El códice más enigmático del orbe y su sinfonía (III final)

Con esta entrega finaliza la narración en torno al libro que más misterios encierra y que más incógnitas ha planteado desde su creación a mediados del siglo XV. Se recordará que los textos previos se dividieron en apartados y que ellos esclarecieron, hasta donde es posible, los fascinantes avatares del objeto –hoy conocido como Códex Voynich–, y de los personajes que tuvieron que ver con él al cabo de las centurias. Son, a vuelapluma: El predestinado que lo obtuvo a precio de ganga, Su donación postrera, La reconstrucción de su peregrinaje, Sus particularidades y contenidos y Las primeras teorías y su postulado nexo con Áridoamérica. Aquel titulado Una plausible vinculación con Leonardo quedó trunco…

Se asentó, pues, que la investigadora estadunidense Edith Sherwood ha estudiado durante varios lustros el manuscrito, y que en los ensayos que lleva publicados ha consignado sus notables hallazgos.1 Todos ellos apuntan a que el elusivo autor se trató, nada menos, que de Leonardo da Vinci cuando era un niño de 8 o 10 años. Ya se dijo que la doctora Sherwood, asimismo una tenaz estudiosa de la obra del genio toscano, se percató de la semejanza de las caligrafías. Llevando más a fondo la premisa, cayó en la cuenta que el indescifrable texto parece haberse formado por anagramas compuestos mediante letras inventadas por el precoz artista. Sherwood sugiere que el invento de las letras pudo proceder de la imitación de los adornos caligráficos que utilizaba el padre de Leonardo, cuya profesión era la de notario y escribano.

Habría que considerar, en aras de validar la teoría de la investigadora, que ya desde la Edad Media el uso de los anagramas era muy socorrido, especialmente por los científicos, quienes estaban sujetos a una feroz labor inquisitorial por parte de la Iglesia. De ahí que los emplearan para tratar de ocultar sus “heréticos” escritos. Galileo, por ejemplo, registró su descubrimiento de las fases de Venus recurriendo a la forma de anagrama.

Sin embargo, la revelación más asombrosa –y quizá la más concluyente– se encuentra en el folio 70v. En él está representada una rueda zodiacal en la que cada signo está ocupado únicamente por mujeres encintas, salvo una. La única que ya parió corresponde a la del signo de Aries y, curiosamente, el Carnero o Ariete es la figura central de la rueda. Para reforzar el mensaje, está consignada la posición de las estrellas en la noche –entre las 9 y las 12 pm– de un 15 de abril, fecha y hora aproximada del nacimiento de Leonardo en 1452. Y eso no es todo, de hecho aquí viene lo crucial: entre las patas del Ariete puede leerse claramente odranoiL; así, en caracteres latinos escritos por un zurdo, con una “i” en lugar de la “e”, que es como a menudo se firmaba.

Huelga recalcar que de verificarse la autoría leonardesca, muchas de las incógnitas se despejarían de inmediato. Para empezar, la calidad de las ilustraciones que, procediendo de manos de un adulto serían mediocres, siendo obra de un niño genial, resultarían convincentes y, por supuesto, inmensamente conmovedoras. Se trataría de los primeros dibujos de un infante súper dotado que está descubriendo el mundo y que lo que ve a su alrededor lo cautiva y lo mueve a la observación. Y no se habla de la observación típica de un infante curioso, sino de una tan sistemática y tan portentosa como aquella con la que da Vinci aprendió a escrutar su realidad circundante.     

Si se piensa nada más en la sección botánica del manuscrito, ciertamente el propio “Lionardo” dejó escrito en el Codex Atlanticus –aquel donde reside la mayor recopilación davinciana de dibujos y escritos– que había dibujado “muchas flores”, de las que no quedó, aparentemente, ningún rastro. Incluso, las distorsiones y las extrañas formas de las raíces, hojas y tallos, quizá no sean tales, pensando en que era da Vinci que se divertía aplicando su ferviente imaginería… Empero, también a la dificultad para identificar las especies dibujadas, la doctora Sherwood le ha encontrado solución. Ésta la halló consultando el libro I Giardini Botanici di Padova 1545-1995, en el que casi todas las especies tienen representación. El dibujo de un supuesto girasol, planta americana que contradeciría la fecha de escritura de mediados del siglo XV, acorde con la ilustración del libro, resultaría, más bien, una alcachofa plasmada aquí por un niño.

Y ya con esa tónica establecida, en el folio 86v aparece el dibujo de un castillo de planta cuadrada con almenas bifurcadas, al que también la doctora le ha encontrado una maravillosa correspondencia. De ese tipo de edificación fortificada sólo hay un ejemplar en el norte-centro de Italia, la construida por Federico II en Prato,2 pequeña ciudad que, incidentalmente, se halla muy cerca de Vinci, pueblo natal de Leonardo.

¿Podrá arribarse a una legitimación total de la autoría propuesta?… Es difícil predecirlo; no obstante, habrá que esperar que la decodificación del sistema de anagramas se consolide y que la comunidad científica internacional lo valide. Por lo pronto, la mera idea de estar frente a los esbozos infantiles del mayor protohombre del Renacimiento plantea un horizonte cuajado de luminosas expectativas…

La lectura sinfónica

Si los enigmas del Códex Voynich han atizado la imaginación de novelistas y artistas gráficos, ¿no era posible que se pensara también en la creación de una magna obra musical? Por supuesto que sí; surgiendo la resolución de los directivos de la Orquesta Sinfónica de New Haven, ciudad portuaria del Estado de Connecticut, EUA, donde tiene su asiento la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. Vendría, por consiguiente, el asunto de elegir a un compositor que tuviera los tamaños para semejante empresa, y para ello se consultó a la escuela de música de la universidad, misma que propuso a una de sus profesoras, quien es reconocida por sus grandes dotes creativas y su inagotable fantasía sonora. Es una arpista connotada, joven pero de alma vieja, y gracias al encargo, igualmente “compositora en residencia” de la citada orquesta. Su nombre, Hanna Lash, mismo que quedará ligado por siempre al manuscrito, así como sucedió con el librero y anticuario Wilfrid Voynich un siglo atrás.

Definidos los términos del encargo, la maestra Lash obtuvo una beca del National Endowment for the Arts, merced a la cual pudo consagrarse íntegramente a la escritura de la sinfonía. Dos años de intenso trabajo le tomó completarla, y conforme iba concluyendo los movimientos –4, como es la norma sinfónica–, la New Haven Symphony Orchestra (NHSO) los fue presentando en público. Los primeros conciertos de estreno avinieron en octubre de 2015, mayo de 2016 y octubre de 2016, ejecutándose la sinfonía completa en el Woolsey Hall, de New Haven, el 4 de mayo de 2017.

“Componer la obra para la NHSO me pareció la mejor manera de honrar un objeto que me había subyugado prácticamente desde que tengo memoria”, declaró para la prensa la eminente creadora. En sus propias palabras, “la sinfonía consiste de los cuatro movimientos reglamentarios, a los que titulé, por influencia directa del códice, Herbal, Astronomical, Biological y Cosmological. Todos, en su conjunto, poseen su propia identidad y su andadura específica.

El movimiento Herbal tiene un carácter saltarín y juguetón, en analogía con las fantasiosas plantas que ilustra el manuscrito. El Astronomical, que se relaciona naturalmente con los cuerpos celestes y las cartas astrales ilustradas, se desarrolla en un tiempo más lento que el primero y, en general, denota un carácter más austero. Con respecto al tercero, Biological, la inspiración emanó de los inescrutables dibujos de las mujeres que yacen en los extraños cuerpos de agua. La música confeccionada es la de un scherzo o broma musical. El último, Cosmological, expresa una sensación de vastedad espacial, y combina elementos ya enunciados.3

En sintonía con los misterios del códice, la orquesta sinfónica de New Haven se rehusó a grabar las ejecuciones de la obra, permitiéndoles sólo a los “iniciados” una audición en vivo y en directo. A pesar de ello, por solicitud expresa de esta columna y en franco reconocimiento por el vivo interés de los lectores de estos textos, en breve se facilitará una grabación de la Voynich Symphony que permitirá desvelar sus propios misterios… Se agradece, anticipada y genuinamente, a todos por igual.  

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1 Pueden consultarse en el sitio edithsherwood.com

2 Se trata del Castello dell´Imperatore o Castello Svevo, que fue construido por el rey de Sicilia en el siglo XIII.

3 Se sugiere la escucha del siguiente vínculo: https://www.youtube.com/watch?v=4oWEKYA_A1Q