, le toca a la policía y al cine mismo; el enemigo, como de costumbre, no es otro que el Ku klux klan.

Tironeado entre la hostilidad de sus compañeros en el cuerpo policiaco, y el recelo que provoca en Patricia, la presidenta de la Unión de Estudiantes Negros en la Universidad de Colorado, a final de cuentas el ambicioso policía negro cae en cuenta que él también es parte del sistema de represión. Lee sabe que el cine es un instrumento peligroso en manos equivocadas, la cepa es El nacimiento de una nación, la épica de Griffith en que las secuencias del Ku klux klan sugieren el mensaje de mantener una América blanca; en Blackkklansman los miembros de la más siniestra organización racista del mundo, aparecen celebrando escenas de Griffith. 

Los años setenta son años de “Blaxploitation” en el cine; Tarantino le rinde homenaje en su estupenda Jackie Brown (1997), pero desde sus inicios la obra de Spike Lee se define contra los estereotipos de esta corriente; Ron Stallworth aparece con un muy cuidado “look” a la afro, y aún más esponjado es el afro de Patrice; pero los códigos se desarticulan, Ron es un policía que lo mismo se expresa en King English para convencer por teléfono a David Duke (Topher Grace), Gran Mago del KKK, que en jive, la jerga de los músicos negros del jazz.

Didáctico y hasta panfletario, aunque esta vez en tono de farsa, El infiltrado del KKKlan inserta comentarios y secuencias, prólogo y epílogo, para dirigir una lectura que resulta obvia: en este 2018 las cosas no han cambiado, andan peores. La profecía de un policía blanco que pronostica, en 1973, que algún día habrá en la Casa Blanca un presidente que disfrazará su racismo bajo el tema de seguridad nacional, se ha cumplido; irónicamente, a Ron, el policía negro, le parece exagerada tal posibilidad. El legendario Harry Belafonte da cátedra sobre el linchamiento de Jessy Washington, y de cómo el Nacimiento de una nación reforzó al KKK.

Para más, Spike Lee muestra escenas del suceso de Charlottesville en 2017, ese ataque racista para el que Trump pidió comprensión de ambas partes; antes, en una conversación con Stallworth, el jefe del grupúsculo del KKK ya había invocado los mismos slogans del actual presidente por una América grande.