El punto sin retorno

BOGOTÁ.- El miércoles 23, en la más grande movilización ciudadana que se recuerde en Venezuela, la crisis política del país llegó a un punto sin retorno en el que dos presidentes, Nicolás Maduro y Juan Guaidó, protagonizan una lucha definitiva por el poder. 

Esa confrontación, que pasa por las calles, por los cuarteles militares y por el espacio de la geopolítica global, acabó para siempre con la convivencia forzada entre el gobierno y la oposición y puso a Venezuela frente a una definición sobre la naturaleza del régimen que la habrá de gobernar en el futuro inmediato. 

Guaidó, un joven dirigente opositor que asumió hace tres semanas como líder de la unicameral Asamblea Nacional, se proclamó el miércoles 23 ante miles de manifestantes “presidente encargado” de Venezuela, y con ese acto –legitimado por el Parlamento– provocó la más grave crisis del chavismo desde su llegada al poder, en 1999. 

Guaidó de inmediato fue reconocido como presidente de Venezuela por la mayoría de países latinoamericanos, Canadá, Reino Unido y Estados Unidos, lo que llevó a Maduro a una medida extrema: rompió relaciones diplomáticas con Washington y dio un plazo de 72 horas al personal de la embajada estadunidense en Caracas para abandonar el país.

China y Rusia, las dos potencias que se convirtieron en el principal soporte de Maduro por los negocios petroleros y mineros que tienen en Venezuela y su interés geopolítico en ese país, respaldaron en forma contundente al presidente chavista y acusaron a Estados Unidos de injerencista. 

Alemania, Francia y España llamaron por separado a realizar elecciones inmediatas en Venezuela “con todas las garantías democráticas”.

Para Alexis Alzuru, doctor en ciencias políticas, lo que ocurrió en Venezuela el miércoles 23 fue un “quiebre político” en el que “se cerró la etapa de convivencia forzada y pelea permanente entre el gobierno y la oposición que habíamos tenido hasta ahora, y se abren paso dos escenarios muy complejos”.

Uno de ellos, asegura, es el de “la solución militar”, que puede ser externa y se daría bajo el liderazgo de Estados Unidos, o interna, la cual es más improbable, pero podría darse si un sector de la Fuerza Armada con poder de fuego reconoce a Guaidó como presidente interino.

Hasta el viernes 25, la cúpula militar venezolana mantenía su apoyo a Maduro mientras Estados Unidos insistía en que “todas las opciones están sobre la mesa” en caso de que el presidente y sucesor de Hugo Chávez no entregue el poder al líder de la Asamblea Nacional.

Alzuru plantea que el otro escenario es que, en medio del enorme desafío político que le planteó la oposición, Maduro opte por la profundización de un modelo de gobierno “tipo Cuba”, con más autoritarismo, más represión a la disidencia, sin separación de poderes, con una población depauperada por la ruina económica y con un gran aislamiento internacional.

“Ahí Maduro estaría apoyado por los militares y los organismos de seguridad, como en Cuba. También podría romper relaciones con todos los países que reconocen a Guaidó como presidente. Y quedaría en un aislamiento político y financiero mucho más radical. Pero así ha vivido Cuba 60 años. Entonces, eso no necesariamente lo va a sacar del poder”, dice el académico a Proceso.

Y señala que los próximos días serán “muy críticos y definitorios” pues existe una enorme presión externa y un “plazo fatal” que el mismo Maduro se encargó de poner sobre la mesa: los tres días que le dio a los diplomáticos de Estados Unidos en Venezuela para salir del país.

Ese plazo se convirtió en un elemento central de la crisis política porque el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, dijo que Maduro carece de autoridad legal para romper relaciones con su país o para expulsar a sus diplomáticos de Venezuela. 

Por tanto, los funcionarios estadunidenses permanecerán en Caracas.

Alzuru, profesor de la Universidad Central de Venezuela, considera que un “detonante” de la “solución militar” podría ser lo que ocurra con los diplomáticos de la embajada de Estados Unidos en Caracas después de que se cumpla, la tarde de este sábado 26, el emplazamiento de Maduro.

El mandatario dijo después que les daría “hasta el domingo” 27 para salir de Venezuela.

“Si el gobierno de Maduro se atreve a tocar al personal estadunidense, le dará un argumento muy poderoso a Donald Trump para intervenir militarmente en Venezuela”, señala Alzuru.

En cambio, asegura, si Washington retira a sus diplomáticos, el gobierno chavista “se afianzará”. 

Tras proclamarse presidente encargado, Juan Guaidó envió un comunicado a todas las embajadas en Venezuela en el que les pidió mantener su presencia diplomática en el país y a desconocer cualquier disposición que contradiga ese propósito pues emanaría de “personas o entidades que, por su carácter usurpatorio, no tienen autoridad legítima”. 

Pompeo, quien se ha referido a Maduro como “expresidente”, señaló que su país tomará medidas contra cualquier acción que amenace la seguridad de sus diplomáticos en Venezuela.

La seguridad de esos funcionarios no sólo estaría comprometida si Maduro apuesta por una medida de fuerza para expulsarlos del país, sino también por una medida intermedia, como el acoso a la sede diplomática de Estados Unidos en Caracas por parte de grupos chavistas o el bloqueo de servicios públicos al inmueble. 

El poderoso presidente de la oficialista Asamblea Constituyente, Diosdado Cabello, dijo el miércoles 23 que “a lo mejor” hay un corte de luz y gas en la embajada estadunidense.

“El punto neurálgico de la decisión de Estados Unidos frente a Venezuela pasa por la forma en que Maduro maneje la situación del personal diplomático”, señala Alzuru.

Las finanzas de Maduro

Los sucesos de los últimos días y la existencia de dos presidentes en Venezuela llevaron la crisis política a su máxima tensión. Esto, en un país agobiado por el colapso económico, la hiperinflación y la falta de alimentos y medicinas, supone un panorama catastrófico para el régimen. 

Pero Alzuru señala que debe tomarse en cuenta que Maduro tiene aún el respaldo de la cúpula militar, un gran poder financiero emanado de una “economía criminal” y el respaldo expreso de dos potencias, China y Rusia, y de dos actores importantes en la geopolítica global, Irán y Turquía.

Según el politólogo y consultor, los más encumbrados generales venezolanos cerraron filas con el gobernante chavista porque están involucrados en un entramado de empresas y actividades ilícitas a través de las cuales ellos se han enriquecido.

“Maduro”, dice el académico, “ha construido en los casi seis años que lleva su gobierno unas finanzas paralelas a las formales, que no están sujetas al escrutinio de nadie y que le permiten comprar la lealtad de los jefes militares y de la población más pobre, a la que le reparte alimentos”.

Esa “economía negra”, asegura Alzuru, incluye “trafico de drogas, lavado de dinero, contrabando de ganado y gasolina, venta de divisas en el mercado informal y, sobre todo, la explotación de la riqueza del Arco Minero del Orinoco”, un área económica creada hace tres años que concentra 7 mil toneladas de reservas de oro, diamantes, coltán y otros minerales.

De acuerdo con el doctor en ciencias políticas, los operadores de estas actividades son los militares, quienes crearon un conglomerado empresarial que sirve de fachada a esta “red criminal”.

La cúpula de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, afirma, es “cómplice del presidente en estas actividades y por ello su lealtad es un asunto estrictamente económico y no tiene nada que ver con consideraciones políticas”.

Alzuru afirma que, según consultoras mineras, 90% de las exportaciones de oro, diamantes y coltán de Venezuela “sale del país de manera ilegal, a través de esta red en la que también participan el Ejército de Liberación Nacional (guerrilla colombiana con fuerte presencia en la frontera común) y las disidencias de las FARC (exguerrilla colombiana hoy convertida en partido político legal)”.

El académico sostiene que es “fundamental tomar en cuenta que Maduro llega a esta crisis política con una enorme capacidad financiera que le permite una gran capacidad de maniobra y, de paso, blindarse de la severa crisis económica” venezolana.

Al mandatario, asegura, “no le importa demasiado, por esa capacidad financiera que ha logrado, ni el derrumbe de la producción petrolera ni la hiperinflación ni la caída del precio del petróleo”. 

Maduro “es muy poderoso y puede mantenerse en el poder mientras tenga la lealtad de la cúpula militar, mientras sigan fluyendo sus negocios ilegales y mientras no se produzca una intervención militar externa”, afirma Alzuru.

Es un hecho que los militares, que llegaron a tener una presencia abrumadora en las instituciones públicas –llegaron a tener 40% de los ministerios y la mitad de las gobernaciones–, optaron por migrar a las empresas estatales y mixtas –aquellas en las que China y Rusia tienen capital– y por crear su propio emporio económico. 

El general Manuel Salvador Quevedo Fernández, por ejemplo, es el director de la petrolera estatal PDVSA, la cual aporta 96% de las divisas legales que recibe el país, y el control del Arco Minero del Orinoco pasa por las manos de altos oficiales de la Fuerza Armada.

“Es un plan ejecutado por Maduro, en el que se entrelazan actividades ilegales y empresas legales, como las chinas, para garantizarle las dos variables clásicas del poder: las armas y el dinero”, dice Alzuru.

Explica que, además, esa estrategia incluyó una restructuración paulatina de la Fuerza Armada en el que quitaron el “poder de fuego” a los mandos medios, que mayoritariamente “están inconformes con la situación del país”, y lo concentraron en los generales de élite y en estructuras paralelas, como los “colectivos” chavistas y la milicia bolivariana.

“Esto limita mucho la capacidad de los capitanes, los mayores y los coroneles para pronunciarse a favor de la Constitución y el orden democrático”, afirma el académico.

Durante años, los venezolanos han dado por hecho que el segundo hombre más poderoso del país, después de Maduro, es Diosdado Cabello, quien maneja la Asamblea Constituyente y varios ministerios.

“Pero hoy”, dice Alzuru, “el hombre más poderoso del país, luego de Maduro, es el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, el militar de mayor jerarquía en el país”.

Margen de incertidumbre

Alzuru señala que en cualquier proceso político hay un “margen de incertidumbre” en el que cualquier variable imprevista puede cambiar el curso de los acontecimientos. 

“Todo lo que ha pasado en estos días no significa que Maduro esté fuera del poder, pero lo que sí se aprecia es que se están alineando muchos factores que desafían su mandato”, asegura.

Entre ellos menciona la unidad de los diferentes partidos opositores y sectores disidentes del chavismo en torno a Guaidó, la fuerte presión internacional, la cada vez más pública confrontación entre Maduro y Diosdado Cabello y la compleja situación que le plantea al mandatario la decisión de Estados Unidos de mantener a su personal diplomático en Venezuela. 

El jueves 24, Padrino ratificó la lealtad del alto mando militar con Maduro, pero dijo, flanqueado por varios almirantes y generales: “Estamos aquí para evitar a todo trance, y lo vamos a evitar, un enfrentamiento entre venezolanos. No es la guerra civil entre hermanos la que va a solucionar los problemas de los venezolanos, es el diálogo”.

Muchos analistas se preguntan en Venezuela hasta dónde la Fuerza Armada está dispuesta a reprimir a los miles de ciudadanos que piden la salida de Maduro en las calles de las principales ciudades y a disparar contra ellos.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, hasta la tarde­ del jueves 24 la represión contra las protestas dejaba 26 muertos.