Cuatro puntos y sin condiciones

MONTEVIDEO.- Todo eran risas entre México y Uruguay el mediodía del miércoles 6 en esta ciudad, cuando los cancilleres de ambos países presentaron la propuesta llamada Mecanismo de Montevideo. Marcelo Ebrard y Rodolfo Nin Novoa exhibieron una hoja de ruta de cuatro puntos para colaborar en la búsqueda de un diálogo entre el gobierno venezolano de Nicolás Maduro y la oposición liderada por el autoproclamado presidente encargado Juan Guaidó. 

Tanto Ebrard como Nin repitieron que eran planteamientos “sin condiciones” porque, en definitiva, quienes deberían tomar las decisiones finales serían los venezolanos.

Decían, al cerrar la conferencia en el Palacio Santos, en el centro montevideano, que al otro día le presentarían el plan, cargado de buenas intenciones, a los países de la Unión Europea (UE) que llegarían a la capital uruguaya. Hacia las 13:00 horas del miércoles 6, el primero en hablar fue Nin. “En atención al llamado del secretario general de la ONU, António Guterres, coincidimos en que la única vía para abordar la compleja situación que prevalece en Venezuela es el diálogo, desde una perspectiva de respeto al derecho internacional y los derechos humanos”.

Luego pasó a explicar que el Mecanismo de Montevideo constaría de cuatro fases y con acuerdo de las partes. El primer punto, dijo, sería el “diálogo inmediato: generación de condiciones para el contacto directo de los actores involucrados, al amparo de un ambiente de seguridad”. La segunda etapa sería la de “negociación”, a la que definió como una “presentación estratégica del resultado del diálogo a las contrapartes buscando puntos en común y áreas de oportunidad para la flexibilización de posiciones e identificación de acuerdos potenciales”. 

El tercer punto sería el de “compromisos: construcción y suscripción de acuerdos (…) con características y temporalidad previamente establecidas”, y finalmente, la “implementación: materialización de los compromisos asumidos en la fase previa, con el acompañamiento internacional”.

En caso de que “las partes decidan comunicarse” –esto es Maduro y Guaidó–, el Mecanismo de Montevideo invitaría a participar a los negociadores Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y al frente de la Secretaría General Iberoamericana, y los excancilleres de Uruguay, Enrique Iglesias, y de México, Bernardo Sepúlveda, a quienes se sumaría David Simons, expresidente del Tribunal Supremo de Barbados, como representante de la Caricom.

Luego fue el turno de Ebrard quien, de inmediato, se apuró a hacer una aclaración. “No estamos poniendo condiciones, porque cada condición que se ponga haría más difícil la posibilidad de dialogar”, aclaró mientras manipulaba los papeles y elevaba su mirada al techo, buscando las palabras correctas. “¿A quién le corresponde determinar los temas?”, expresó el canciller mexicano a modo de pregunta retórica. “A las y los venezolanos, no a nosotros”, contestó. 

Quedó claro que a ambos les importaba hacer hincapié en ese punto, porque ante una consulta periodística, Nin insistió: “Vamos al diálogo sin condiciones. Júntense, hablen, acuerden, arreglen. Después, si hay plebiscito, referéndum, elecciones o liberación de presos, esos son cosas que arreglarán entre ellos. No es posible poner, desde afuera, condiciones en un país que tiene las dificultades que tiene Venezuela”. 

Tanto machacaron con no poner condiciones que debieron especificar que la propuesta no incluía un llamado a elecciones anticipadas en Venezuela: “Si pedimos elecciones en tal momento, estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo”, señaló Nin. 

Claro que al otro día Uruguay cambiaría su postura y acompañaría a la UE en la exigencia de elecciones “libres” a la brevedad.

La mañana del miércoles, dos horas antes de la conferencia de prensa en la Cancillería (en el centro de Montevideo), Ebrard se había trasladado hasta la residencia presidencial en el Prado para saludar al presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, y fotografiarse con él. 

La Cancillería difundió en Twitter las fotos con Vázquez, luego con Nin y representantes de países caribeños. Era la antesala de la jornada del jueves 7 con enviados de varios países de Europa para la cumbre internacional. Uruguay y México habían sellado el miércoles una sociedad estratégica en procura de acortar la grieta que separa a Maduro de la oposición. Pero esa alianza se debilitaría al día siguiente.

Del mecanismo al GCI

Por la mañana del jueves 7, Ebrard fue uno de los pocos que salió del hotel Radisson Victoria Plaza para dar unas breves declaraciones. “Vamos a intentar hablar con la Unión Europea para acercar nuestros puntos de vista”, apuntó escuetamente, además de repetir palabras como “diálogo” y expresiones como “sin condiciones”. Alguien le preguntó por un llamado a elecciones adelantadas en Venezuela y el canciller mexicano aclaró que sería “uno de los temas a tratar”.

Minutos después se dio una situación curiosa. Cuando el canciller boliviano, Diego Pary, se aprestaba a cruzar la Plaza Independencia para asistir a la cumbre, un ciudadano venezolano residente en Montevideo lo increpó: “¿Creen que puede haber diálogo? ¿Ustedes manejan las estadísticas de todos los niños que se están muriendo?”.

Luego de que Vázquez y la alta representante de la UE para la política exterior, Federica Mogherini, abrieran la cumbre, ésta se desarrolló durante cinco horas y sin acceso a la prensa. 

Después, según el diario local El País, circuló un borrador facilitado por la UE, donde se reconocían en Venezuela “posiciones políticas diversas”, pero no se hacía alusión a ningún llamado a elecciones. La declaración final leída en conferencia sí tendría más de una mención al respecto. 

A las 16:15 horas, la representante de la UE y Nin se presentaron como voceros para anunciar las conclusiones del documento aprobado por el Grupo de Contacto Internacional (GCI). 

Nin apuntó que el abordaje internacional era para “apoyar una resolución pacífica, política, democrática y propiamente venezolana de la crisis, excluyendo el uso de la fuerza a través de elecciones presidenciales libres, transparentes y creíbles, de acuerdo a la Constitución venezolana”. Fue éste, precisamente, el punto que distanció a México (y a Bolivia) del GCI. 

La declaración sostuvo la necesidad de “restaurar la plena democracia, el estado de derecho y la separación de poderes”. También deploró la cantidad de muertos y heridos por el uso excesivo de la fuerza en Venezuela. El grupo remarcó que pretende “ayudar a encontrar un camino pacífico que pueda conducir a la celebración de nuevas elecciones presidenciales con todas las condiciones y garantías necesarias para un proceso electoral creíble, en el menor tiempo posible”. 

No sólo México se distanció de este grupo por el “mandato constitucional” de no permitirse “injerencias políticas” en otros países. También Bolivia declinó. Pary cuestionó la declaración “porque hace referencia a elecciones inmediatas y esa decisión corresponde a los venezolanos (…) Para nosotros es importante que sean los mismos venezolanos quienes decidan qué temas se van a abordar, cómo se va a resolver el problema y de qué manera se van a encontrar las soluciones”, declaró el canciller boliviano al portal uruguayo Sudestada.

El GCI también le dedicó un párrafo a “la crisis humanitaria que se continúa profundizando día tras día” y sobre la cual nada había dicho el breve comunicado del Mecanismo de Montevideo el miércoles 6. “El grupo expresó su compromiso de desplegar más asistencia en áreas de necesidad y coordinar su entrega en conjunto con el representante especial de ACNUR, Eduardo Stein”.

Luego fue el turno de Mogherini, quien habló en inglés. “El objetivo es colaborar para que se puedan dar elecciones justas y libres”, afirmó, y dejó en claro que había prevalecido la visión europeísta del conflicto venezolano.

Ebrard atendió luego a los medios. Aclaró que no había contradicción entre lo que pretenden el Mecanismo de Montevideo y el GCI, sino que son esfuerzos complementarios, para nada excluyentes. 

“Son diferentes posiciones políticas”, acotó y dijo al reportero que México no podía determinar el proceso político electoral de otro país. Agregó que el Mecanismo de Montevideo pretende reunirse nuevamente la semana entrante.