Para Álvaro Delgado, el Premio Carlos Terrés del Centro Universitario de los Lagos de la UdeG

Así como el presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció separar el poder político del poder económico, es “necesario y urgente que también rompa con la tradicional relación entre el poder público y los medios de comunicación cimentada en el dinero público y las complicidades”, expresó el periodista Álvaro Delgado Gómez al recibir el viernes 8 el Premio Carlos Terrés que otorga el Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara.

“No basta con enunciar virtudes, sino acreditarlas”, señaló en referencia a que “el periodismo ante López Obrador, ahora como siempre, está llamado a verificar si las ofertas se cumplen mediante el riguroso escrutinio que tanto exaspera al poder de cualquier signo”. 

Delgado –quien está próximo a cumplir 25 años como reportero de Proceso y es autor de libros como El Yunque, la ultraderecha en el poder; El ejército de Dios; El engaño, prédica y práctica del PAN, y El amasiato. El pacto secreto Peña-Calderón y otras traiciones panistas– reflexionó sobre el periodismo y el papel que debe jugar ante el poder, sea este público o privado, formal o de facto.

Los ejes rectores del periodismo

Se transcriben a continuación fragmentos sustanciales de su discurso relativos a la “tensa relación dialéctica” en la que conviven el poder y el periodismo:

“¿Qué es ser periodista? ¿Para qué ser periodista? En lo básico, es investigar, procesar y difundir asuntos de interés público, es decir, información que le concierne a las personas en comunidad. El periodista, como definió el periodista francés Gabriel Peri, es el historiador de lo inmediato.

“El buen periodismo es intrínsecamente transformador y, porque lesiona intereses, concita la furia del poder. Tiene razón Rodolfo Walsh: ‘El periodismo es libre o es una farsa’.

“Debemos tener claro todos, los periodistas y los no periodistas, lo que representa el periodismo ante el poder. En noviembre escribí, en mi columna semanal del diario El Heraldo de México, Historia de lo inmediato, una convicción que quiero aquí ratificar:

“El periodismo remueve, escudriña, examina, documenta y difunde el ejercicio del poder y sus excesos. El poder acota, burla y combate el escrutinio al que lo somete el periodismo, al que reprime y extermina si hace falta.

“El poder es control; el periodismo, libertad.

“Las naturalezas de ambos, contrapuestas, conviven en una tensa relación dialéctica en los regímenes democráticos; en las tiranías, el poder manda.

“El periodismo, para ser fiel a su naturaleza de servicio a la sociedad, tiene como condición la independencia. Sujeto al poder –político, económico, mediático, religioso, castrense, sindical–, el periodismo es débil y (se) degrada a propaganda.

“Junto con la independencia, el periodismo tiene en el apego a la verdad otro de sus ejes rectores. Ajustarse a los hechos, aportar evidencias, es condición para construir la credibilidad a la que aspira todo medio y periodista.

“No es el fin del periodista confrontarse con el poder, un pleito desigual de suyo, pero la naturaleza de la profesión conduce al disenso, a la discrepancia, al choque. El poder debe enfrentarse sin alardes, pero con firmeza.

“Nada exaspera tanto al poder como la crítica, pero la salud de una democracia se mide, entre otras cosas, por la vigencia de los derechos constitucionales como la libertad de expresión y el derecho a la información, que a menudo el poder busca menoscabar.

“En democracia también el periodismo y los medios de comunicación, no sólo el poder, están –estamos– sujetos al escrutinio. Pero es la sociedad, no el poder, la que con su vigilancia premia y castiga.

“Hace casi 100 días, cuando se inició el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, México emprendió una nueva etapa en la relación poder público-medios de comunicación. Como en tantas cosas, en esta asignatura priva la falta de certeza.

“En lo que no puede haber incertidumbre es en la convicción de lo que somos los periodistas y los políticos que detentan el poder público y que, como decía Julio Scherer García, fundador del semanario Proceso, son muy distintos:

“‘La sangre del político no es igual a la sangre del periodista. Corren por venas distintas y alimentan organismos distintos. No hay manera de unir sus torrentes sin envenenarlos’.

“Pero también, decía, políticos y periodistas son especies que se repelen y se necesitan para vivir: ‘Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato’.

“Así como el presidente electo anuncia, como parte de su ofrecida ‘Cuarta Transformación’, que separará el poder político del poder económico, lo necesario y urgente es que también rompa con la tradicional relación entre el poder público y los medios de comunicación cimentada en el dinero público y las complicidades.

“No basta con enunciar virtudes, sino acreditarlas. El periodismo ante López Obrador, ahora como siempre, está llamado a verificar si las ofertas se cumplen mediante el riguroso escrutinio que tanto exaspera al poder de cualquier signo.

“Concluyo: En el periodismo, como en cualquier actividad, técnica es ética, que no es sólo honestidad, sino dominio de la profesión: Sin técnica, al arquitecto se le cae el edificio y al periodista se le derrumba la credibilidad, columna vertebral de su trabajo (…).”