25 años: “Arqueología Mexicana”, en el límite

A un cuarto de siglo de haber irrumpido, la revista especializada que dirige la historiadora María Nieves Noriega de Autrey atraviesa por un momento crítico, al igual que todas las pequeñas y medianas empresas editoriales: la posibilidad de que los apoyos estatales se retiren. Al hacer un balance de su trayectoria en cuanto a colaboradores, contenidos y aceptación pública, dice que “con la riqueza cultural que tenemos, debemos contar con una política de Estado”, cuya prioridad sea conservar, difundir y ayudar a incrementar esa riqueza y esperar “que se den las posibilidades de creación y de conservación”.

En medio aún de las celebraciones por los 25 años de su fundación, cumplidos en octubre pasado, la revista Arqueología Mexicana navega en la incertidumbre que los cambios del gobierno de la Cuarta Transformación han causado en el campo cultural, debido a los recortes presupuestales y la falta de una política de Estado.

Al hablar sobre los orígenes de la publicación, sus cambios para adecuarse al mundo actual que demanda la digitalización de contenidos, sus planes a futuro y la forma en la cual abordará el tema del V centenario del encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés, su directora María Nieves Noriega de Autrey apela al gusto del gran público por su pasado prehispánico y a la riqueza arqueológica del país, para demandar que proyectos de este tipo sean reconocidos como una prioridad.

Publicada por Editorial Raíces –que produce también la revista Relatos e Historias–, Arqueología Mexicana se fundó en 1993, cuando el gobierno de Carlos Salinas de Gortari entregó recursos extraordinarios a catorce proyectos especiales de arqueología. Noriega recuerda en entrevista con Proceso que en enero de ese año María Teresa Franco, entonces directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), le habló a su esposo el empresario y promotor cultural Sergio Autrey, dueño de la distribuidora Citem, para proponerle hacer juntos una revista de gran divulgación, con un lenguaje adecuado para el gran público y una distribución masiva.

Se formó un consejo científico en el cual participaron los desaparecidos investigadores Joaquín García-Bárcena, Alejandro Martínez Muriel, Alba Guadalupe Mastache Flores y Enrique Nalda. Se comenzó por difundir los resultados de los proyectos especiales: Teotihuacán, Palenque, Monte Albán, Tenochtitlan, Tajín, entre otros.

“Yo como historiadora, feliz de hacer una revista de divulgación así. Al principio el instituto nos daba todo el material y nosotros vigilábamos la impresión y la distribución, siempre a través de un convenio de coedición, y cada vez fuimos interviniendo más en la hechura de la revista.”

Hoy se cuenta igualmente con un comité científico editorial en el cual intervienen, además de ella y Autrey, Alfredo Barrera Rubio, Ann Cyphers, Leonardo López Luján, Eduardo Matos Moctezuma, Xavier Noguez, Nelly M. Robles García y María Teresa Uriarte, entre otros investigadores, provenientes de instituciones como el INAH, la UNAM, El Colegio de México y El Colegio Mexiquense.

El grupo se reúne una o dos veces al año para discutir los temas que se incluirán en los siguientes números y sugiere a los autores. De esta forma, dice la directora, la pluralidad de voces y el acceso a los lectores están garantizados:

“Creo que el éxito de la revista ha sido la existencia de estos dos mundos: uno el que sabe y otro el público al que le interesa saber. Nosotros somos una línea que trata de poner en contacto a los dos en un lenguaje que le guste al gran público.”

Asegura que en general la gente “vive” la arqueología, por ello la falta de venta no ha sido uno de los problemas de la revista. Tiene un tiraje de alrededor de 40 mil ejemplares. En cambio, el costo de la distribución se ha incrementado desde hace dos años por el alza de la gasolina. Una opción ha sido desde el 2014 la versión digital del impreso, que puede descargarse en la App Kiosko Raíces.

Las suscripciones por ese medio, asegura Noriega, se han ido incrementando, y piensa hacia futuro en la posibilidad de ofrecer los contenidos en todo el mundo, “poder traducir es mi sueño dorado, por lo menos al inglés”. Si bien confiesa que los programas para hacerlo son muy costosos –algunos cobran por cuartilla, otros incluso por caracter–, piensa que quienes están en el campo de las humanidades podrían luchar conjuntamente para “tener la libertad de leernos”.

Prioridad de Estado

Se le pregunta si mantienen el apoyo del INAH y ahora también de la Secretaría de Cultura:

“Generalmente a nadie le gusta hablar de los dineros, siento que es un mundo que no nos gusta abordar a quienes estamos en las humanidades y somos los menos beneficiados de ese mundo. Pero yo sí les platico. De repente se cree que la revista está subsidiada por el dinero del Estado y no. Tenemos un convenio de coedición donde nosotros corremos con todos los gastos: se pagan los artículos, las imágenes, nuestro equipo y la distribución. Y el apoyo del instituto es a través de ese comité científico que nos recomienda a los expertos y nos compra anuncios en la revista.”

Nunca quiso recibir un apoyo económico cuyo valor no pudiera verse en la propia revista, y por ello se dio en los anuncios comerciales que difunden el quehacer del INAH: exposiciones, libros, campañas, o sea, “el apoyo son las tres páginas de publicidad del instituto y de la Secretaría de Cultura”.

Otra entrada es la compra de ejemplares, con descuento masivo por el número de ellos que dichas instituciones hacen para las bibliotecas, pero –insiste– todo es visible, “todo tiene un valor contable y que se transparenta en el equivalente que ellos me dan”.

La editorial por su parte distribuye de manera gratuita todos los números de las revistas a los centros INAH, para que “todos los investigadores a nivel local la tengan”. Y precisa también que todas las colaboraciones son pagadas, sean investigadores del instituto o de otra institución. Sólo los consejeros son honoríficos.

–¿Entonces no es apoyo económico directo? Porque nos preguntábamos ahora que Andrés Manuel López Obrador ya no desea apoyar iniciativas de la sociedad civil, cómo quedarían las revistas Arqueología Mexicana y Relatos e historias, quizá incluso la propia editorial Raíces.

–Andamos en esas –dice mientras ríe, aunque no precisamente de la situación.

“Estamos en un punto donde deben decidir si continuamos con la misma forma de trabajar. Nosotros tenemos todo respaldado con las facturas de la imprenta, no mentimos en la impresión, ni en los anuncios, todo está presentado y hasta ahorita ahí vamos, pero no tenemos la certeza. Y necesitamos tener ciertas certezas antes de entrar a imprenta con el siguiente número porque yo ya no puedo más, ¡porque no es un negocio!

“Ya les presentamos hasta los estados financieros, los números dan cuenta de que, ante cualquier imprevisto, estamos con la medida de flotación en rojos. Y no hay devolución del IVA (Impuesto al Valor Agregado). Ustedes también lo han de estar viviendo, al no haber devolución del IVA, se tarda un poco, no hay capital para seguir con el trabajo y ahora con la no compensación del IVA ¿qué vamos a hacer las pequeñas y medianas empresas? Entiendo que debe haber habido muchísimos abusos, pero a los chiquitos nos ayudaba mucho para poder sobrevivir la compensación del IVA.”

Señala la editora e historiadora que no es sólo el caso de Raíces:

“Todos los editores estamos en la misma situación. Creo que pronto se resolverá, tienen que resolver a más tardar este mes de marzo cómo va a ser el apoyo a las revistas. El nuestro es por publicidad, con los precios autorizados por la Secretaría de Gobernación, con los perfiles de lector presentados, las facturas de prensa enseñadas, qué puntos de venta tienes, etcétera. Y en cuanto a las bibliotecas, pues ahí depende del presupuesto que les asignen.”

–¿Esto ocurre por la falta de una política fiscal para las empresas culturales?

–No sólo de una política fiscal, hemos luchado por mantener las revistas porque un país como México, con la riqueza cultural que tenemos, debe contar con una política de Estado, no fiscal, de Estado. Es decir, debería ser una de las prioridades conservar, difundir y ayudar a que se enriquezca y se den las posibilidades de creación y de conservación.

“Entonces no es sólo que nos protegieran fiscalmente, sino que se viera como una de las prioridades del Estado, del gobierno. Y estar en todos los rubros en educación, turismo, ecología, divulgación, publicaciones. Hay países que no son tan afortunados como nosotros, aquí tenemos una riqueza que daría para mucho más de lo que estamos haciendo.”

Mejores ciudadanos

A lo largo de 25 años la revista ha publicado a más de mil 370 autores en más de 2 mil 496 artículos, con la misión “muy clara” de “divulgar el conocimiento sobre el pasado prehispánico”. En su sitio en internet se dice también que parte de su interés ha sido apoyar el turismo, por lo cual se le pregunta a la directora qué objetivo ha pesado más:

“Con la experiencia de los años, consideramos que el interés por el mundo prehispánico está muy relacionado con la presencia en los sitios arqueológicos. Un niño que va a una zona arqueológica y tiene la posibilidad de sentarse y experimentar lo que allí sucede, será un ciudadano que aprecie su pasado prehispánico.

“Son nuestros tesoros, pero el objetivo no sólo es la visita sino para qué y por qué. Porque tocas la esencia y todo niño mexicano debería tener la oportunidad de ir a una zona arqueológica, visitarla con su familia, poder hablar sobre el tema, y para hacerlo hay muchas referencias en la revista, tiene información fidedigna hecha por los expertos. Entonces, no somos una revista turística, pero sí queremos fomentar que la gente visite y aprecie las zonas, que vea la profundidad y diversidad de nuestro pasado.”

En la actualidad la editorial cuenta con 5 mil puntos de distribución y venta en todo el país y participa en 52 ferias, porque desea estar presente en diversas localidades, aunque tenga un costo elevado, y siempre lleva su colección completa para quien desee adquirir números pasados:

“Si no hiciéramos el esfuerzo de estar a nivel nacional nuestra función no estaría completa. Eso cuesta un montón, más ahora que te cobran por la devolución, hay muchos editores que están en deuda con el distribuidor, está cambiando el mundo de la difusión, pero queremos seguir con el impreso sin dejar los medios digitales.”

Además de la revista bimensual, que lleva ya más de 154 números, cuenta con más de 82 ediciones especiales, entre ellas la de aniversario 25 años de Arqueología Mexicana. Nuestra historia, guías de museos y zonas arqueológicas, libros y videos.

Un aspecto en el cual insiste Noriega es que sus productos no están dirigidos a los arqueólogos o a los especialistas en las disciplinas abordadas, sino a un público tan amplio que lo mismo se compone de estudiantes de niveles básicos como primaria y secundaria, hasta investigadores, pasando por profesores para los cuales es una herramienta.

–¿Qué preparan para el V centenario de la llegada de Cortés? 

–Lo hemos discutido mucho con el comité científico porque está la presión de abordar otra vez a Moctezuma y Cortés y cómo hacerlo, pues luego viene la Noche Triste y la caída de Tenochtitlán. No queremos repetir lo que ya hemos abordado como la ruta de Cortes, que además estará muy presente en otros medios. Entonces reflexionamos sobre nuestra esencia, que es la arqueología. Queremos reflejar quiénes estaban aquí en aquel tiempo, no centrarnos en los mexicas sino en la diversidad étnica y las relaciones, qué estaba pasando en el posclásico tardío en todo el territorio mesoamericano y de frontera Oasisamérica y Aridoamérica.

“Y vendrá también una explicación que ayudará a que conozcamos mejor las culturas prehispánicas; por ejemplo, en el Epiclásico estaban Xochicalco y Cantona, y luego las abandonaron. La zona maya ha estado presente siempre, por eso dicen que tenemos mucho más de maya, y sí, pero nunca nos lo dijeron en el colegio. Luego veremos los pasos que tuvieron que dar los conquistadores.”

Dice finalmente que abordarán también los impactos. Qué sucedió aquí al pasar de la Edad de Piedra a la Edad de Hierro en un día, “eso creó un nuevo universo de la noche a la mañana, ¿qué implicó para las poblaciones de nuestro territorio? Y también el impacto de aquí para Europa.

–¿Otros planes a futuro?

–Pues que nos definan en qué situación continuamos y tener un piso básico para seguir con los proyectos, las ediciones, nuestras antologías con los autores. Tenemos lo más difícil, que es la distribución, y se presta para que ayudemos con ella a muchos más, hacer coediciones o subir sus ediciones y difundir los temas que nos son afines como historia, arqueología, antropología, sociología, y que vayan también enfocados al gran público.

Su sueño, dice, es hacer una revista sobre el presente de la creatividad, pero no podrán solos. Ahora incluso la existencia de Arqueología… depende de Relatos… una sin la otra no sobrevive. Sería mejor si contaran con más ediciones, pero no es tan fácil, es una suma de voluntades y un poco de recursos, tiene que ver esencialmente con el interés de las instituciones del Estado.

–El diputado Sergio Mayer ha propuesto una ley para la industria creativa. ¿Es una salida o sólo deben continuar los apoyos tangibles?

–Las leyes siempre ayudan, pero si no se aplican y no hay parámetros de castigo, vamos a seguir viviendo en un país ideal, que no existe. Creo que hubo muchísimos abusos en muchos sectores y es muy bueno que se pongan las reglas del juego para todos y que todo mundo hable con la verdad y presente los datos verdaderos, eso ayudará. Y el que haya una presión sobre el apoyo a la cultura es fundamental, pero yo sí creo que el porcentaje que se da al sector cultural es menor respecto de nuestro patrimonio cultural. Y no digamos las capacidades culturales que tenemos.