Crecimiento sí, pero precario…

En materia económica hay “una disonancia entre lo que está pensando la sociedad en general y lo que observan los analistas y los organismos financieros multilaterales”, sostiene Eduardo Sojo, quien fuera secretario de Economía de Vicente Fox. Dedicado ahora a la academia en el CIDE, advierte: “Tampoco es buena señal que se asignen obras al Ejército en vez de licitarlas”.

Justo cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador cumple 100 días en el cargo, las proyecciones que anticipaban una desaceleración de la ­economía mexicana este año se comienzan a traducir en datos duros. Y éstos confirman que, en materia económica, el nuevo gobierno arrancó con el viento en contra.

Reportes oficiales divulgados en los últimos días señalan que en diciembre pasado, primer mes de López Obrador en el cargo, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) disminuyó 0.4% con respecto a noviembre, y la producción industrial se contrajo 2.5% arrastrada por la caída del sector petrolero.

Ese mismo mes, las ventas de comercios minoristas bajaron 3.2 puntos porcentuales, lo que representa la mayor contracción mensual en cinco años.

 Además, la Secretaría de Economía dio a conocer que la inversión extranjera directa que captó México en el último trimestre de 2018, durante el cual se canceló la construcción del aeropuerto de Texcoco, cayó 14.8% con relación al mismo periodo de 2017. 

Otra señal de desaceleración fue la disminución de los ingresos públicos en enero pasado, que fue de 7.5% con respecto al mismo mes de 2018 y la cual se debió principalmente a un descenso en la producción y los precios internacionales del petróleo. Se trata de la más fuerte contracción de los ingresos desde enero de 2009, año en el que la crisis financiera internacional provocó una recesión en México.

En medio de esta sucesión de reportes, de los cuales acusaron recibo los hipersensibles mercados financieros, el Banco de México (Banxico) ajustó a la baja su proyección de crecimiento de la economía para 2019 y la ubicó en un rango promedio de 1.6%, que es menor en 0.6 puntos porcentuales a la estimación previa.

Este recorte de expectativas no es un dato aislado, forma parte de un consenso. El miércoles 6, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) rebajó en medio punto porcentual el pronóstico de crecimiento en México: de 2.5% –que dio hace cuatro meses– a 2.0%.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), organismos financieros y analistas económicos coinciden en que México crecerá este año menos de lo esperado a finales de 2018. Esa reducción en las expectativas responde, dicen, a factores externos y a las políticas públicas del gobierno de López Obrador.

En el plano internacional, se prevé una expansión más débil de la economía global y un crecimiento más moderado de la poderosa economía china. Es probable que eso impacte el precio de materias primas, como el petróleo.

También persiste la incertidumbre por el rumbo que puedan tomar las tensiones comerciales entre Washington y Beijing, y por las mayores restricciones que tendría el acceso al financiamiento para economías emergentes.

Para el exsecretario de Economía Eduardo Sojo es un hecho que los factores internacionales influyen en la reducción de las expectativas de crecimiento; no obstante, él cree que los ajustes a la baja en los pronósticos “tienen que ver mucho más con lo interno que con lo externo”.

Sojo, quien hoy es director del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), considera que estos últimos meses han sido más bien negativos y enumera los factores: el desabasto de gasolina, la “tardía” reacción del gobierno ante el cierre de vías férreas por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Michoacán, la cancelación de obras del aeropuerto de Texcoco, la falta de estudios de viabilidad de proyectos, como el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas, así como la preferencia que tiene esta administración por el gasto corriente, no el de inversión”.

Para quien fuera coordinador del gabinete económico de Vicente Fox (2000-2006), “tampoco es buena señal que se asignen obras al Ejército en vez de licitarlas”.

–México tiene 30 años enviando a los inversionistas “buenas señales” y eso no le ha dado al país ni crecimiento económico ni desarrollo social. ¿No es lógico que López Obrador quiera cambiar el modelo de desarrollo? –se le plantea a Sojo.

 –Yo estoy totalmente de acuerdo en cambiar el modelo. Sin duda que nuestro país, con tan mala distribución del ingreso, requiere un modelo diferente, mucho más solidario. Y creo que López Obrador está en lo correcto al tener un proyecto mucho más basado en la igualdad para lograr un país más justo. Pero lo que se está viendo en materia económica no ayuda a ese objetivo.

La inversión, determinante 

Eduardo Sojo plantea que la clave para crecer a altas tasas es la inversión, tanto pública como privada.  

Explica que el gobierno carece de los recursos para invertir más y que la misma Secretaría de Hacienda reconoce que la inversión pública en relación al Producto Interno Bruto (PIB) es muy baja, de apenas 3%.

Pero en vez de aumentar, “seguirá bajando” porque el presupuesto federal se está orientando a financiar los programas sociales, y eso es gasto corriente, no de inversión, indica el doctor en economía de la Universidad de Pennsylvania.

También el rescate financiero de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) requerirán una enorme inyección de recursos públicos que limitará la capacidad de inversión del gobierno. 

“Si tienes una inversión pública a la baja –agrega– y lo que te puede sustituir a la inversión pública es la inversión privada, y no la estás fomentando, lo que podría pasar es que la inversión se te caiga más y que el mediocre crecimiento que hemos tenido se vaya más para abajo.”

El crecimiento de la economía mexicana entre los cincuenta y los setenta, que fue de 6.5% en promedio cada año, estuvo acompañado de una expansión de la inversión a tasas anuales de ocho puntos porcentuales. 

En los últimos nueve años, la inversión en México ha promediado 22.2% del PIB, mientras que en los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) fue del 27%.

En ese periodo, la economía mexicana creció 2.3% cada año, mientras que en los BRICS fue de 4.4%; casi el doble.

Sojo plantea que si López Obrador quiere lograr una expansión anual de 4%, como lo prometió durante la campaña electoral, el país deberá llegar a tasas de inversión de entre 25 y 27% del PIB, para lo cual “tiene que hacer las cosas de manera diferente”.

Y eso significa “dar reglas claras y certidumbre” a los empresarios y elevar la recaudación del gobierno a través de una reforma fiscal que debería presentar al Congreso “lo más pronto posible”. 

 De esta manera, la inversión privada podría subir a 20 puntos porcentuales del PIB y la pública a 5% del PIB. Este último porcentaje es la meta de López Obrador.

En caso de que eso no ocurra, dice Sojo, el “ridículo” crecimiento que ha tenido la economía mexicana durante el periodo que López Obrador llama “neoliberal” y que comenzó en toda profundidad con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), “se va a ir en este sexenio todavía más para abajo”.

–En los sexenios anteriores los empresarios han tenido reglas claras y certidumbre, pero eso no ha aumentado la inversión privada ni ha fomentado el crecimiento, se le insiste al entrevistado. 

–Sí. Es cierto. A los empresarios se les han dado todas las señales y tenemos todavía crecimientos muy raquíticos. Los estudiosos del tema lo atribuyen a que tenemos un sector informal gigantesco. El 56.6% de los ocupados en México está en el sector informal. En el sureste este porcentaje llega a 80%. Y en ese sector la inversión no es productiva. 

 Sojo acepta que durante los ocho años en que fue jefe del gabinete económico de Fox y secretario de Economía de Calderón, el crecimiento de México fue igualmente “raquítico”, lo cual hubiera podido ser diferente si se hubieran hecho en esos sexenios reformas estructurales, como la fiscal y la energética.   

“La autocrítica es no haber hecho esas reformas a tiempo”, asegura, y dice que si bien la economía no ha tenido expansión en los sexenios anteriores, sí ha tenido estabilidad.

Pero señala que la estabilidad, por sí sola, no sirve para atacar la pobreza, la cual permanece como uno de los principales lastres de México. 

Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indican que mientras la región logró reducir el porcentaje de pobreza 20 puntos en las últimas tres décadas, en México ese indicador permaneció inalterable. Esto significa que, en materia social, el país lleva 30 años de estancamiento.

Durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) la pobreza aumentó 5.4 puntos (llegó a 37.1%) y la pobreza extrema creció 65%. En 2014, ya en el gobierno de Enrique Peña Nieto, el 16.3% de los mexicanos eran extremadamente pobres, casi el mismo porcentaje que dos décadas antes (16.8%), según cifras de la Cepal.

Sojo insiste en que todos los gobiernos se han propuesto un alto crecimiento del PIB para tener mejores resultados sociales, pero no lo han logrado porque los niveles de inversión pública y privada no dan para eso.

“Y lo que veo en este sexenio es que no va a aumentar la inversión con los cambios que se quieren hacer a la reforma energética. Las medidas que está tomando el presidente no ayudan a impulsar la inversión pública y privada”, asegura.

Puntos rojos 

Sojo, quien fue presidente de la junta de gobierno del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), puntualiza que los datos económicos de los primeros 100 días de López Obrador “no presentan ninguna señal de alarma, pero sí hay puntos rojos”.

Entre éstos menciona el aumento del índice de riesgo país, que está en 216 puntos base, el triple del mínimo histórico que se registró en 2007, lo que le encarece el crédito internacional a México.

Sojo destaca un hecho que le parece novedoso en México: que a pesar de las señales de desaceleración económica y de las alertas de los analistas financieros, la confianza del consumidor que miden el Banco de México y el Inegi está por lo alto. En febrero pasado se ubicó en 48.8 puntos, un nivel histórico que es mayor en 13.8 unidades del mismo mes de 2018. 

Y el número de mexicanos que cree que la situación económica estará mejor dentro de 12 meses casi se duplicó en el último año y llegó a 56.6 puntos; una cifra récord.

La confianza que muestran los mexicanos en el futuro de la economía está en línea con la alta popularidad de López Obrador, quien en todos los sondeos aparece con una aprobación superior a 60%.

Para Sojo, hay “una disonancia” entre lo que está pensando la sociedad en general y lo que observan los analistas y los organismos financieros multilaterales.

El FMI, el Banco Mundial, la agencia Moody’s y los bancos Goldman Sachs, Citibanamex y Bank of América redujeron en las últimas semanas hasta en un punto porcentual sus proyecciones de crecimiento de la economía mexicana para este año. 

En promedio, esperan que el PIB de México tenga una expansión de apenas 1.5% en 2019, cifra que está muy por abajo del 4% anual que prometió López Obrador.

En medio de la sucesión de ajustes a la baja de las proyecciones económicas, la agencia Standard & Poor’s (S&P) redujo la perspectiva de las notas crediticias de México de “estable” a “negativa” por el proyecto del gobierno para reducir la inversión privada en el sector energético. Esto, según S&P, afectará la confianza de los inversionistas en el país y aumentará la precariedad financiera de Pemex. 

La agencia Fitch ya había reducido la calificación crediticia de la petrolera estatal el 30 de enero.

Dos semanas después, López Obrador anunció un paquete de inyección de recursos a Pemex por 5 mil 600 millones de dólares que, según las agencias calificadoras, no resuelve el problema financiero de la empresa y deja al gobierno con menos recursos para invertir.

Pero Sojo considera que López Obrador también ha dado “muy buenas señales” en materia de políticas públicas. Entre ellas, menciona el combate a la corrupción, la preocupación del presidente por el desarrollo del sureste mexicano, la clara decisión de abatir la pobreza, el programa de becas a jóvenes para que se capaciten y la pensión universal para adultos mayores.

“Lo que vamos a tener que hacer –dice– es ir viendo los números y los resultados de esas políticas.”