La Inteligencia mexicana, sin inteligencia

Aún más grave, preocupante y extraño fue un caso cimentado en datos sin comprobar. Un mes después, nuevamente la Dirección Federal de Seguridad (DFS) instrumentó otro largo expediente sobre el médico mexicano Mario Héctor Rivera Ortiz. Este tapatío nacido en 1927, señalado de “comunista”, estuvo en la cárcel entre 1952 y 1954. Salió para luchar por los presos políticos, el magisterio, los sindicatos ferrocarrileros, y a favor de la derogación del artículo 145 del Código Penal, entonces vigente, mismo que tipificaba el delito de “disolución social”.

Tenía correspondencia ya para entonces con gente en Praga y Bucarest, contactos con Renato Leduc, Othón Salazar y, se informó, con el general Lázaro Cárdenas. Fue expulsado del PCM el 24 de abril de 1962 y, a partir de entonces, se relacionó con José Revueltas y otras personas para formar un nuevo partido, un renovado PCM, ya que este último se hallaba proscrito, y cuyo núcleo inicial se denominó “Grupo Espartaco”. Pero lo más grave es que la DFS, teniendo documentada su salida definitiva del país hacia Cuba el 15 de junio siguiente, por un delator, el doctor Sergio Pacheco Sánchez, un antiguo condiscípulo suyo, a finales de noviembre de 1963, sospechaba que el médico tapatío habría estado en Ciudad de México. De ser cierto lo que Pacheco Sánchez afirmaba, ambos se encontraron en el Hospital General de la capital. Se reportó que Rivera Ortiz lo intentó reclutar y agregó que sus contactos eran Irma Guzmán (hermana de su esposa, Carlota Guzmán), así como Teresa Proenza. Según el delator, el médico tapatío le habría dicho que llegó a México en un “helicóptero desde La Habana” (hasta donde “lo acompañó” Fidel Castro), que en Guerrero y Yucatán habría “dos campamentos de entrenamiento para gente que llevaría a cabo la subversión en toda Latinoamérica, incluido este país (sic.)”, y que:

en relación a la política mexicana [Rivera Ortiz] la calificaba de desastrosa con la nueva “designación” del Lic. Gustavo Díaz Ordaz a la Presidencia de la República, puesto que dicho Letrado (sic.) era de tipo clerical y contrarrevolucionario (sic.), por lo que se debe impedir que llegue al poder, eliminándolo (sic.) durante la campaña, opinión con la que estaba de acuerdo Castro Ruz (sic).1

De confirmarse, esto a todas luces violaba el pacto no escrito mediante el cual México, a cambio de haber tolerado y “apoyado” en su territorio a los miembros del Movimiento 26 de Julio, desde 1955, así como de los víveres, medicinas y, quizá, hasta petróleo, vendidos preferentemente a Cuba, obtenía de ellos una excepción, a partir de 1959, a sus intentos de exportar su revolución e ideas al país, interfería en los asuntos internos de México, y tomaba a Guerrero y Yucatán como campo de entrenamiento para acciones guerrilleras en Latinoamérica. Pero, además, si hubiese sido cierto, amenazaba, ni más ni menos, a un ciudadano y político destacado que pretendía llegar a la Presidencia de la República y que con toda seguridad lo lograría. Adicionalmente, sobra reiterarlo, en todo ello Teresa Proenza se encontraba supuestamente involucrada.

Hoy, el doctor Mario Héctor Rivera Ortiz niega esta supuesta conspiración manejada por la DFS. Acepta haberse traslado a vivir a Cuba en 1962. Dice que lo hizo por su militancia comunista, dado que en la isla había 6 mil médicos, de los cuales hacia aquel año salieron exiliados cerca de la mitad, y por esa razón buscó a Teresa Proenza, para ofrecerse como voluntario, pues la conocía desde antes. Afirma nunca haber tratado a alguien de nombre Sergio Pacheco Sánchez. Como prueba de sus dichos insiste en que siempre que salió de Cuba y viajó a México lo hizo de manera legal y así se asentó en sus pasaportes de manera regular. Asegura enfático, que en caso de que hubiese sido cierta su implicación en una trama para asesinar ni más ni menos que al candidato presidencial Díaz Ordaz, la DFS no le hubiese permitido volver durante dicho régimen, ya que él afirma haber vuelto a radicar en México en 1966 y, con tamaños cargos sobre sus hombros, desconocidos por él, hoy por lo tanto, se asombra de estar vivo.2

A su favor, la antepenúltima foja de los “Antecedentes y actividades del Dr. Mario Héctor Rivera Ortiz”, redactados por la DFS, documento citado aquí inmediatamente antes, en su “quinta conclusión”, luego de narrar dicho complot tan sorprendente como absurdo, era clara al afirmar: “lo único que no ha podido acreditarse, es que en estos últimos días el doctor haya estado en México”.3 O sea, si la base de sustentación de toda aquella delación de Pacheco Sánchez era dudosa, no cabía esperar mucho del resto.

Toda esta historia puede hoy incluso mover a risa, pero por un lado cabe preguntar: ¿Qué decisiones políticas de Estado se tomaron con base en esos inconsistentes informes? Por otro lado, ¿estas acusaciones serían parte de las calumnias de Win Scott?4 ¿O eran independientes y locales? ¿Qué tan enterada estaba la DFS de la parte cierta y ficticia de estos informes?, todo lo cual ya no es simpático ni gracioso.  l 

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1 AGN, DFS, Versión pública de María Teresa Proenza y Proenza. Expediente integrado, legajo único, ff. 82 a 102, la última cita en la caja 256, f. 83. “Antecedentes y actividades del Dr. Mario Héctor Rivera Ortiz”, documento sin firma, 22 de noviembre de 1963. El hecho de que se afirme sin más que Fidel Castro estaría al tanto y de acuerdo en una acción de este tipo debió ser sumamente grave, pero a la vez la información que contiene es un tanto ingenua, así como pensar que el mismo Castro fuese a despedir al médico al aeropuerto de Puerto Boyeros para que abordase el helicóptero que lo había traído a México en esa supuesta misión clandestina.

2 Entrevista a Mario Héctor Rivera Ortiz por Xavier Guzmán Urbiola, 15 de julio de 2017.

3 AGN, DFS, Versión pública de María Teresa Proenza y Proenza, Expediente integrado, legajo único, caja 256, f. 19, “Antecedentes y actividades del Dr. Mario Héctor Rivera Ortiz”, documento sin firma, 22 de noviembre de 1963.

4 Winston MacKinley Scott, director de la Oficina de la CIA en México entre 1956 y 1969, coordinnador de alrededor de 50 agentes.