ZsONAMACO 2019

Espectacular sin espectáculo, sobria sin aburrición, y muy disfrutable para mirarse como arte si el interés no es únicamente comercial, la edición 16 de la feria ZsONAMACO México Arte Contemporáneo sobresale por su calidad, experiencialidad y diferencia.

Fundada por la regiomontana Zélika García en 2004 y dirigida actualmente por un equipo de tres mujeres bajo su batuta –Tania Ragasol como directora artística, Marisol Barbosa como directora de operaciones, y Cecilia León de la Barra como directora de ZsONAMACO Diseño–, la edición de este año recuerda la importancia que han tenido las mujeres en la promoción comercial del arte en México:

La primera galería de arte que operó en la Ciudad de México fue fundada por Inés Amor en 1935, y la primera feria mexicana de arte contemporáneo fue impulsada por la coleccionista Gabriela López Rocha en la ciudad de Guadalajara en 1992. 

La ausencia de las galerías “blue chip” como Gagosian y Zwirner –Marian Goodman no es relevante ya que sólo participó una vez, en 2018, gozando además de una exhibición para su artista Cerith Wyn Evans en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo–, lejos de dañar a la feria, la beneficiaron al no contar con los abrumadores espejismos artísticos y museísticos de sus marcas.

Dividida en cuatro secciones correspondientes a Galerías, Arte Moderno, Zona Marco Sur y Nuevas Propuestas; las dos primeras sobresalen tanto por la solidez de las firmas que ofertan, como por la contundencia y calidad de las obras que presentan.

Con numerosas piezas de mercado secundario –obras que no provienen directamente de los artistas sino que ya fueron vendidas con anterioridad–, en la sección de Galerías destacan propuestas con creadores de primer nivel que nunca se han exhibido en museos mexicanos. En el primer día de la feria, la Michael Fuchs de Berlin se impuso con una curaduría centrada en estéticas neo-pop provenientes del Street Art. Además de una atractiva pintura mural de Keith Haring –siete millones de dólares– y una sintética pieza de Jean-Michel Basquiat, el stand destacó con pinturas y esculturas de KAWS y Kenny Scharf.

Con piezas más sutiles y museografías tan discretas que convertían las obras en retos para descubrir, la galería Kasmin de Nueva York ofreció en venta una bellísima pintura “low-brow” de Mark Ryden en un millón 250 mil dólares, la Blain Southern de Londres sorprendió con una pequeña pintura del agresivo y neoromántico pintor alemán Jonas Burgert en 74 mil 500 dólares, y la Skarstedt de Nueva York exhibió una típica pieza textil de Rosemarie Trockel de 1992 con un precio de 52 mil 500 dólares. 

En la escena del arte moderno, además de las atractivas pinturas de Marc Chagall que ofrecía la galería Opera de Miami en un rango de 500 mil a 2 millones de dólares, destacó, por la repetitividad de su oferta, la obra bidimensional del español Manolo Valdés (Valencia, 1942). Presente en las galerías estadunidenses Opera y Rosenblaum, en la hispana Freijo, en las colombianas El Museo y LGM, la firma Manolo Valdés evidencia tanto una confusión ferial sobre la definición de arte moderno, como una nerviosa y saturada oferta en el mercado.

Catalogada erróneamente como moderna, la obra reciente del mexicano Manuel Felguérez fue ofertada en la galería Durban Segnini de Miami con precios entre 70 mil y 120 mil dólares.

En lo que respecta a las galerías mexicanas, además del agotamiento artístico que se evidencia en la Kurimanzutto –siempre con el mismo tipo de piezas de Abraham Cruzvillegas–, en esta edición sobresalió y sorprendió Gaga con una selección de estéticas neo-pop, entre las que destaca una pintura escenográfica de Juan José Gurrola realizada en 2002. 

Con una excelente selección de diseñadores –entre ellos la siempre sorpresiva creativa de la moda vinculada con estéticas artesanales Carla Fernández y el espléndido escultor-diseñador Pedro Cerisola–, y una sección curada de Z.ONAMACO SUR –en la que sobresale tanto la humorística e intimista obra de Liliana Porter en la galería Carrie Secrist de Chicago, como la exquisita tridimensión en papel y deshechos industriales de Keita Miyazaki en la londinense Rosenfel Porcini–, la edición 2019 de ZsONAMACO se impone como una de las mejores ediciones.

Débil y confusa en la sección de Nuevas Propuestas –curada por José Esparza Chong Cuy–, entre las propuestas abundan creaciones con textiles que no logran destacar en el conjunto.