Rebota en Chile la crisis venezolana

Exfuncionarios y analistas coinciden: el presidente chileno, Sebastián Piñera, cometió un gran error al tratar de encabezar un movimiento de supuesta ayuda para Venezuela. Su fracaso al intentar meter esa ayuda humanitaria por Cúcuta le restó credibilidad y fuerza política, además de que se le condena en su propio país por desatender problemas internos urgentes, como los incendios forestales que asuelan grandes regiones de Chile. Además, los exiliados venezolanos en Santiago, envalentonados, han protagonizado provocaciones contra la izquierda y no dejan de atosigar a la expresidenta Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Santiago.- El presidente chileno Sebastián Piñera fracasó en su sueño de encabezar la caída del gobierno venezolano de Nicolás Maduro: su viaje a la ciudad colombiana de Cúcuta no cumplió ninguno de los objetivos propuestos y expuso a la política exterior de Chile a uno de los peores ridículos de su historia, coinciden excancilleres y analistas políticos.

El 22 de febrero se realizó en dicha ciudad fronteriza el concierto Venezuela Aid Live, organizado por el multimillonario británico Richard Branson con el respaldo de Estados Unidos y Colombia.

La jornada sería el “preámbulo festivo al intento de ingreso de ayuda humanitaria por la frontera colombiana, buscando con ello precipitar el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro”, editorializó el diario chileno Interferencia el 25 de febrero.

Piñera llegó a Cúcuta con 8.6 toneladas de alimentos y medicinas. “Nuestra presencia aquí es para solidarizar con la lucha del pueblo venezolano por recuperar su democracia en forma pacífica, dentro de la Constitución y para eso el mejor camino, si no el único camino, es tener elecciones libres, transparentes y democráticas lo antes posible, convocadas por el presidente encargado, Juan Guaidó”, dijo el jefe de Estado chileno, acompañado por el presidente de Colombia, Iván Duque.

A primera hora del día siguiente, cuando la tensión era máxima dado que se había fijado ese 23 de febrero como fecha límite para la entrega de la “ayuda”, Piñera, Duque, Guaidó y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se congregaron en el fronterizo puente Tienditas. Allí 10 camiones esperaban que las fuerzas armadas venezolanas cedieran el paso. Pero esto no sucedió. 

Esto fue toda una sorpresa para Piñera y los otros impulsores de la operación. Tan seguros estaban de su éxito que la representante de Guaidó en Santiago, Guarequena Gutiérrez –reconocida como “embajadora” por la cancillería chilena– afirmó el 20 de febrero al diario La Tercera que “la ayuda humanitaria va a entrar porque habrá un quiebre en la Fuerza Armada Nacional (de Venezuela)”. Esta era la hipótesis de trabajo en la que creyó Piñera. Pero volvió con las manos vacías. 

“Toda esta operación llamada ‘humanitaria’ fue un fracaso, porque ni la ayuda llegó y, en el corto plazo, el gobierno de Maduro salió fortalecido”, señala en entrevista el exdiplomático chileno y experto en relaciones internacionales Boris Yopo. 

Asegura además que en realidad esta ayuda humanitaria “fue más bien una operación político-comunicacional del gobierno chileno y del Grupo de Lima, que apostaba a que se produciría el fraccionamiento de las Fuerzas Armadas y la caída de Maduro. Pero nada de eso sucedió”. 

Asimismo manifiesta que la maniobra en la que se embarcó Piñera tiene un costo para la diplomacia chilena, “porque ésta siempre ha servido de puente para solucionar de manera negociada este tipo de conflictos”. 

Consultado respecto de cuál es la razón que tuvo el presidente de Chile para querer convertirse en actor principal en la crisis política venezolana, Yopo señala: “Piñera tuvo la ambición de transformarse en un líder continental. Pensaba que Maduro caería y que él entraría triunfante a Caracas con Guaidó”. 

Polémico anuncio

Desde el 18 de febrero, cuando Piñera anunció en Twitter su viaje a Cúcuta, se desató un mar de críticas. “Venezuela y su pueblo necesitan apoyo internacional para recuperar su libertad y democracia”, por lo que con el presidente colombiano Iván Duque “(llevaremos) ayuda a quienes llevan por años sufriendo crisis causada por la dictadura”.

El politólogo Patricio Navia, cercano al oficialismo, fue uno de los primeros en advertir (el mismo 18 de febrero) de los riesgos de la decisión de Piñera. “Si Estados Unidos hace mal las cosas y Maduro no cae, Piñera pagará los costos de un plan que él no controla”.

Quien fue canciller del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el socialista Juan Gabriel Valdés, señala: “Este es el acto más populista que ha realizado un presidente de Chile. Venezuela requiere ayuda humanitaria pero no del espectáculo en que se ha transformado la política exterior de Chile”.

La andanada opositora continuó al día siguiente cuando los excancilleres José Miguel Insulza y Mariano Fernández, junto a la senadora socialista Isabel Allende y otros dirigentes, emitieron la “Declaración sobre la situación en Venezuela y la política exterior del Gobierno de Sebastián Piñera”, donde criticaron a éste por su proceder. 

Hicieron notar la obsecuencia del presidente chileno ante Estados Unidos: “En los hechos Chile se ha plegado a la estrategia norteamericana” del presidente Donald Trump, “que necesita imperiosamente algún triunfo político internacional (para conseguir su reelección)”.

Piñera acusó recibo de las críticas. El 21 de febrero, un día antes de ir a Cúcuta y en medio de un viaje a la región de La Araucanía, articuló una respuesta: “Quiero recordar a mis contradictores que uno de los principios más hermosos y nobles de la política exterior chilena es su firme compromiso en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos”. 

En ese contexto indicó que fue invitado a Cúcuta por Juan Guaidó para que le prestara apoyo en su intento de hacer que “la ayuda humanitaria que el pueblo venezolano necesita” llegase a destino. Por lo mismo, aseguró que con su viaje estaría cumpliendo “con aquel noble principio de defender los derechos humanos”.

El excanciller Valdés respondió ese mismo día por Twitter: “El presidente parece no entender que la política exterior de un país no es blanco o negro. Chile apoya que el pueblo venezolano se libere de este régimen ilegítimo mediante elecciones libres, que sus derechos humanos y ciudadanos sean respetados y que la ayuda humanitaria pueda ingresar (…) pero Chile también debe comprometerse con la paz y la solución mediante el diálogo de la crisis venezolana, y rechazar categóricamente la posibilidad de una invasión militar de los Estados Unidos que traería a Venezuela y a la región males aun mayores que los actuales”.

Maduro también se manifestó. El 19 de febrero aseveró que Piñera y Duque promovían “una provocación y una violencia contra Venezuela y están llamando a asaltar la frontera”, como dijo en transmisión de la estatal Venezolana de Televisión.

Múltiples secuelas 

La forma en que Piñera actuó en torno a la crisis venezolana ha tenido consecuencias internas. No es para menos: el presidente decidió su viaje a Colombia en medio de una ola de incendios que arrasaban grandes extensiones del centro, sur y extremo sur de Chile.

La mañana del 18 de febrero, poco antes de dar a conocer su viaje, Piñera informaba erróneamente que en Cochrane (municipio de la región de Aysén) estaba lloviendo copiosamente y que eso contribuiría a “apagar los incendios”. Agregaba: “Ahora nos concentraremos en los incendios de la Araucanía, Biobío y Nuble”. 

Sin embargo no llovía. Y peor, las condiciones de temperatura y viento hacían que el fuego se expandiera con rapidez. Según informó ese día 18 Patricio Ulloa, alcalde de Cochrane y militante del oficialista partido Unión Demócrata Independiente (UDI), el fuego ya había quemado 20 mil hectáreas de bosque.

El alcalde solicitó al gobierno que pidiera “ayuda internacional” para apagar el fuego, dadas sus limitaciones para contenerlo.

Ulloa además denunció que el Ejecutivo había empezado a enviar ayuda para apagar el fuego sólo después de siete días de iniciado. Sus dichos causaron revuelo nacional y pusieron a La Moneda en el centro de las críticas.

“Los mataron por huevones”

La crisis venezolana también ha repercutido fuertemente en Chile por la gran cantidad de migrantes de Venezuela: más de 200 mil, según cifras oficiales. 

El 22 de febrero, cuando Piñera llegaba a Cúcuta, hubo duros incidentes en el exterior de la embajada de Venezuela, protagonizados por migrantes venezolanos, que protestaban contra Maduro, y militantes chilenos de izquierda, que lo defendían. 

En un momento los primeros –guiados por un militante chileno de la UDI– entonaron cánticos burlones: “Comunistas, maricones, les mataron los parientes por huevones”.

Esto generó fuerte rechazo nacional, convirtiendo como primera tendencia en Twitter el hashtag “FueraVenefacistasDeChile”. Muchos de los mensajes emitidos no escondían la hostilidad a la permanencia de venezolanos en territorio chileno. 

La fuerza política de la comunidad venezolana en Chile se había expresado el 23 de enero, cuando Guaidó se autoproclamó “presidente encargado” de su país. Entonces cerca de 20 mil de sus compatriotas coparon la céntrica Plaza Italia, de Santiago, congregados bajo el lema: “¡A la calle con el presidente Guaidó!”.

A diferencia de otras manifestaciones en este lugar, esta protesta no fue reprimida por la policía, la que incluso permitió que se cortara largo rato el tránsito por la Alameda, principal arteria vehicular de Santiago. Esto es expresión de la complicidad con que los grupos políticos de aquella nación operan en Chile, a diferencia de lo que ocurre con los migrantes de otros países –como los haitianos– que son estigmatizados por las autoridades y perseguidos por las fuerzas de orden.

Contra Bachelet

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la presión sobre la expresidenta y actual alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

Desde que fue nombrada en dicho cargo –el pasado agosto–, personeros de gobierno chileno y de sus países aliados le han solicitado majaderamente que tenga un rol activo en la materia. 

El 11 de febrero Piñera sostuvo que “la crisis política y económica, la tragedia social y humanitaria” en Venezuela, “es de tal magnitud y gravedad “que se acabó el tiempo de las reflexiones y los diagnósticos y llegó el tiempo de la acción y de las soluciones”.

En ese contexto, declaró que Bachelet “conoce muy bien la situación y ella sabe muy bien cuáles son sus obligaciones, por lo que nosotros estamos atentos a las decisiones que tome en esta materia”.

El 28 de febrero la senadora y presidenta de la derechista UDI, Jacqueline van Rysselberghe, declaró en Brasilia –donde se reunió con Guaidó– que la alta funcionaria de la ONU “mantiene un silencio cómplice, y cuando levanta la voz, lo hace con voz tibia, no reconoce la crisis que existe”.

El 25 de febrero los países del Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú) se reunieron en Bogotá. Allí hicieron un llamado a la alta comisionada “a responder a la brevedad” ante la situación en Venezuela.

Sin embargo, la presión más escandalosa provino del cantante español Miguel Bosé. El 22 de febrero, y ante miles de asistentes al concierto Venezuela Aid Live, soltó frases que se convirtieron en comentario mundial: “Aprovecho también para decirle a la señora Michelle Bachelet (…) que venga de una puñetera vez a ver la cantidad de falta y de ruptura de derechos humanos (…) Ven aquí ¡mueve tus nalgas y hazte valer con la autoridad que tienes, o si no, para esto no sirves! ¡Fuera!”.

Si bien Piñera rechazó estos dichos, lo hizo sólo en la forma, no en el fondo: “Comparto q NU y Oficina Alto Comisionado de NU para los DDHH deben jugar un rol más activo y eficaz en recuperación libertades y respeto DDHH en Venezuela. Pero no comparto y rechazo las irrespetuosas palabras de un conocido cantante contra la ex presidenta de Chile M Bachelet”, señaló esa misma jornada en sus redes sociales.

Yopo expresó que contra Bachelet hay “una operación política: el gobierno de Piñera y la derecha insisten en querer dañar su imagen y eso responde a que tienen mucho temor a que ella pueda volver a Chile y eventualmente lanzar una tercera candidatura presidencial, lo que ella ha descartado”. Las próximas elecciones presidenciales serán en 2021.