“Las cosas de Ana” cuenta… la historia de Ana

En Las cosas de Ana, escrita y dirigida por Javier Malpica, se hablan temas difíciles de manera muy ingeniosa. Se cambia el punto de vista, y la perspectiva nos lleva a ver la historia desde los objetos que se encuentran en una bolsa.

Los actores interpretan a los diferentes utensilios y le imprimen un carácter distintivo: la bolsa de Ana, una roja manzana, el celular, su cartera, sus anteojos y un habitante peligroso que llegará después.

Cada objeto tiene su propio significado, y además su personalidad, y el saxofón de Antonio Camacho lo enfatiza. La interacción entre los personajes es dinámica y congruente en relación a lo que significa ser precisamente ese objeto y cómo se relaciona con la portadora y sus compañeros. Ana también se hará presente y dará un giro a la historia.

El espacio escénico, diseñado por Patricia Gutiérrez, al igual que la iluminación, es el interior de una bolsa y un zíper de fondo nos lo indica.  Los personajes se mueven al ritmo que impone Ana, y si bien hay momentos individuales de expresión, muchos otros se realizan en colectivo dado el ir y venir de la bolsa. Las coreografías se entrelazan con rompimientos y cortes intempestivos, cuando un acontecimiento mayor sucede allá afuera.

Es significativo el impacto en el espectador al ver objetos al arbitrio de su dueña, y a su dueña bajo el dominio de ese hombre ausente que conocemos por lo que el celular y los anteojos cuentan. El espectador va armando el rompecabezas de quién es Ana y lo que le está pasando. El rigor de la perspectiva de cada objeto funciona de maravilla y la tensión dramática va in crescendo.

Ana corre peligro al estar involucrada en una cadena de corrupción y tráfico de personas y su pareja la quiere traicionar. La problemática se nos devela poco a poco y vamos entendiendo cómo ella, frente a la gravedad de la situación, ha decidido tomar cartas en el asunto.

Las cosas de Ana ejemplifica, a través de la farsa y el humor, un problema social de gran envergadura como es la prostitución y la explotación de personas, así como la violencia y el sojuzgamiento que el poder masculino ejercen sobre la protagonista.

Los actores que intervienen realizan bien su trabajo: Gilberto Dávalos, Yara Guerrero, Mario Heras, Erika Pérez, Brenda Sánchez, Armando Solares y Ale Villarruel.

Javier Malpica lleva su texto a escena y logra reflejar las intenciones de la propuesta dramatúrgica, dando cuerpo y vida a los objetos.  

El autor ha abordado en su dramaturgia temáticas sociales, siempre buscando maneras distintas de plasmarlas. Papá está en la Atlántida –con gran resonancia nacional e internacional–, sobre dos niños que migran a los Estados Unidos buscando a su padre; o Si un árbol cae, donde expone la deshumanización que viven las víctimas de la trata de personas.

A partir de Las cosas de Ana se reúnen cuatro compañías en la asociación civil Por el Camino de la Igualdad entre Mujeres y Hombres, para desarrollar propuestas teatrales que muestren problemáticas sociales que urge visibilizar. Las cosas de Ana, que se presenta los martes en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, lo hace de una manera juguetona y sensibiliza a los espectadores para tomar conciencia y reflexionar acerca de los comportamientos patriarcales que se viven en nuestro país.