Camino a la recesión

“Creo que vamos encaminados hacia una recesión en la primera mitad del año”, señala Francisco Suárez Dávila, exsubsecretario de Hacienda. “No tengo duda respecto al primer trimestre”, sostiene.

Y enumera: “La producción industrial va para abajo, en menos 2.5%. La industria extractiva –que incluye minería– también va a la baja; el petróleo, en caída libre, anda en una producción de un millón 680 mil barriles diarios, pero va rápido hacia el millón 500 mil barriles. La industria de la construcción se está cayendo de manera muy importante, según cifras oficiales de diciembre y enero. El consumo medio se mantenía, pero desde mitad de enero otra vez anda mal. Las importaciones siguen desacelerándose…

“Entonces”, resume, “estimo recesión en el primer semestre”. 

A ello agrega que el gasto público ha caído 20% debido a “parálisis del gobierno federal, incertidumbres, despido desorganizado de servidores público, baja sustancial a los sueldos de los mismos, cancelación de sus prestaciones…”

A su juicio “esto puede significar que tengas un primer trimestre de muy bajo crecimiento, puede ser de menos de uno, yo pondría entre uno y menos uno, o entre más uno, cero o menos uno. Y el segundo trimestre, pues a lo mejor la gente se va a espantar más, y a lo mejor otro segundo trimestre bajo. Dos trimestres de baja en la actividad económica, dos trimestres de disminución del PIB… sólo pueden tener un nombre: recesión”.

Ante ese panorama se pregunta: “¿Qué va a hacer el nuevo gobierno? ¿Qué van a hacer sus funcionarios en junio? ¿Cómo ajustan? Esa es la pregunta. Tendrán que reconocer que algo no están haciendo bien”.

Ex embajador en Canadá, exrepresentante de México ante la OCDE y subsecretario de Hacienda en las gestiones de Jesús Silva Herzog y Gustavo Petricioli –en los ochenta, los años de la crisis de la deuda–, Suárez Dávila afirma que el de Andrés Manuel López Obrador es un “gobierno de claros y oscuros y no exento de los tintes neoliberales que tanto critica”.

Cree el entrevistado que, en efecto, el país necesitaba una transformación. “No podíamos continuar con más de lo mismo, con la trilogía dogmática liberal: estabilidad, finanzas públicas sanas, apertura comercial”. Ese dogma, dice, “nunca nos funcionó; nos entrampó en el ‘estancamiento estabilizador’: estabilidad de precios sin crecimiento o crecimiento mediocre, durante décadas, de 2%.”

Sin embargo, dice el también exrepresentante de México ante el FMI, “hay que tener cuidado en la manera en que se define el sentido de la transformación para que efectivamente se logre un avance en el bienestar de la gente y no un retroceso”.

Agrega: “Un aspecto positivo del nuevo gobierno fue el programa económico federal para este año que se entregó al Congreso, con supuestos económicos razonables y objetivos sanos, de cercanía al equilibrio fiscal, superávit primario, bajo endeudamiento, estabilidad de precios y autonomía del Banco de México”.

Es muy positivo el paquete económico, señala Suárez Dávila, pero paradójicamente “es, esencialmente, la estrategia conservadora que hemos seguido todo el milenio y que AMLO ha criticado”.

Un aspecto negativo del paquete económico es que “no parece privilegiar el crecimiento. En sus 25 proyectos prioritarios y su programa de cien puntos más importantes, se privilegia una estrategia de apoyos sociales con una amplia receta asistencial y formadora de clientelas; persigue una política social y también una política de ampliación de bases de apoyo”.

Pero ésta, de acuerdo con el dos veces diputado federal priista, “no necesariamente representa una estrategia de desarrollo económico articulado, con objetivos precisos, con medios e instrumentos definidos y congruentes. Veremos si eso se logra en el próximo Plan Nacional de Desarrollo”.