Algunas narraciones destacadas en 2018

Cada fin de año suele hacerse un recuento de aquellas narraciones estimadas como sobresalientes.

Desde mi perspectiva, las que conmovieron por su temática y la manera en que fueron escritas son, en la categoría de relatos extranjeros, la colección de narraciones de la escritora inglesa Joanna Walsh titulada Vértigo (Periférica. Col. Largo recorrido, Madrid, 2018, 128 p), formada por textos breves en donde el personaje principal, una mujer madura, narra diferentes historias a partir de su papel como madre, hija, esposa, amante… para mostrar el cosmos femenino con sus dolores, soledades y envidias.

Otro libro de cuentos destacado fue de Lucia Berlin: Manual para mujeres de limpieza (Alfaguara. Madrid, 2018, 432 p); esta selección apareció publicada hace unos meses en los Estados Unidos, donde alcanzó altas ventas y fue traducida a varios idiomas. El libro consta de 43 historias que retratan la vida de la autora, a partir de la cual hace una crítica de la banalidad de la vida americana que lleva al alcoholismo, la estupidez, el sinsentido y la violencia que inician con hechos anodinos. 

Del escritor francés Éric Vuillard se tradujo la novela El orden del día (Tusquets. Col Andanzas. Barcelona, 2018, 144 p). El relato inicia en 1932 cuando un grupo de industriales se reúnen con Hitler y Goering y éstos les exigen que financien la campaña electoral del Partido Nacionalsocialista a cambio de mantener sus canonjías y evitar que triunfen los comunistas. Así, los propietarios de Opel, Bayer, Agfa, Siemens, Allianz o Telefunken apoyan no sólo con recursos sino con políticas de inversión y represión a los trabajadores rebeldes a la sumisión nazi.

Rachel Cusk, escritora canadiense, dio a conocer Prestigio (Libros del Asteroide. Barcelona, 2018, 200 p), tercera entrega de una trilogía integrada por A contraluz (2014) y Tránsito (2016). La narradora de todas las historias es Faye y lo que hace es reproducir las conversaciones que tiene con las personas que se encuentra. En la novela que comento lo hace con gentes que asisten a un encuentro literario. Así muestra los oscuros andamiajes del mundo literario.

Con respecto a los relatos nacionales, la novela de Brenda Navarro Casas vacías (Kaja negra. México, 2018, 162 p) trata sobre el dolor que causa a una mujer la pérdida de un hijo, para de ahí tratar la maternidad como un asunto esencial de la condición femenina. La novela puede descargarse gratuitamente de la plataforma de la editorial, que de esta manera crea espacios de publicación y difusión libres para todo tipo de creaciones.  

También la novela de Álvaro Enrigue Ahora me rindo y eso es todo (Anagrama. Col. Narrativas hispánicas, No. 613, Barcelona, 2018, 424 p), una historia sobre el exterminio de los apaches y en el que intervienen gringos y mexicanos para imponer el proyecto modernizador capitalista.

Asimismo de Valeria Luiselli Los niños perdidos (Sexto Piso. Col. Ensayo. México, 2016, 112 p), ensayo escrito a partir de 40 preguntas que deben contestar los niños migrantes para su aceptación en los Estados Unidos. En la transcripción de las respuestas y en sus consideraciones, Luiselli lo hace de manera literaria produciendo un ensayo novelado de alta calidad. Algo similar hace Juan Pablo Villalobos en su libro Yo tuve un sueño (Anagrama. Col. Crónicas, No.118. Barcelona, 2018, 152 p), en donde recoge los testimonios de los pequeños migrantes centroamericanos y los presenta de manera literaria, convirtiéndolos en relatos testimoniales.

En este breve recuento, destaca la alta calidad de la literatura producida por mujeres.