Propone la creación de un hospital de la UNAM para servicio general

Señor director:

Desde que poco más de 30 millones de mexicanos nos pusimos de acuerdo porque no queríamos ver nuestro país hacerse pedazos en manos de los privilegiados de siempre, miopes en su burbuja, queremos recuperar soberanía, acabar con la obscena pobreza y dignificar a los verdaderos herederos de la tierra y su cultura.

Debemos recordar que es labor de todos rescatar los valores de la honestidad y la solidaridad, así como humanizarnos en favor de aquellos a los que históricamente se les debe justicia. 

Recuerdo que en los tiempos en los que competía por una beca deportiva, hasta los atletas estadunidenses estaban sobretrabajados y carecían de una buena atención médica especializada. En cambio, yo heredé a los médicos deportivos que estuvieron en los Juegos Olímpicos de 1968, como el doctor Heredia, Victorio de la Fuente y Julio Ramos. Se trata de eminencias que tuvieron a su disposición tecnología de punta, sin que me costara ni un quinto. Y eso se los presumía a los estadunidenses. Les decía que en mi país tenía excelentes servicios y gratis. 

Sin embargo, nunca imaginé que retrocederíamos tanto: no se ha construido un nuevo hospital del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en la Ciudad de México, pese a que su población se ha triplicado.

Me dio mucha tristeza saber que Raúl Porta, apóstol de la natación universitaria, llegó a destiempo a atenderse de cáncer. Él sí contaba con un seguro de gastos médicos mayores, no como ocurre con la mayoría de nosotros, quienes nos pauperizamos como pobresores y cuando requerimos atención médica nos atienden seis meses después de canalizarnos con un especialista.

Sin embargo, a Porta lo echaron del hospital privado en el que estaba después de dos meses de tratamiento, debido a que su atención “ya rebasaba la cobertura de los gastos médicos mayores” del seguro al que tenía derecho luego de 40 años de servicio de tiempo completo. 

Ante hechos como éste, es urgente que se deje de lucrar con la salud. También considero apremiante que las autoridades le den a la Facultad de Medicina de la UNAM el sitio que merece, puesto que ahí trabajan el injerto de hueso que yo requería para aliviarme de la lesión que me causé entrenando a los atletas de la Preparatoria 5. Lamento que fuera imposible aplicar esos conocimientos en mi caso.

Considero que se ahorrarían los desalmados gastos médicos mayores con el servicio que prestan los pasantes de la UNAM en todos los hospitales del país, por carecer de uno propio, como sí lo tienen otras instituciones de prestigio.

Se debe aprovechar la fuerza laboral de estos jóvenes y hasta de sus profesores –que en varios casos son octogenarios y prefieren abandonar la docencia “con los pies por delante”– para mejorar la atención de los hospitales como los del ISSSTE, en los que la demanda los ha rebasado desde hace mucho.

Considero acertada la idea de descentralizar los espacios de gobierno enviando a los estados las sedes de las dependencias porque ayudaría a liberar los servicios, aligerar la densidad poblacional y mejorar la capacidad de atención.

En mi caso tuve que vender mi taxi y endeudarme por un monto equivalente a un año y medio de mi salario en la UNAM para evitar seguir dando lástimas mientras esperaba a que me ayudaran en el ISSSTE. 

Espero que con la experiencia de los tres rectores más recientes que ha tenido la UNAM, médicos ellos, se pueda implementar un hospital universitario, aunado al seguro de gastos médicos mayores que les ofrecen a los docentes, porque resulta un negocio cruel la descapitalización de los servicios de salud del Estado mientras los nosocomios privados se llenan los bolsillos. (Carta resumida)

Atentamente:

Charlotte Bradley Reus

Exatleta universitaria que representó a México en los años 70