Nefrólogo del Hospital Infantil denuncia una campaña de desprestigio en su contra

Señor director:

Me resulta imposible plasmar en la frialdad de una cuartilla sentimientos, emociones y reflexiones que ahora me perturban.

Soy médico del Hospital Infantil de México desde 1983. Cuento con las especialidades de Pediatría y Nefrología Pediátrica. Fui jefe del Departamento de Nefrología, Investigador B de la Coordinación de los Institutos Nacionales de Salud, coautor y autor de artículos y capítulos de libros de especialidad, profesor asociado y titular de Nefrología Pediátrica, así como miembro del Comité Académico de Nefrología en el posgrado correspondiente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fui asimismo distinguido con el Premio Nacional de Investigación Clínica “Aarón Sainz”, recerticado en seis ocasiones por el Consejo Mexicano de Nefrología.

Hace seis años me aparté temporalmente del trabajo institucional para avocarme a la práctica privada. Entonces comenzaron ataques incomprensibles a mi persona en redes sociales cuestionando mi ética personal y profesional.

Menosprecié la maledicencia sin fundamento. Sin embargo, la mala fe se hizo calumnia. La honestidad y honorabilidad son mis bienes más preciados; así, mi reputación y buen nombre no me permiten tolerar la difamación de la que soy objeto.

Desconozco los móviles de la inquina que ahora pasa también por mis colegas e incluso por mi familia, llegando al punto de poner en riesgo nuestra integridad física.

Me han recomendado demandar a quienes resulten responsables de esta situación que puede afectar gravemente el prestigio que he ganado con los años, mas siempre he creído que un hombre que insulta es un hombre sin argumentos, y he sostenido, en el tiempo que llevo padeciendo esta infamia, que la verdad se impondrá por su propio peso.

En noviembre de 2018 recibí una invitación para reincorporarme al hospital Infantil de México para alternar las prácticas pública y privada. Por ningún motivo querría que la maledicencia alcanzara también a mi centro de trabajo. 

Son mis pacientes, tanto como mi familia, la razón de mi existencia. El hospital no es un accidente; es una segunda casa a la que amo y debo en gran medida la vida digna que vivo y pretendo transmitir a mis hijos.

No hay mérito en el esfuerzo honrado, menos si se ejerce desde el servicio público, pero admito que sin al apoyo de amigos, pacientes, colegas y personas que, como ustedes, me permiten expresarme públicamente, sería doblemente difícil continuar con este esfuerzo.

Atentamente:

Dr. Benjamín Romero