“La Guzmán”

Las productoras de series como Netflix, Fox, Sony, Telemundo están haciendo acuerdos con empresas nacionales para realizar piezas que tengan relación con biografías de artistas y cantantes populares. Los relatos edulcoran las vidas, a cual más conflictivas, de los personajes. Suelen ser poco críticas con el medio profesional, ocultan las verdaderas condiciones de trabajo y explotación convirtiéndolas en conflictos sentimentales.

Se destaca el glamour de presentaciones, conciertos, vestimenta y luces. Aprovechan para insertar en el melodrama trozos de show, interpretaciones y desempeños espectaculares. El dinero empieza a fluir, el despilfarro también, la cotidianeidad se hace pedazos al influjo de drogas, alcohol, amoríos. Al final todos salen bien librados, se recuperan de sus adicciones y vuelven a los escenarios.

Varios títulos han sido difundidos en México: Paquita la del Barrio, Luis Miguel, Celia Cruz. Hoy Canal 3 pone al aire desde enero una telenovela, presentada como serie, que se titula La Guzmán, en horario estelar. Está coproducida por Sony Pictures Television, Teleset e Imagen. Se supone basada en la vida de Alejandra Guzmán, cantante hija del rockero Enrique Guzmán y la actriz, productora, exdiputada del PRI, Silvia Pinal.

La historia empieza en los años 70 cuando Alejandra era apenas adolescente y ya quería subir a los escenarios, ya se sentía un prospecto de estrella pues toda su familia trabajaba en el medio, y para ella era el camino natural. Sin embargo ni su madre ni su tío Emilio Guzmán estaban de acuerdo con sus incursiones en ese terreno, tanto por su edad como debido al conocimiento de los riesgos que entraña para una jovencita inmiscuirse en el medio de la farándula.

Muy visible en las pantallas, Alejandra Guzmán ha protagonizado varios escándalos, uno muy sonado fue el de sus operaciones estéticas que la llevaron al borde de la tumba. Veremos si la serie se adentra por esos recovecos.

Si bien la cantante siempre se mostró llena de energía, incluso excedida, la actuación de quien la representa parece poco creíble. Continuamente se está moviendo, habla sin parar, a la menor insinuación se pone a cantar o a bailar. No hay diferencia entre su día a día y sus presentaciones. El vestuario es igualmente exagerado. Por su parte la actriz que personifica a Silvia Pinal está lejos del tipo físico de la madre real de Alejandra Guzmán. Entre los personajes secundarios el único que sobresale es el tío. El resto está mal caracterizado, sobreactúan, recitan sus papeles.

Molesta la mirada en exceso complaciente, las escenas histéricas. La escenografía, el vestuario están poco cuidados y no siempre coinciden con la época que se retrata. En especial, en el caso de “la Guzmán”, que usa atuendos contemporáneos para salir a la calle y casi los mismos para presentarse en escena. Muchos son copia de aquellos que hicieron famosa a Madona en sus primeros tiempos.