Calakmul: soñar despierto*

Desde lo alto de la mole de esa piedra de toque que constituye la majestuosa e impresionante Estructura II de Calakmul se experimenta una comunión espiritual que nos hace sentir la presencia de dioses antiguos y de nuestros ancestros. Hoy habitan en común ese espacio que nos permite evocarlos y recordar que nos iluminan con la inmensidad de sus templos sembrados en las acrópolis al resguardo de árboles frutales y maderas preciosas. Calakmul revela la infinitud del universo.  

Observando el paisaje desde las alturas sentimos una paz interior, un equilibrio espiritual que de vez en cuando conceden los dioses a los humanos para que cielo y tierra, piedra y naturaleza, hombres y animales, pasado y presente se reúnan en un instante único de aceptación cósmica.  Hay quienes habitan las alturas —halcones, zopilotes, pájaros carpinteros, tucanes, monos araña, saraguatos— que juegan, revolotean, luchan y pelean para alternar con las criaturas, las de la tierra —ardillas, codornices, tigrillos, venados, iguanas y serpientes— además de los temibles humanos que intentan dominarlo todo. La cima de la ciudad despierta la sensación de que acaso exista un ser supremo o, al menos, un regidor que nos permite atisbar lo que sobrevive de ese mundo a pesar de los embates del tiempo y de las fuerzas de la naturaleza: silencio, sol, luz, sombra, oscuridad, luna, estrellas, planetas, piedra, cantos, música, rugidos, gritos y el guerrero con su soberbia a cuestas y su prepotencia al hombro para dominar la tierra.  

El hombre y su entorno: objetos inanimados y seres vivos que se comunican entre sí. Una poeta, Mariana Bernárdez, nos regala la incógnita que inevitablemente se nos plantea ante semejante espectáculo:  

Si las piedras pudieran hablar…dólmenes, pozos, ciudades, periferia de un velo encubriendo aquello que muestra ocultándose en su expresión más temible. Quizá sean los segundos previos de la arena descendiendo por el cristal que la aprisiona lo que aterra con mayor certeza, es la muerte que no se enseñorea sino que suspende su letargo en una agonía irremediable. Vano suplicar su mordedura fatal. Trasplantado el límite, del otro lado, más allá de lo visible, más allá, acecha la fauna de lo bestial, es ante su visión que la piedra se desprende de la honda y acierta en su destino. 1

El hecho es que frente a la visión del mundo que nos ofrece Calakmul no nos queda más que preguntarnos: ¿Quiénes llegaron aquí? ¿Qué pensaban? ¿Qué veneraban? ¿Por qué se fueron? Justo Sierra Méndez  escribió lo que especuló:   

¿Aquí habitó una raza sola?… ¿Quiénes eran estos hombres, de dónde vinieron, en dónde están sus reliquias vivas en el fondo de este mar indígena sobre el que ha pasado desde los tiempos prehistóricos el nivel de la superstición  y de la servidumbre, pero que nos revela, de cuando en cuando, su formidable energía latente con individualidades cargadas de la electricidad espiritual del carácter y la inteligencia? 2 Esto es lo que intenta este libro descifrar a través de sus diversos capítulos.  Con argumentos bien fundados de especialistas en diversas disciplinas, ofrece posibles respuestas o interpretaciones a las preguntas y cuestionamientos que surgen ante las extraordinarias y misteriosas ruinas de Calakmul… El libro debe leerse de principio a fin si acaso se desea penetrar en las entretelas del universo de Calakmul. Abre con el aspecto social de la zona: quiénes fueron  y cómo vivieron sus antiguos pobladores.  

Destacado lugar dentro de la obra ocupan los textos de Ramón Carrasco, “Cronología e Historia” y “Religión” pues él es el pionero, estudioso, conocedor, explorador, planeador y protector de los orígenes y del significado patrimonial de Calakmul, como fuera Eduardo Matos del Templo Mayor y sus alrededores. 

Carrasco nos explica la historia, los orígenes y la cosmogonía de sus habitantes desde la muy particular visión de los mayas implicando con ello todo el simbolismo de la relación dialéctica “montaña-cueva” tan importantes en su concepción del mundo. La cabeza de serpiente, la canción del caracol, la garra del jaguar y la posibilidad de internarse en el inframundo de Xibalbá en busca del umbral de la cueva para después ascender por la montaña y “escalar pretendiendo las estrellas”.  l

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* Fragmento del prólogo en el libro Calakmul. Patrimonio de la Humanidad (UNESCO, INAH, Conaculta, Grupo Ed. Azabache. 2012).

1 Mariana Bernárdez, Sendas del olivo, Ediciones Coyoacán, 2011, p. 34

2 Justo Sierra, Discurso inaugural de la Universidad Nacional, Pequeños grandes ensayos, Dirección General de Publicaciones, No 23, p. 17 y 18.